Arrepentirías a Ofenderme: El Regreso De La Ceo

Arrepentirías a Ofenderme: El Regreso De La Ceo

Gavin

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Capítulo

Mi nombre es Ximena y construí un imperio de tequila con mis propias manos. Estaba a punto de cerrar el trato más grande de la historia de mi compañía, uno que abriría las puertas de Europa para Tequila Imperio. Pero justo en ese momento, mi esposo Ricardo, el hombre con el que lo construí todo, irrumpió en la sala de juntas con su joven asistente, Sofía, pegada a su brazo. Me humilló frente a mi cliente más importante, me acusó de coquetear y me despidió de la empresa que yo cofundé. La insolencia de su, ahora, amante fue la gota que derramó el vaso: me dijo que ella sería "más complaciente" con mis clientes. La rabia me cegó, le vacié una botella de Tequila Imperio encima y le di una bofetada que resonó en toda la sala. Ricardo me llamó loca, idiota, y me di cuenta de que no veía al hombre que amaba, sino a un completo extraño. Con voz helada, le anuncié que quería el divorcio. Él se paralizó, pero yo no miré atrás. Al día siguiente, un papel sobre mi escritorio anunciaba mi despido, pero Ricardo no sabía que yo tenía el 49% de las acciones. Mi leal director de marketing, Mateo, me informó que Sofía se paseaba por la oficina como la nueva reina, pero yo ya tenía un plan. No iba a permitir que mi exesposo y su amante se quedaran con lo que yo construí. Esto era una guerra, y yo no pensaba perder.

Introducción

Mi nombre es Ximena y construí un imperio de tequila con mis propias manos.

Estaba a punto de cerrar el trato más grande de la historia de mi compañía, uno que abriría las puertas de Europa para Tequila Imperio.

Pero justo en ese momento, mi esposo Ricardo, el hombre con el que lo construí todo, irrumpió en la sala de juntas con su joven asistente, Sofía, pegada a su brazo.

Me humilló frente a mi cliente más importante, me acusó de coquetear y me despidió de la empresa que yo cofundé.

La insolencia de su, ahora, amante fue la gota que derramó el vaso: me dijo que ella sería "más complaciente" con mis clientes.

La rabia me cegó, le vacié una botella de Tequila Imperio encima y le di una bofetada que resonó en toda la sala.

Ricardo me llamó loca, idiota, y me di cuenta de que no veía al hombre que amaba, sino a un completo extraño.

Con voz helada, le anuncié que quería el divorcio.

Él se paralizó, pero yo no miré atrás.

Al día siguiente, un papel sobre mi escritorio anunciaba mi despido, pero Ricardo no sabía que yo tenía el 49% de las acciones.

Mi leal director de marketing, Mateo, me informó que Sofía se paseaba por la oficina como la nueva reina, pero yo ya tenía un plan.

No iba a permitir que mi exesposo y su amante se quedaran con lo que yo construí.

Esto era una guerra, y yo no pensaba perder.

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Cuentos

5.0

"¿Sofía? ¿Has sabido algo de Jorge?" El teléfono no paraba de sonar, una y otra vez, con la misma pregunta, el mismo tono de urgencia de mis suegros y mi padre. Acababa de dar a luz sola, mi pequeña Luna dormía a mi lado, ajena al mundo y al hombre que nos abandonó. Nadie preguntó cómo estaba yo. Solo por Jorge, mi esposo. La noche que todo se rompió, él miraba la televisión, hipnotizado por la noticia: "LAURA VEGA, DESAPARECIDA EN ZONA DE COMBATE". Laura Vega, su ex, su obsesión. Aquella cuya sombra siempre sentí. Sus ojos no me veían, solo a ella. Su decisión fue instantánea, loca: "Tengo que encontrarla", me dijo mientras yo sentía las primeras contracciones. "¿Qué estás diciendo, Jorge? Soy tu esposa, vamos a tener una hija", le supliqué, pero él ya empacaba, ciego, sordo. El dolor se hizo insoportable, la fuente se rompió, el líquido manchó el suelo. "Jorge, estoy de parto", le dije con la voz rota. Me miró, vio el charco. Una fracción de segundo de duda, luego la maleza de su obsesión le cubrió el rostro. "Llama a una ambulancia, Sofía. Estarás bien", dijo, y siguió empacando. Me apoyé en el umbral, el dolor cada vez más fuerte. "Si cruzas esa puerta ahora", mi voz sonó como hielo, "no vuelvas. Para nosotras, estarás muerto." "Cuando vuelva con Laura, lo entenderás", respondió. Y se fue. Se llevó todo: mi paz, mi confianza, y hasta el último centavo de nuestra cuenta conjunta. Me dejó aquí, sola, a punto de parir, para ir tras una fantasía. "¿Cómo pudiste?", chillaron. "¡Es tu esposo! ¡El padre de tu hija!" "Corazón es lo que a él le faltó", les respondí. El circo mediático, las llamadas, el acoso de su familia, la humillación pública... Era demasiado. Me llamaron fría, sin corazón. ¿Yo? ¿Sin corazón? La traición, el desamparo, el miedo me habían endurecido. Pero mi hija, mi Luna, era mi ancla. Y por ella, no iba a sucumbir. No me iba a derrumbar. No iba a suplicar. Iba a pelear. Iba a desmantelar cada parte de la vida que compartíamos. Iba a recuperar lo que era mío. Y él, Jorge, el "héroe", pagaría las consecuencias.

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