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Arrepentirías a Ofenderme: El Regreso De La Ceo

Capítulo 4 

Palabras:712    |    Actualizado en: 03/07/2025

na década. Era una mansión moderna, de líneas limpias y grandes ventanales,

barato y excesivamente dulce que intentaba ser sofisti

lianos de Ricardo, había un par de tacones

ia era increíble. No solo en su empr

gruesa alfombra. La puerta del dormitorio principal estaba entr

puerta s

frente a él, usando una de las batas de seda de Ximena. La bata le quedaba grande, pero no lo suficiente como para ocultar

ía. "Esa bruja de tu esposa te causa demasiados

zón, Sofi. Eres un alivio. Con ella todo era trabajo,

gero que sin embargo resonó en

e pánico y culpa. Sofía se cubrió el pecho instintivam

artamudeó Ricardo, como si fuera un

aldad cortante. "¿O ya lo olvidaste? Pare

más patética y predecible del mundo. "Sofía sol

Claro. Y supongo que mi bata de seda tie

ajo de papeles. Los arrojó sobre la cama, justo al lado d

dijo Ximena. "Estos son los papeles del divorcio. Y

los papeles, luego a Ximena, su cerebro luchando

ero, su miedo transformándose

bre la mesa. "Ya era hora de que te dieras cuenta de que no eres suficiente para un hombre como Ricard

estó en mirarla. Mantuvo

que la emplead

Ximena comenzó a quitarse el saco de su traje, doblándolo cuidadosamente y dejándolo sobre una si

veneno. "¿Tú de verdad crees que esto es una

a, invadiendo su

tá aburrido de los banquetes. Eres un capricho, un error. Pero yo... yo soy el banquete com

a sonrisa que no

hora, si me disculpan, tengo una casa que

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Arrepentirías a Ofenderme: El Regreso De La Ceo
Arrepentirías a Ofenderme: El Regreso De La Ceo
“Mi nombre es Ximena y construí un imperio de tequila con mis propias manos. Estaba a punto de cerrar el trato más grande de la historia de mi compañía, uno que abriría las puertas de Europa para Tequila Imperio. Pero justo en ese momento, mi esposo Ricardo, el hombre con el que lo construí todo, irrumpió en la sala de juntas con su joven asistente, Sofía, pegada a su brazo. Me humilló frente a mi cliente más importante, me acusó de coquetear y me despidió de la empresa que yo cofundé. La insolencia de su, ahora, amante fue la gota que derramó el vaso: me dijo que ella sería "más complaciente" con mis clientes. La rabia me cegó, le vacié una botella de Tequila Imperio encima y le di una bofetada que resonó en toda la sala. Ricardo me llamó loca, idiota, y me di cuenta de que no veía al hombre que amaba, sino a un completo extraño. Con voz helada, le anuncié que quería el divorcio. Él se paralizó, pero yo no miré atrás. Al día siguiente, un papel sobre mi escritorio anunciaba mi despido, pero Ricardo no sabía que yo tenía el 49% de las acciones. Mi leal director de marketing, Mateo, me informó que Sofía se paseaba por la oficina como la nueva reina, pero yo ya tenía un plan. No iba a permitir que mi exesposo y su amante se quedaran con lo que yo construí. Esto era una guerra, y yo no pensaba perder.”
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