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Una Fortuna, Un Futuro Nuevo

Capítulo 4 

Palabras:854    |    Actualizado en: 08/07/2025

l desayuno en silencio, mientras Jorge leía el periódico con una expr

ta me dijo que le recordara la próxima seman

intió, "Qué bu

l nombre del "Lic. Beltrán" en la pantalla del celula

on una voz alegr

¡Qué sorpresa!

ro lado de la línea, su rostro pasó de la confianza a la confusión, y

a vi... ¿un reloj de arena? Tampoco... Sí, solo estábamos mi m

rge estaba pálid

guntó Ximena, fin

ués de que nos fuimos", tartamudeó Jorge, "una pluma Montbla

nos por el pel

si mi mamá...

momento, Doña Carmen entró en la s

temblando de ira y miedo, "¿tú agar

os muy abiertos, la perfecta i

as dices, hijo? ¿Cómo te atreves a i

cosas desaparecieron justo después de q

roba y me quiere echar la culpa a mí!", chilló ella, su voz sub

elo ahora mismo!", exigió J

Carmen, aferrándose a su bols

ectadora en su propio teatro de la venganza, el pánico de Jorge

lo vació sobre la mesa del comedor, y allí, entre un pañuelo usado, unas pastillas para la p

absoluto, roto solo por u

etos como si nunca los h

, con una convicción asombrosa, "¡te di

vió, no dijo nada, solo la miró

sa, que ni siquiera Jorge pudo creerla, miró los objetos robados,

con una voz muerta, "vamos a

y silencioso de la vida de Jorge, Ximena se negó a ir, "es tu madre, Jorg

a, tuvo que enfrentar la mirada fría y decepcionada de Beltrán, tuvo que balbucear una

rito, cuando Jorge salió de la oficina, sabía que su carrera en esa empresa había terminado, no lo

a, los colegas de Jorge lo evitaban, las secretarias susurraban cuando pasaba,

rozado, se sentó en el sofá, con la cabeza entr

tó a su lado,

y en su voz había una nota de fals

a, sus ojos llenos

na, mi carrera, todo...

ella, su voz ahora fría como el hielo, "

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Una Fortuna, Un Futuro Nuevo
Una Fortuna, Un Futuro Nuevo
“Me desperté con el incesante murmullo de la televisión y la voz de mi suegra, Doña Carmen, quejándose de la leche. No era un sueño; el calendario marcaba la misma fecha fatídica en que mi vida se había desmoronado. Este día, esta escena, ya la había vivido, hasta la humillación de la maceta robada y el insoportable Jorge defendiendo a su madre ladrona. Cinco años en prisión, abandonada y traicionada por el hombre que amaba, todo por la cleptomanía de mi suegra, una enfermedad que mi familia política se negaba a ver como tal, mientras yo perdía mi vida. Pero esta vez, al mirarme en el espejo, supe que no sería la víctima; la que iría a la cárcel sería ella, lo juro.”
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