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Arrepentirías a Ofenderme: El Regreso De La Ceo

Capítulo 1 

Palabras:703    |    Actualizado en: 03/07/2025

y decidido, el suave chasquido del cierre resonó en la silen

francés con una reputación de ser increíblemente

l agave y su pasión por el tequila son... impresionantes. Ha hec

la Imperio no es solo una bebida, señor Dubois, es el

bía negociado personalmente durante seis meses. Este contrato abriría las puertas de Europa

mar, la puerta de la sala de juntas se abrió de golpe

torbellino, con el rostro rojo de

completo al importante cliente y

y ambiciosa asistente. Se aferraba a su brazo con una familiarida

ros que había decidido ignorar durante semanas, todo cobró sentido en ese instante. La forma

eíblemente calmada, aunque por dentro sentía un terremoto. "

us ojos estaban fijos en Ximena, llenos de

las de la compañía cuando te la pasas coqueteand

l, meticulosa. Miró a Sofía, quien se encogió detrás de Ricardo,

la compostura. "El señor Dubois y yo hemos estado discutiendo l

empre celosa, siempre envidiosa! ¡No soportas que tenga a alguien de

. El señor Dubois se levantó, su rostro

ficiente," dijo el franc

imena, intentó intervenir. "Señor Ricardo,

fía se asomó por detrás de Ricard

a," siseó con desprecio. "Aquí e

dos sin aliento. Ricardo no la corrigió

Miró a su esposo, el hombre con el que había compartido diez años de su

esposa y cofundadora de este imperio?" preguntó Ximena, su voz peligrosamente baja. "Dime, Ricardo,

do, pero la furia, alimentada por la mano de Sofía que a

, Ximena! ¡Lárgat

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Arrepentirías a Ofenderme: El Regreso De La Ceo
Arrepentirías a Ofenderme: El Regreso De La Ceo
“Mi nombre es Ximena y construí un imperio de tequila con mis propias manos. Estaba a punto de cerrar el trato más grande de la historia de mi compañía, uno que abriría las puertas de Europa para Tequila Imperio. Pero justo en ese momento, mi esposo Ricardo, el hombre con el que lo construí todo, irrumpió en la sala de juntas con su joven asistente, Sofía, pegada a su brazo. Me humilló frente a mi cliente más importante, me acusó de coquetear y me despidió de la empresa que yo cofundé. La insolencia de su, ahora, amante fue la gota que derramó el vaso: me dijo que ella sería "más complaciente" con mis clientes. La rabia me cegó, le vacié una botella de Tequila Imperio encima y le di una bofetada que resonó en toda la sala. Ricardo me llamó loca, idiota, y me di cuenta de que no veía al hombre que amaba, sino a un completo extraño. Con voz helada, le anuncié que quería el divorcio. Él se paralizó, pero yo no miré atrás. Al día siguiente, un papel sobre mi escritorio anunciaba mi despido, pero Ricardo no sabía que yo tenía el 49% de las acciones. Mi leal director de marketing, Mateo, me informó que Sofía se paseaba por la oficina como la nueva reina, pero yo ya tenía un plan. No iba a permitir que mi exesposo y su amante se quedaran con lo que yo construí. Esto era una guerra, y yo no pensaba perder.”
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