Los 7 Años que Me Gastó

Los 7 Años que Me Gastó

Mead Ogawa

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Capítulo

Llevábamos siete años juntos, y durante ese tiempo, entregué cada céntimo de mi sueldo a Mateo para que lo "guardara", confiando ciegamente en nuestro futuro. Cuando me propuso matrimonio, lloré de felicidad, creyendo que por fin mi amor y paciencia habían dado sus frutos, pero mi alegría duró menos de veinticuatro horas. Al día siguiente, me pidió devolver el anillo de compromiso, alegando que era "un gasto innecesario", solo para regalarlo después a Isabel, su amiga de la infancia y heredera de otra gran bodega. La noticia de su boda civil inundó las revistas y destrozó a mi abuelo, su corazón no lo soportó, y de repente necesité con urgencia 15.000 euros para salvarlo. Fui a su fiesta de pedida para pedirle los 80.000 euros que me robó, pero Mateo me humilló públicamente, ordenando a seguridad que me sacaran, mientras mi abuelo, solo, moría en el hospital. ¿Cómo pudo el hombre al que di siete años de mi vida, mi amor y mi dinero, no solo abandonarme y robarme todo, sino reírse en mi cara mientras mi única familia se desvanecía por su avaricia y desprecio? Ahora, sola y sin nada, acepté una oferta de trabajo en Nueva York, pero antes de escapar de mi infierno, debía pasar una última vez por nuestro antiguo piso: a recuperar mi pasaporte y, si era posible, algo de mi cordura.

Introducción

Llevábamos siete años juntos, y durante ese tiempo, entregué cada céntimo de mi sueldo a Mateo para que lo "guardara", confiando ciegamente en nuestro futuro.

Cuando me propuso matrimonio, lloré de felicidad, creyendo que por fin mi amor y paciencia habían dado sus frutos, pero mi alegría duró menos de veinticuatro horas.

Al día siguiente, me pidió devolver el anillo de compromiso, alegando que era "un gasto innecesario", solo para regalarlo después a Isabel, su amiga de la infancia y heredera de otra gran bodega.

La noticia de su boda civil inundó las revistas y destrozó a mi abuelo, su corazón no lo soportó, y de repente necesité con urgencia 15.000 euros para salvarlo.

Fui a su fiesta de pedida para pedirle los 80.000 euros que me robó, pero Mateo me humilló públicamente, ordenando a seguridad que me sacaran, mientras mi abuelo, solo, moría en el hospital.

¿Cómo pudo el hombre al que di siete años de mi vida, mi amor y mi dinero, no solo abandonarme y robarme todo, sino reírse en mi cara mientras mi única familia se desvanecía por su avaricia y desprecio?

Ahora, sola y sin nada, acepté una oferta de trabajo en Nueva York, pero antes de escapar de mi infierno, debía pasar una última vez por nuestro antiguo piso: a recuperar mi pasaporte y, si era posible, algo de mi cordura.

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