La Tristeza De Sus Ojos

La Tristeza De Sus Ojos

den1

4.9
calificaciones
124.5K
Vistas
51
Capítulo

"No tener nada, a veces también es tenerlo todo."

Capítulo 1 Prólogo - Capítulo 1

Prólogo

Lo observaba desde una distancia considerable y su tristeza desbordante me impactaba como la primera vez que habíamos intercambiado palabras. Se encontraba solo en un rincón de la cancha de fútbol con los audífonos puestos. Vestía con la misma campera de siempre, los mismos pantalones y las mismas zapatillas. La gente solía burlarse de él cuando lo veían por ser pobre, por casi no tener para el almuerzo, por no tener amigos y por no tener un coche en dónde llegar. Lo que me diferenciaba de todos, era que yo sí quería saber más sobre Aiden. Ansiaba ser su amiga, ser alguien que él llegase a considerar una confidente. Quería ayudarlo porque no me gustaba ver tanta tristeza en una persona. Quería ayudarlo porque, muy en el fondo, sabía que Aiden me gustaba.

Capítulo 1

Emma:

Miré la última necesidad que mamá anotó en la lista, y fui en busca de los tres paquetes de azúcar. Los metí en el carrito y preparé el dinero antes de llegar a la caja.

La fila era enorme, por lo que opté por irme a la siguiente sección: la caja rápida. También estaba llena, pero no tanto como las demás.

Suspiré y me coloqué un mechón de cabello detrás de la oreja. No tenía ganas de esperar a que la gente tuviera su turno, quería ser yo la primera e irme a casa cuanto antes. Era noche de películas con mi prima Kendall, que prácticamente era mi mejor amiga. Había que aprovechar que era fin de semana y, dada la falta de costumbre de levantarme a las seis de la mañana, sentía la urgencia de recostarme en el sofá y no hacer nada más que meterme en la piel de personajes ficticios. Las últimas vacaciones habían sido de mis preferidas, me la había pasado genial rodeada de toda mi familia, pero la libertad de hacer lo que quería se había esfumado hacía una semana, cuando se dio por comenzado el nuevo año escolar.

Aún no podía creer que estuviese en cuarto año de instituto. Era realmente una locura, solo me faltaba este y uno más para irme a la universidad a estudiar una carrera que, para mi decepción, aún no había escogido. No me resultaba muy agradable ponerme a pensar en ello porque, a pesar de que lo que decidiera iba a encaminarme hacia un título universitario, me daba pena pensar que los años se estaban pasando muy rápido y que pronto ya sería una adulta. Podía decir que entendía lo que Peter Pan sentía.

Empecé a revisar mi teléfono para matar el tiempo de aburrimiento que me quedaba. La verdad, tampoco tenía mucho qué hacer en él; no me entretenían mucho los juegos de Play Store, por lo que no tenía ninguno instalado en el celular. Opté por ir a la galería de imágenes y empecé a revisar las fotos que Katherine, mi hermanita pequeña, me enviaba casi todos los días. Le gustaba mucho tomarle fotografías a nuestras mascotas, ella se consideraba una amante de los animales, y a eso sin duda lo había sacado de mí. Era una de las muchas cosas que teníamos en común.

Sonreí cuando vi una captura en la que Toby, nuestro perro de unos dieciocho años (o esa edad es la que creían mis papás que tenía) estaba jugando con sus hijos. Para ser un animalito muy viejo, aún conservaba fuerza en sus patas y mucha energía para ladrar a cada rato y para morder a sus crías de forma juguetona. Estos tampoco eran muy pequeños, ya tenían unos cinco años de vida, pero los tres bebés (porque para mí eran bebés) se comportaban como si fuesen cachorros. No había día en la que no estuvieran escuchándose sus peleas. Lo que no me gustaba de ellos pero sí me asombraba era que, como mamá se levantaba temprano para ir a trabajar, antes de que la alarma sonara, los caninos ya estaban despiertos y con la energía a las cien por ciento. Eso conllevaba a oír ladridos a cada ratito y no me dejaban dormir en paz por tanto ruido. Pero los amaba igual. Me hacían muy feliz.

-Hola -la voz del cajero me sobresaltó y obligó a que levantara la vista de la pantalla. Guardé con torpeza el teléfono y empecé a poner la mercadería del carrito sobre la cinta negra de la caja. Me coloqué de costado y miré de reojo a las personas que estaban detrás de mí. Parecían molestas, y lo comprendía porque yo también me hubiese sentido frustrada si se tardaran tanto en colocar todos los productos sobre la caja. Para colmo, mamá me había mandado a comprar muchas cosas. Suerte que Kendall me esperaba en el auto que el tío Isaac le regaló para su cumpleaños, porque si no yo no iba a poder caminar mucho con tantas bolsas.

-Disculpa, tendrás muchos botones que apretar -me disculpé, sintiéndome mal por el chico.

-No te preocupes, todos los días pasan muchas más personas con muchísimas más cosas de las que tú traes.

Sonreí. Por alguna razón me había puesto nerviosa.

Pero la razón no era nada de otro mundo. Yo sabía cuál era; no estaba acostumbrada a hablar con chicos jóvenes.

Lo observé detenidamente y su cara me resultó familiar. No tardé en deducir que era un compañero mío de clase, uno mayor que yo pero que compartía pocas clases conmigo debido a que había repetido de curso. No recordaba su nombre, pero sabía que era el muchacho del que todos se reían en la escuela. No sabía mucho de él. Es más, el año anterior, cuando aún no íbamos juntos jamás lo había visto, y si lo hice, no lo recordaba en lo absoluto.

Tenía un pequeño moretón debajo del ojo, y cuando notó que miraba justo esa parte, pareció tensarse. Sus ojos se encontraron con los míos y vi algo extraño en ellos, pero no sabía qué era porque no me consideraba una lectora de miradas. Solo podía decir que había algo en ellos que me hacían sentir mal. ¿Estaba triste? Eso parecía. O quizás estaba cansado por el trabajo.

-¿Qué te pasó en el ojo? -pregunté sin querer hacerlo. No sabía si eso fue algún acto nervioso o qué, pero mi instinto decía que tenía que ver con el hueco incómodo de silencio que se había formado y que yo quería hacerlo desaparecer con alguna que otra palabra. Y eso era extraño de mí porque, generalmente, como había dicho, no solía hablar con ningún muchacho. En realidad, tampoco hablaba mucho con las chicas. Me consideraba una persona muy asocial, muy tímida. Me daba miedo expresarme ante las personas y que se terminaran burlando de mí por mostrarme de la manera en que era. Solo sentía que dentro de mi familia podía ser quien yo quisiera, pero afuera me afligía mucho el mundo crítico y cómo las personas te juzgaban por la apariencia.

-Me golpeé -respondió y bajó la mirada. Parecía estar incómodo, y no era el único.

-Fue muy de metida, lo lamento -de verdad no tenía por qué meterme en sus problemas. Bueno, tampoco era que me había escabullido en sus dilemas personales, pero no debí divagar nada porque él no me conocía y yo tampoco a él. Tenía que mantener las distancias y no hacerme amiga de alguien que no conocía. Sí, compartíamos matemáticas, literatura y creo que economía juntos, pero no hablé con él en toda la semana como para estar preguntando cosas muy personales.

Me preguntaba si sabía quién era yo. Probablemente no. Se sentaba en la primera fila de la clase y no se volteaba en ningún momento a ver a nadie. Creo que no tenía amigos dentro del cuarto año, y eso podía deberse a que, como era un año mayor que todos, no se sintiera encajado en el ámbito. Quizá sus amistades estaban en el último año.

-No te preocupes -se limitó a responder.

Lo volví a mirar con detenimiento y me di cuenta de que me parecía lindo. Por primera vez me parecía lindo alguien. Bueno, muchos chicos me habían llegado a parecer atractivos, pero sin duda él tenía algo más llamativo que despertaba en mí lo que se le llamaba curiosidad.

Sus ojos eran avellana, el mismo tono de ojos que yo saqué de papá. Su pelo era castaño, un poco más oscuro de que el que yo llevaba. Las facciones de su rostro eran demasiado bonitas y tenía un toque que me daba ternura. Pero lo que no me gustó fue ver en uno de sus movimientos descuidados, un moretón debajo de su cuello.

Otra vez me pregunté qué le había pasado, pero intenté quedarme, con la idea de que su respuesta fue real, por más que parte de mí sabía que no se había golpeado él solo.

-Vamos juntos a clase, ¿verdad? -inquirió, algo tímido.

¿Bonito y tímido? Buena combinación.

-Sí -respondí.

Me sonrió a modo de respuesta y sentí que quería que me siguiera hablando, pero alejé el sentimiento cuando me llegó un mensaje.

Era mamá.

Em, tu padre ya llegó del viaje, está ansioso por verte, mi amor. Vente lo más rápido que puedas.

Guardé el celular otra vez y fui formando una sonrisa en el rostro. Adoraba a papá, y después de casi un mes de no poder verlo por su trabajo, al fin iba a poder abrazarlo. Tenía que admitir que me había tocado el mejor padre del mundo, lo adoraba con todo mi ser a pesar de que a veces me molestaba mucho con él.

Sentí la mirada del chico puesta en mí. Empecé a guardar las cosas en las bolsas y maldije en mi interior por no pedirle a Kend que bajara conmigo a ayudarme a guardar las cosas.

-¿Sueles venir mucho por aquí?

-No tanto -respondí-, generalmente mis papás hacen las compras.

-Ah -asintió.

-¿Hace cuánto trabajas aquí?

-Casi un año y siete meses.

-Bastante -asimilé.

-Sí.

Terminé de guardar las cosas y le pagué lo que correspondía. Esperé a que me diera el vuelto y colgué las bolsas en mis antebrazos. Sabía que, por más que el estacionamiento del supermercado estuviese al lado del gran local, las tiras de las bolsas me iban a dejar marcas en la piel. Estaban bastante pesadas.

-Aquí tienes -dijo. Tomé el dinero y nuestras manos rozaron. Intercambiamos miradas y le sonreí amablemente. Esperaba que me devolviera la sonrisa pero no lo hizo. Fue ahí cuando noté que su rostro, además de amabilidad también expresaba cansancio. De seguro no era fácil estudiar y trabajar a la misma vez. Debe dejarte muy cansado, y más cuando es en un supermercado en el que hay ventas a cada rato.

-Gracias.

-A ti.

-Soy Emma -le tendí la mano y él sopesó por un momento. Mi presentación le extrañaba. A decir verdad, a mí también me extrañaba, no era propio de mí presentarme con nadie porque era una vergonzosa. Después de un momento, el chico estiró el brazo para corresponderme el gesto.

-Soy Aiden.

Seguir leyendo

Otros libros de den1

Ver más

Quizás también le guste

Contrato con el Diablo: Amor en Cadenas

Contrato con el Diablo: Amor en Cadenas

Shu Daxiaojie
5.0

Observé a mi esposo firmar los papeles que pondrían fin a nuestro matrimonio mientras él estaba ocupado enviándole mensajes de texto a la mujer que realmente amaba. Ni siquiera le echó un vistazo al encabezado. Simplemente garabateó esa firma afilada y dentada que había sellado sentencias de muerte para la mitad de la Ciudad de México, arrojó el folder al asiento del copiloto y volvió a tocar la pantalla de su celular. —Listo —dijo, con la voz vacía de toda emoción. Así era Dante Moretti. El Subjefe. Un hombre que podía oler una mentira a un kilómetro de distancia, pero que no podía ver que su esposa acababa de entregarle un acta de anulación disfrazada bajo un montón de aburridos reportes de logística. Durante tres años, limpié la sangre de sus camisas. Salvé la alianza de su familia cuando su ex, Sofía, se fugó con un don nadie. A cambio, él me trataba como si fuera un mueble. Me dejó bajo la lluvia para salvar a Sofía de una uña rota. Me dejó sola en mi cumpleaños para beber champaña en un yate con ella. Incluso me ofreció un vaso de whisky —la bebida favorita de ella—, olvidando que yo despreciaba su sabor. Yo era simplemente un reemplazo. Un fantasma en mi propia casa. Así que dejé de esperar. Quemé nuestro retrato de bodas en la chimenea, dejé mi anillo de platino entre las cenizas y abordé un vuelo de ida a Monterrey. Pensé que por fin era libre. Pensé que había escapado de la jaula. Pero subestimé a Dante. Cuando finalmente abrió ese folder semanas después y se dio cuenta de que había firmado la renuncia a su esposa sin siquiera mirar, El Segador no aceptó la derrota. Incendió el mundo entero para encontrarme, obsesionado con reclamar a la mujer que él mismo ya había desechado.

La esposa despreciada es el genio médico Oráculo

La esposa despreciada es el genio médico Oráculo

SoulCharger
5.0

Llevaba tres años siendo la sombra de Don César, el hombre más poderoso del país, viviendo en una jaula de mármol donde mi único papel era ser la esposa perfecta y sumisa. Aquella noche era nuestro tercer aniversario de bodas; había preparado su cena favorita y lo esperaba con la esperanza de que, por una vez, me viera de verdad. Sin embargo, la realidad me golpeó con una notificación en el móvil: César estaba en el hospital con Rubí, su eterno "amor de infancia", dándole el consuelo que a mí me negaba. Cuando llegó a casa horas después, ni siquiera miró las velas consumidas; simplemente me llamó "marcador de posición" y me recordó que yo solo estaba allí para cuidar su imagen corporativa mientras Rubí se recuperaba para ocupar mi lugar. Soporté sus desprecios mientras él me trataba como a una sirvienta inútil, ignorando que yo había renunciado a mi carrera para ser su paz. Mi propia madre me enviaba mensajes exigiéndome que fuera "útil" para los negocios, tratándome como una moneda de cambio en una familia que solo valoraba el poder y me consideraba una decepción sin educación. Me invadió una furia fría al darme cuenta de que nadie en esa mansión conocía mi verdadero rostro. César no tenía idea de que su "esposa aburrida" era en realidad "El Oráculo", la genio médica que había revolucionado la ciencia a los dieciséis años y que movía los hilos de fortunas globales desde su portátil. ¿Cómo pudo ser tan ciego para despreciar al diamante que tenía en casa por una piedra falsa como Rubí? Esa noche, la mujer que mendigaba amor murió. Firmé los papeles del divorcio, tiré mi anillo de medio millón de dólares a la basura y decidí que era hora de que el mundo conociera al verdadero Oráculo. César pensaba que me estaba desechando, pero pronto descubriría que al echarme de su vida, acababa de perder a la única persona capaz de salvar su imperio de la ruina total.

Embarazada del rival millonario tras divorciarme de un traidor

Embarazada del rival millonario tras divorciarme de un traidor

SoulCharger
5.0

Durante cinco años, viví como la "esposa trofeo" de Brote, sonriendo en galas mientras él se hacía rico robando mis patentes científicas bajo su nombre. Mi genialidad era su secreto mejor guardado, y mi silencio, el precio de una vida de lujos que se sentía como una condena a muerte. Todo se derrumbó la noche de nuestro aniversario, cuando descubrí que Brote no solo me engañaba, sino que conspiraba con la red criminal "Niebla" para borrarme del mapa. La traición fue total: el hombre que juró protegerme había puesto precio a mi cabeza y a la de nuestro hijo no nacido. Fui blanco de ataques químicos, intentos de secuestro y una campaña de difamación que me pintaba como una loca ante la élite de Nueva York. Me vi despojada de mi nombre y perseguida por mercenarios en mi propio laboratorio, mientras la familia de mi marido celebraba mi ruina financiera. No podía comprender cómo permití que me redujeran a un simple "activo", ni qué oscuros hilos movía la organización "Niebla" para anticipar cada uno de mis pasos. El sentimiento de injusticia al ser tratada como una incubadora desechable por aquellos a quienes ayudé a prosperar se convirtió en una furia fría. Pero la rata de laboratorio finalmente mordió. Tras ser rescatada por el implacable Plata Pura, decidí dejar de esconderme tras el beige de la sumisión para resurgir como la Dra. Espina y la misteriosa artista "Tejedora de Estrellas". Ya no busco refugio; voy a quemar su imperio hasta que no queden ni las cenizas.

Capítulo
Leer ahora
Descargar libro
La Tristeza De Sus Ojos
1

Capítulo 1 Prólogo - Capítulo 1

20/02/2021

2

Capítulo 2 Curiosidades

02/03/2021

3

Capítulo 3 Golpes

02/03/2021

4

Capítulo 4 La Clase de Educación Física

02/03/2021

5

Capítulo 5 Compañeros

02/03/2021

6

Capítulo 6 Enfermería

02/03/2021

7

Capítulo 7 Maddie

02/03/2021

8

Capítulo 8 El beso

02/03/2021

9

Capítulo 9 Evaluación Diagnóstica

02/03/2021

10

Capítulo 10 Stalker

02/03/2021

11

Capítulo 11 Molestia

02/03/2021

12

Capítulo 12 La Cancha de Fútbol

02/03/2021

13

Capítulo 13 Emma

02/03/2021

14

Capítulo 14 Tutora

04/03/2021

15

Capítulo 15 Alumno

04/03/2021

16

Capítulo 16 Invitación

04/03/2021

17

Capítulo 17 La Cena

04/03/2021

18

Capítulo 18 Malos Pasos

04/03/2021

19

Capítulo 19 Excusa

04/03/2021

20

Capítulo 20 Celular

04/03/2021

21

Capítulo 21 Lágrimas

05/03/2021

22

Capítulo 22 Suspensión

06/03/2021

23

Capítulo 23 La Tristeza De Sus Ojos

07/03/2021

24

Capítulo 24 Pelea y Perdón

09/03/2021

25

Capítulo 25 Amistad

09/03/2021

26

Capítulo 26 Otro bebé

10/03/2021

27

Capítulo 27 El primer beso

11/03/2021

28

Capítulo 28 Sentimientos

18/03/2021

29

Capítulo 29 Falsos

18/03/2021

30

Capítulo 30 Nuevo amigo

20/03/2021

31

Capítulo 31 Celos y más

23/03/2021

32

Capítulo 32 Cállate y bésame

26/03/2021

33

Capítulo 33 Más que amigos

28/03/2021

34

Chapter 34 La primera cita

02/04/2021

35

Capítulo 35 La fiesta de cumpleaños

08/04/2021

36

Capítulo 36 La charla

13/04/2021

37

Capítulo 37 Quédate conmigo esta noche

15/04/2021

38

Capítulo 38 El robo

17/04/2021

39

Capítulo 39 Viernes

29/04/2021

40

Capítulo 40 Hundimiento

29/04/2021