Recuerda:Quien Es La Dueña Verdadera

Recuerda:Quien Es La Dueña Verdadera

Mead Ogawa

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La brisa salada y el sol de la Riviera Maya eran nuestro santuario, el escape perfecto para mi hijo Diego y para mí, Sofía Romero, lejos del ojo público. Pero la paz se hizo pedazos cuando mi exmarido, Ricardo, irrumpió con su nueva pareja, Valentina, una influencer vulgar que de inmediato invadió nuestro espacio. Para mi horror, Ricardo, buscando impresionar a un magnate, Morales, no solo permitió que humillaran a mi Diego, sino que lo empujó a un peligroso salto, llamándolo "cobarde" cuando mi hijo se negó, traicionando cruelmente su confianza. ¿Cómo pudimos llegar a esto? ¿Cómo el hombre que elegí, el padre de mi hijo, podía vender el alma de nuestro niño por un vulgar contrato, mientras Valentina y sus secuaces se regodeaban en nuestra miseria? Pero lo que no sabían es que esa humillación fue la gota que derramó el vaso. Mi mano, aparentemente inocente en mi muñeca, activó una fuerza dormida. Mi corazón de madre, pisoteado y afligido, estaba a punto de desatar una tormenta que nadie en ese vulgar circo olvidaría jamás.

Introducción

La brisa salada y el sol de la Riviera Maya eran nuestro santuario, el escape perfecto para mi hijo Diego y para mí, Sofía Romero, lejos del ojo público.

Pero la paz se hizo pedazos cuando mi exmarido, Ricardo, irrumpió con su nueva pareja, Valentina, una influencer vulgar que de inmediato invadió nuestro espacio.

Para mi horror, Ricardo, buscando impresionar a un magnate, Morales, no solo permitió que humillaran a mi Diego, sino que lo empujó a un peligroso salto, llamándolo "cobarde" cuando mi hijo se negó, traicionando cruelmente su confianza.

¿Cómo pudimos llegar a esto? ¿Cómo el hombre que elegí, el padre de mi hijo, podía vender el alma de nuestro niño por un vulgar contrato, mientras Valentina y sus secuaces se regodeaban en nuestra miseria?

Pero lo que no sabían es que esa humillación fue la gota que derramó el vaso. Mi mano, aparentemente inocente en mi muñeca, activó una fuerza dormida. Mi corazón de madre, pisoteado y afligido, estaba a punto de desatar una tormenta que nadie en ese vulgar circo olvidaría jamás.

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