Traicionada: El Adiós Silencioso

Traicionada: El Adiós Silencioso

Miranda Snow

5.0
calificaciones
599
Vistas
24
Capítulo

Ximena Rojas y Sofía del Valle, la "amiga de la infancia" de mi esposo Ricardo, fuimos secuestradas, y ambas regresamos ¡embarazadas! Ricardo, sin dudar, anunció que el hijo de Sofía era suyo para proteger su reputación. Pero el mío, mi propio hijo, lo tildó de "bastardo", el "resultado" de una humillación que nunca me ocurrió. Grité, le recordé que los secuestradores no me tocaron, que este bebé era nuestro, concebido antes del terrible suceso. Él solo me miró con culpa, pidiéndome que "fuera fuerte" por Sofía, porque ella era "delicada" y no soportaría los chismes. ¿Y yo? ¿Acaso yo sí podía soportar ser la traicionada, la humillada, la que perdió a su hijo por su mentira? Con el corazón destrozado y una amarga lucidez, firmé el divorcio por los dos. Luego, compré la dosis más fuerte de abortivos que pude encontrar. En el taxi, sin pensarlo dos veces, me lo bebí, sintiendo cómo se desvanecía en mi vientre el último lazo que me unía a él. Al llegar a casa, lo vi arrodillado frente a Sofía, besando su vientre abultado, ¡ese mismo vientre que ahora contenía a su supuesto hijo! "¿Por qué compraste medicamentos? ¿Estás enferma?", me preguntó, con una ceguera que me hizo reír amargamente. Sofía, la "delicada", se apresuró a interponerse, afirmando que yo había comprado "medicinas para el embarazo", para "proteger a su bebé". Me acusó de intentar matarla, de arruinar su vida. Ricardo, ajeno a mi dolor, a mi verdad, me miró con decepción, antes de cargar a Sofía y desaparecer. Me di cuenta de que para él ya no existía. En ese instante, en medio del desplome total de mi mundo, me prometí a mí misma que esta vez, me elegiría a mí.

Introducción

Ximena Rojas y Sofía del Valle, la "amiga de la infancia" de mi esposo Ricardo, fuimos secuestradas, y ambas regresamos ¡embarazadas!

Ricardo, sin dudar, anunció que el hijo de Sofía era suyo para proteger su reputación.

Pero el mío, mi propio hijo, lo tildó de "bastardo", el "resultado" de una humillación que nunca me ocurrió.

Grité, le recordé que los secuestradores no me tocaron, que este bebé era nuestro, concebido antes del terrible suceso.

Él solo me miró con culpa, pidiéndome que "fuera fuerte" por Sofía, porque ella era "delicada" y no soportaría los chismes.

¿Y yo? ¿Acaso yo sí podía soportar ser la traicionada, la humillada, la que perdió a su hijo por su mentira?

Con el corazón destrozado y una amarga lucidez, firmé el divorcio por los dos.

Luego, compré la dosis más fuerte de abortivos que pude encontrar.

En el taxi, sin pensarlo dos veces, me lo bebí, sintiendo cómo se desvanecía en mi vientre el último lazo que me unía a él.

Al llegar a casa, lo vi arrodillado frente a Sofía, besando su vientre abultado, ¡ese mismo vientre que ahora contenía a su supuesto hijo!

"¿Por qué compraste medicamentos? ¿Estás enferma?", me preguntó, con una ceguera que me hizo reír amargamente.

Sofía, la "delicada", se apresuró a interponerse, afirmando que yo había comprado "medicinas para el embarazo", para "proteger a su bebé".

Me acusó de intentar matarla, de arruinar su vida.

Ricardo, ajeno a mi dolor, a mi verdad, me miró con decepción, antes de cargar a Sofía y desaparecer.

Me di cuenta de que para él ya no existía.

En ese instante, en medio del desplome total de mi mundo, me prometí a mí misma que esta vez, me elegiría a mí.

Seguir leyendo

Otros libros de Miranda Snow

Ver más
La Curandera Humillada, Venganza

La Curandera Humillada, Venganza

Fantasía

5.0

La música retumbaba en mi pecho, mi prometido, Alejandro, celebraba su milagrosa recuperación en nuestra hacienda. Pero la sonrisa en sus labios no llegaba a sus ojos cuando me miró. "Sofía dice ser una curandera", dijo Alejandro con desprecio, señalando unas macetas con hierbas que yo había cultivado con mi propia sangre para salvarle la vida. "¿Qué son, Sofía? ¿Plantas? ¿Hierbas?", se burlaba. Las cien macetas eran un macabro juego donde debía identificar las tres "milagrosas". Si fallaba, todas arderían en la hoguera. Gritaba que eran "nuestros hijos", creados con mi esencia vital para sanarlo. La multitud se rió ante mi súplica. Luego, con una mueca cruel, Alejandro no solo anunció que si perdía me humillaría públicamente por farsante y me expulsaría de su vida para siempre, sino que ordenó quemar una de "mis" macetas sin siquiera dejarme identificarla. El olor metálico y cobrizo de la sangre llenó el aire cuando fue arrojada a las llamas. Un pequeño corazón latiendo dejó de existir con un último suspiro. La gratitud que Alejandro me había jurado se pudrió en un espectáculo de traición y crueldad. Su hermana, Camila, alimentó su desprecio, y sus invitados, ahora cómplices, coreaban mis acusaban de engaño. Me dolía el alma con un pesar infinito, ¿cómo podía el hombre que amé, al que di mi vida, convertirse en este monstruo? ¿Cómo responder a esta humillación, a estas mentiras a esta traición? Me he desvanecido en el aire, pero no estoy muerta. Regresé, pero el amor ha muerto. Y por mis hijos sobrevivientes, mi venganza será dulce, aunque el precio sea mi propia alma.

Quizás también le guste

Renacer: Una joven deslumbrante

Renacer: Una joven deslumbrante

Kirk Akcay
5.0

Emberly, una científica consagrada de la Federación Imperial, puso fin a sus días tras culminar una investigación crucial. Volvió a la vida, renaciendo como aquella heredera biológica que una vez fue. Pudo haber llevado una existencia desahogada y feliz. Sin embargo, los bebés se confundieron en el hospital y ella fue llevada a casa por otra familia del campo. Más tarde, sus padres adoptivos descubrieron la verdad y la llevaron a su verdadera familia, pero no les agradaba. Su hermana adoptiva, malvada, la odiaba a muerte. La tendieron una trampa y al final, murió entre rejas. Pero en esta nueva vida, se negó a seguir de víctima y juró desquitarse con todos los que le hicieron daño. Solo velaría por quienes de veras la apreciaran, volviendo la espalda a su familia desalmada. En una existencia, conoció la oscuridad y fue humillada hasta el polvo. En otra, se encumbró hasta lo más alto. Esta vez, anhelaba tan solo vivir para sí. Como si se le hubiera activado un resorte interno, de pronto destacó en todo lo que emprendía. Ganó el concurso de matemáticas, encabezó los exámenes de ingreso a la universidad y resolvió una cuestión milenaria... Después, acumuló logros científicos incontables. Quienes antes la calumniaron y despreciaron, ahora lloraban de arrepentimiento y le suplicaban por sus patentes. Ella simplemente se burló de ellos. ¡De ninguna manera! Era una época de privación espiritual, sin embargo, ella se convirtió en objeto de culto para todos. Austin, el heredero de una acaudalada familia de la capital imperial, era de carácter frío y resolutivo. Infundía temor en todo aquel que se cruzaba con él. Sin que nadie lo sospechara, solo tenía ojos para una mujer: Emberly. Nadie sabía que su anhelo por ella crecía con el paso de los días. Ella fue el rayo de luz que iluminó su vida, antes gris y monótona.

La Esposa que no Amo: Una madre para mi hijo

La Esposa que no Amo: Una madre para mi hijo

Lyn.
5.0

-¿Aceptas a esta mujer como tu legítima esposa, para amarla y respetarla, en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, hasta que la muerte los separe? -Sí. Tras la afirmación, se inclinó hacia ella, su rostro a centímetros del suyo retiró el velo, quedando expuesto el rostro de Chiara. Mientras tocaba suavemente su mejilla, su mirada recorrió su rostro y luego su cuerpo, como si estuviera evaluándola. Luego, se inclinó aún más, su aliento cálido en su oído. Ella se puso muy nerviosa, esperando el beso que recibiría de su, ahora, esposo. Pero este parecía antes querer decirle algo. -Solo para que quede claro-susurró con una voz baja, pero cargada de una frialdad cortante, estremeciendo completamente el cuerpo de Chiara por la sorpresa de esa voz fría-eres completamente insignificante para mí. Ella cerró los ojos por un momento, asimilando sus palabras. Cuando los abrió de nuevo, las lágrimas salían de sus ojos, buscando algo en el rostro de su esposo, pero solo había una expresión fría y aquella mirada dura que él le daba. -Yo...-Se había quedado sin hablar, recibiendo aquellas palabras carentes de todo en lugar del beso-. ¿Qué se supone que significa eso? -había hecho todo lo posible porque las palabras salieran claras de su boca. -Ya estamos casados, eso fue lo que se me pidió. Tú tienes un esposo y yo sigo a cargo de mi empresa. -Las palabras resonaron en la iglesia como un eco de hielo. La novia estaba paralizada por la humillación mientras él se alejaba de ella con determinación. Pero justo cuando parecía que la ceremonia seguiría su curso, la puerta de la iglesia se abrió de golpe cuando Davide solo se había alejado unos metros de la novia.

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro