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Me desperté con el incesante murmullo de la televisión y la voz de mi suegra, Doña Carmen, quejándose de la leche. No era un sueño; el calendario marcaba la misma fecha fatídica en que mi vida se había desmoronado. Este día, esta escena, ya la había vivido, hasta la humillación de la maceta robada y el insoportable Jorge defendiendo a su madre ladrona. Cinco años en prisión, abandonada y traicionada por el hombre que amaba, todo por la cleptomanía de mi suegra, una enfermedad que mi familia política se negaba a ver como tal, mientras yo perdía mi vida. Pero esta vez, al mirarme en el espejo, supe que no sería la víctima; la que iría a la cárcel sería ella, lo juro.
Me desperté con el incesante murmullo de la televisión y la voz de mi suegra, Doña Carmen, quejándose de la leche.
No era un sueño; el calendario marcaba la misma fecha fatídica en que mi vida se había desmoronado.
Este día, esta escena, ya la había vivido, hasta la humillación de la maceta robada y el insoportable Jorge defendiendo a su madre ladrona.
Cinco años en prisión, abandonada y traicionada por el hombre que amaba, todo por la cleptomanía de mi suegra, una enfermedad que mi familia política se negaba a ver como tal, mientras yo perdía mi vida.
Pero esta vez, al mirarme en el espejo, supe que no sería la víctima; la que iría a la cárcel sería ella, lo juro.
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Fantasía
Mi hermana Iara murió por insuficiencia renal. Su única esperanza era un trasplante, pero el riñón que necesitaba se lo robaron para dárselo a Pilar Muñoz, la esposa del millonario que años atrás mató a mi mentor. Decidí vengarme. Me convertí en la amante de su esposo, Lázaro, y lo usé para humillarla públicamente en una gala benéfica, donde él gastó una fortuna en un brazalete para mí, ignorándola por completo. La respuesta de Pilar fue salvaje. No solo me mandó a golpear, sino que tomó el collar con las cenizas de mi hermana y las esparció en la calle. "Ups, se me cayó" , se burló. En ese momento, mi mundo se tiñó de rojo. El dolor se convirtió en un odio que me consumió. Cuando pensé que todo estaba perdido, su propio hermano, Heriberto, me rescató. Me dio el poder para transformarme, enviándome lejos para convertirme en alguien intocable. Un año después, regresé como una artista de renombre internacional, lista para la última jugada. Y esta vez, no habría piedad.
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Urban romance
Llegué a la Ciudad de México con el corazón lleno de ilusión. Después de meses chateando en línea, por fin iba a conocer a Ricardo, mi novio, que para mí era un príncipe de la capital, y yo, Sofía, una simple chica de pueblo. Pero al salir del baño en la cafetería, escuché su voz. Una voz llena de burla y desprecio. "La morra es de un pinche pueblo pesquero, ¿te imaginas? Seguro llega oliendo a pescado", dijo Ricardo a sus amigos, riéndose. Sentí un frío que me recorrió la espalda al escuchar cómo me describía como "pobre e ingenua" y que quería "despacharme como un paquete no deseado". La humillación me quemaba por dentro, pero una voz inesperada lo defendió, una voz que no conocía. "No mames, Ricardo. Eso está muy manchado. La chaval cruzó medio país para verte". En ese instante, mi corazón, antes latiendo de emoción, se convirtió en una piedra de furia fría y decidida. Iba a ir a esa cita, pero no para lo que él esperaba. Iba a ir para que no supieran lo que les esperaba.
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Urban romance
La música de la fiesta apenas existía para mí, aunque estaba en medio de todo, una extra en mi propia vida, llevaba un vestido rojo, un pequeño acto de rebeldía. Pero cuando Mateo me vio, su rostro se transformó, y sus palabras heladas, "¡¿Qué demonios traes puesto?!", golpearon como un puñal. "Te dije que no usaras rojo," sentenció, y su madre, Doña Elena, remató con una sonrisa de víbora: "Ella no es Ana." Ahí estaba la verdad que me ahogaba: yo era la sustituta, la mujer sin apellido que solo servía para dar un heredero, jamás la esposa. Sentí que el aire se me iba de los pulmones, la humillación quemaba, y por un instante, me pregunté si había algo de verdad en sus crueles palabras. "Necesito un poco de aire," dije, soltándome de su agarre, y dejé atrás la farsa, porque algo en mí, por fin, se negaba a seguir viviendo así.
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Urban romance
Mi esposa, Sofía del Valle, era mi universo. Por ella, siendo un empresario exitoso, me convertí en un "coder" común, viviendo una vida modesta, ocultando mi imperio, TecnoFuturo S.A. de C.V., para que me amara por quien era, no por mi fortuna. Pero últimamente, Sofía estaba distante, susurraba al teléfono, mencionando a Ricardo, un tipo superficial que siempre me despreció. Me llegó un mensaje del Sr. Montemayor, él, sin saberlo, me había "arreglado" una compañía especial para la noche, una de esas "bellezas" que supuestamente eran de mi "agrado". Fui al club "El Firmamento", un santuario del lujo, donde el destino me tenía preparada la escena más dolorosa: Sofía, mi Sofía, riendo con Ricardo Guzmán, él con un brazo posesivo sobre ella. "Ay, Sofía, neta que no sé qué le ves a ese godínez tuyo", dijo una de sus amigas. "Tú mereces a alguien como Ricardito, un hombre de mundo". Ricardo, con una sonrisa de tiburón, besó su mano, proclamando: "Pronto, Sofi, pronto todo esto será solo un mal recuerdo. Yo me haré cargo de ti. Ese programador de quinta no sabe cómo tratar a una reina como tú". La humillación me quemó. Nuestros ojos se encontraron; su pánico se transformó en desafío. "¿Armando? ¿Qué demonios estás haciendo aquí? ¿Acaso me estás siguiendo?", me espetó como un témpano de hielo. "¿Espiarte? Por favor, Sofía. No te creas tan importante. Tengo asuntos mucho más serios que seguirte por clubes nocturnos", respondí, mientras Ricardo me interrogaba, burlándose de mi supuesta profesión. Una idea monstruosa cruzó mi mente: ¿Sería Sofía, mi esposa, la "compañía" que Montemayor había arreglado? "Se acabó, Sofía. Mañana a primera hora, mi abogado te contactará. Quiero el divorcio", declaré con una voz muerta. Ella me detuvo, sus ojos llenos de lágrimas. "¿Qué es todo esto? No tienes derecho a espiarme". Le dije que tenía una reunión con el señor Montemayor. La risa de Ricardo y sus amigos inundó el lugar. "Montemayor? ¿Tú? Ni en tus sueños más locos. El señor Montemayor no se reúne con... gente como tú". Sofía bajó la mirada, creyéndoles. "Así que eso es lo que piensas de mí. ¿Un mentiroso?", le dije, rogándole una última oportunidad para que confiara. Ella negó. "No puedo, Armando. Te encuentro aquí, con Ricardo... ¡y tú me acusas a mí! Y luego inventas esta historia increíble sobre el señor Montemayor..." "¡No es una historia! ¡Es la maldita verdad!", grité, mientras Ricardo me empujaba. "No, Armando, no te vayas... no así", suplicó ella, con su voz rota, intentando aferrarse a mí. "Ya lo vi todo. Vi cómo te dejabas manosear por este payaso. Vi cómo te reías mientras sus amigos me llamaban 'godínez'. ¡Y lo peor de todo, vi en tus ojos que estabas de acuerdo con ellos! No hay nada más que hablar. Mañana recibirás los papeles del divorcio. Es definitivo". Me solté de su agarre, y un tipo gordo se interpuso, insultándome. El puño gordo vino hacia mí. Lo esquivé, le torcí la muñeca, y su cara se estrelló contra la barra. "¡CRAC!" Se desplomó, inconsciente. "¡Armando! ¿Qué hiciste? ¡Detente!", gritó Sofía horrorizada. Ricardo, pálido, chilló: "¡Seguridad! ¡Agarren a este animal! ¡Mi tío te va a destruir!" Noqueé a los guardias. "Tú", le dije a Ricardo. "Tú eres el siguiente". Sofía se interpuso. "¡Basta, Armando, por favor, basta! ¡Lo vas a matar! Discúlpate, pídele perdón... ¡Van a llamar a la policía!". La aparté. "¿Pedirle perdón a él? ¿Después de todo lo que ha dicho de mí? ¿Después de cómo te ha tocado? Te daré una última oportunidad, Sofía. Elige. O te quedas con este payaso y su mundo de apariencias, o vienes conmigo y descubres la verdad. Pero si eliges quedarte... juro por Dios que nunca más volverás a verme".
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Moderno
Ricardo Mendoza creía tenerlo todo: un puesto envidiable como ingeniero de software, un sueldo de seis cifras y una casa hermosa con su esposa Sofía y su hija Luna. Pero detrás de esa fachada perfecta se escondía un secreto oscuro: Sofía, su esposa, había estado vaciando sus cuentas para financiar la vida parasitaria de su hermano, Miguel, sin importarle las necesidades de su propia familia. El colmo llegó cuando, al intentar pagar la cirugía de cataratas de su madre, Ricardo descubrió que su cuenta estaba en ceros, el dinero había sido transferido a Miguel para uno de sus "negocios" fallidos, mientras Luna era constantemente ignorada y criticada por su propia madre. Una dolorosa verdad se reveló: su hija Luna había sido maltratada emocionalmente, descuidada e incluso encerrada por Sofía y su familia, solo por envidia y egoísmo. Con el corazón roto y una furia fría, Ricardo tomó una decisión radical: iba a desmantelar esa vida de mentiras y recuperar a su hija.
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Urban romance
Acababa de regresar a México después de cinco años, esperando empezar de cero. Pero una llamada de mi examiga de la universidad lo cambió todo: "Ricardo también está aquí". Ese nombre me golpeó como un puñetazo, porque Ricardo no era un exnovio cualquiera; era el hombre que se quedó callado, que me vio caer, mientras su 'amiga de la infancia' me acusaba falsamente de fraude y me expulsaban de la universidad, arruinándome la vida. Cinco años de dolor, de luchar sola en un país extranjero, de reconstruirme desde las cenizas, ¿para qué? ¿Para que él se arrodillara en medio de una fiesta con un anillo de diamantes, como si nada hubiera pasado, como si creyera que podía comprarme o lavarse las manos de su traición? "Sofía Morales, ¿quieres casarte conmigo?" me espetó frente a todos. Mientras los aplausos y vítores resonaban, mi sangre se heló. No podía creer la desfachatez de mi pasado persiguiéndome. En ese momento, solo había una verdad que necesitaba proclamar, no por venganza, sino por la paz de mi alma: él ya no tenía ningún poder sobre mí. El falso cuento de hadas que quería montar se iba a desmoronar justo ahí, frente a sus narices.
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Después de descubrir la más cruel de las traiciones -su esposo en la cama con su propia hermana-, Selene Stone toma una decisión desesperada: vengarse de Lucían acostándose con otro hombre. Pero aquella noche de rabia y deseo termina llevándola a los brazos del hombre menos indicado... Alaric Lancaster, el tío de su esposo. Lo que Selene creyó que sería una noche sin rostro ni nombre se convierte en una cadena imposible de romper. Arrepentida y aterrada por las consecuencias, intenta alejarse y suplicar que todo quede en el olvido. Sin embargo, Alaric no está dispuesto a dejarla escapar tan fácilmente. Marcado por un sentimiento desconocido y obsesivo que Selene ha despertado en él, Alaric está decidido a tenerla, incluso si debe forzarla a seguir a su lado. En medio de chantajes, secretos familiares y pasiones prohibidas, Selene deberá enfrentarse a sus propios límites... y descubrir que, a veces, el verdadero enemigo es aquel que logra encender tu corazón en medio del odio. Traición. Venganza. Deseo prohibido. Y un amor oscuro que nunca debió nacer.
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Durante tres años tranquilos, Cristina fue una paciente ama de casa, solo para ser fríamente descartada por el hombre en quien una vez confió. Luego, él se exhibió con su nueva amante, convirtiéndola en el hazmerreír del pueblo. Liberada, perfeccionó sus talentos largamente ignorados, asombrando al pueblo con un triunfo brillante tras otro. Al descubrir que siempre había sido un tesoro, su arepentido exeposo la buscó y le dijo: "Querida, ¡volvamos a estar juntos!". Con una sonrisa fría, Cristina escupió: "Vete al diablo". Un magnate vestido de seda rodeó su cintura con un brazo y declaró: "Ahora es mi esposa. Guardias, ¡saquen a este tipo de aquí!".
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Sofía está dispuesta a todo por proteger a su amiga Catalina, incluso si eso significa enfrentarse a Harry Meyer, el hombre equivocado... literalmente. En su prisa por impedir una boda que considera un error, termina ante Naven Fort, un poderoso y reservado empresario con un pasado tan misterioso como su mirada. Pero con Naven nadie se equivoca sin consecuencias. Él le ofrece a Sofía una solución inesperada: ayudará a separar a Catalina de Harry, a cambio de que ella se case con él. Veinticuatro horas. Ese es el plazo que Sofía tiene para decidir si firmará un matrimonio por contrato con un completo desconocido. Lo que empieza como un trato frío pronto se transforma en una convivencia cargada de tensión, química y secretos. Todo se complica con la llegada de la exnovia de Naven, una mujer decidida a recuperar lo que cree suyo. Entre verdades ocultas y malentendidos, Sofía empieza a preguntarse si su bondad la está condenando... o si, en medio del caos, podría encontrar el amor real.
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Ivy Rosalía Jones, una joven y hermosa médica que trabaja en un hospital de los suburbios, está decidida a casarse con un hombre que conoció en una cita a ciegas, a pesar de que él está paralizado. Inicialmente, el matrimonio estaba destinado a ser simbólico, con la intención de que ninguno interfiriera en los asuntos del otro después de la boda. Sin embargo, Ivy nunca esperó que terminaría casándose con el hombre más influyente del mundo. Shawn Dyxon Tate, el esposo de Ivy, no tiene intenciones de dejar ir a su hermosa esposa. Desde que ella entró en su vida, tomó la decisión de consentirla y darle el mundo que nunca tuvo.
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"Yo, Charlotte Jane Attwood de la Manada Luna Carmesí, los rechazo, Knox y Kane Maddox, como mis compañeros y rompo mi vínculo con ustedes y su manada!", recité, con mis ojos llenos de dolor al ver a mis compañeros entrelazados con... ¡Una mujer que no era yo! Sacudí mi cabeza para contener las lágrimas que amenazaban con caer de mis fríos ojos. Me enderecé y esperé que aceptaran mi rechazo. Pero las palabras que salieron de sus labios me dejaron atónita. "Yo, Knox Maddox y Alfa de la Manada Luna Carmesí, me niego a aceptar tu rechazo!", gruñó él. Luego, deslizándose fuera de la cama, desnudo y sin pudor, avanzando hacia mí, mientras la mujer extendida en la cama quedaba olvidada. Kane fue rápido en seguirlo, ambos rodeándome con una pared de músculo y testosterona. "¡Nos perteneces, Lottie!¡Eres nuestra, Lottie! Yo, Kane Maddox, Alfa de la Manada Luna Carmesí, me niego a aceptar tu rechazo". "¡Eres nuestra!", repitió Knox, con la ira reflejada en sus ojos azules. *** Sigue la historia de Charlotte, Knox y Kane mientras intentan encontrar su lugar en un mundo cruel lleno de traiciones, desamor y obsesiones ocultas que amenazan con destruir los lazos de hermandad y amor.
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"Durante su trabajo de medio tiempo en un bar clandestino, Wendy se emborrachó accidentalmente. Cuando se despertó, se dio cuenta de que la habían confundido con una prostituta y que había perdido su virginidad. Después de tener una aventura de una noche con Charlie, un hombre increíblemente guapo, Wendy tiró doscientos dólares para defender su dignidad. Sin embargo, el comportamiento arrogante de Wendy molestó a Charlie, quien, en venganza, volvió a llevarla a la cama. ""¿Qué quieres?"", dijo Wendy molesta. ""Asumir la responsabilidad de lo que te hice"", respondió Charlie sonriente. ""¿Pero cómo?"", Wendy continuó. ""Al seguir acostándome contigo""."


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