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Libros de Romance para Mujeres

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El Despertar de la Esposa Ignorada

El Despertar de la Esposa Ignorada

Mi matrimonio de seis años con Mateo era una cárcel helada. Él, siempre de espaldas, yo anhelando un amor que nunca llegó. Para el mundo, éramos la pareja perfecta; para mí, una soledad insoportable. Una noche, esa farsa se desmoronó. Lo encontré en la capilla privada, no rezando, sino besando febrilmente el retrato bizantino de su prima, Isabel. Susurró: "Isabel... mi santa, mi pecado". No me negaba su cuerpo por pureza, sino porque su obsesión era ella. ¡Mi marido era un hipócrita! Pero lo peor estaba por llegar. Isabel, la musa de su locura, no era menos cruel. Humillaciones públicas en la Feria, mi obra maestra artística destrozada a cuchillo. Y él, ¿qué hizo? La protegió. En el hospital, después de que Isabel me agrediera, ¡Mateo autorizó un injerto de mi propia piel para cubrir un rasguño de ella! Y más tarde, al elegir salvarla a ella en una explosión, mi amor, herido desde hace tiempo, finalmente murió. ¿Cómo pude amar a un monstruo así? ¿Qué hice para merecer este desprecio, este abandono total? Me sentía un objeto, despojada de mi dignidad y hasta de mi cuerpo. La rabia, fría y pura, era lo único vivo que quedaba en mí. Basta. Un amor así no me merece. Con el corazón hecho pedazos y la piel marcada, tomé una decisión: lo dejaría, buscaría mi libertad lejos de la jaula dorada y de las mentiras. Encontraría mi propia felicidad, una que no dependiera de la aprobación de nadie. Este infierno, para mí, acababa de terminar.
Bajo el manto de la venganza

Bajo el manto de la venganza

Lucía vivió una vida sencilla, sin lujos ni complicaciones, alejada de todo lo que estuviera relacionado con la riqueza. Desde pequeña, fue criada por Carmen, su madre adoptiva, quien la adoptó después de que su madre biológica falleciera durante el parto. Carmen, una mujer amable pero de recursos limitados, trabajó incansablemente para brindarle a Lucía una vida estable. Juntas vivieron en un pequeño apartamento en las afueras de la ciudad, donde Lucía nunca dejó de soñar con una vida diferente, pero sin saber realmente por qué. Carmen siempre le decía que su madre biológica había sido una mujer especial, pero no le contaba detalles, y Lucía nunca indagó demasiado, aceptando la vida que tenía. Lucía creció ajena a su verdadera identidad, sin saber que su padre biológico, Eduardo León, un poderoso millonario y empresario de renombre, la había mantenido en completo secreto. Eduardo, devastado por la muerte de su esposa, la madre de Lucía, había tomado la decisión de alejarla de la familia y esconderla para protegerla de las amenazas que constantemente rodeaban su vida y su fortuna. Nadie, ni siquiera los miembros más cercanos de la familia de Eduardo, sabía que él tenía una hija. Todo cambia cuando Eduardo León muere repentinamente en un accidente. Lucía, que hasta ese momento vivía una vida modesta y tranquila con Carmen, recibe una carta inesperada de un abogado desconocido, Julián Larios, quien le informa que es la única heredera de la inmensa fortuna de Eduardo, que incluye propiedades, empresas y un imperio de negocios que ella jamás imaginó. Lo que Lucía no sabe es que la razón detrás de esta revelación tiene mucho que ver con la decisión de su padre de ocultarla durante años.
El Circo de la Infidelidad

El Circo de la Infidelidad

El plan era perfecto: un escape soñado a la Riviera Maya para celebrar nuestro primer aniversario. Preparaba mis maletas en nuestra enorme casa de Las Lomas, flotando en una nube de felicidad, hasta que una llamada de Mateo, mi esposo, lo destrozó todo. "Mi amor, no vas a creerlo, surgió una emergencia terrible", dijo, con la voz llena de preocupación, inventando una grotesca mentira sobre la madre muerta que tenía un año de haber fallecido. Revisé Instagram y la verdad me golpeó como un balde de agua fría: una foto de Elena, la joven y guapa niñera, sonriendo con Mateo, él abrazándola por la cintura. La imagen no solo mostraba su traición, sino que revelaba su descaro: estaban en el salón de mi propia casa, celebrando el cumpleaños de ella. Regresé a mi casa y entré en lo que se había convertido en un circo de traición. La música atronaba, risas y brindis de "¡Feliz cumpleaños, Elena!" y "¡Que vivan los novios!" llenaban el aire. Mateo y Elena se besaban apasionadamente en mi sala, mientras la gente vitoreaba. El asco y la furia se apoderaron de mí. Cuando Mateo me vio, su sonrisa se congeló, sus ojos se abrieron desorbitados y su rostro perdió todo el color, soltando a Elena de golpe. Sin decir una palabra, mi mano se estrelló contra su mejilla, el "¡PLAP!" resonó en el silencio que se hizo en la habitación. Elena, que se había escondido detrás de él, soltó un chillido agudo. "¿Qué te pasa, Sofía? ¿Estás loca?", me espetó Mateo, ignorando la niñera que se aferraba a él. Una de las amigas de Elena me dijo: "Es la asistente de Sofía, la diseñadora. Seguro está obsesionada con Mateo y no soporta que él esté con Elena. ¡Qué patética!". Elena, con lágrimas falsas y una maestría en la manipulación, me acusó de acosarla, diciendo ante todos que Mateo y ella llevaban un año juntos. Un año. Hice los cálculos una y otra y otra vez: él me había estado engañando prácticamente desde nuestra luna de miel. Fui humillada, insultada frente a todos, incluso me arrojaron una bebida en la cabeza, empapándome totalmente mi blusa de seda, mientras Mateo se quedaba inmóvil, mudo… cómplice. La rabia se apoderó de mí, lo ignoré y me lancé sobre Elena, jalándole el cabello, golpeándola, gritándole: "¡Esto es por mentirosa y por roba-maridos!". Mateo me empujó con una violencia brutal, caí al suelo, mi mano derecha se estrelló contra una copa de champán y la sangre comenzó a brotar de un corte profundo. Lo miré, con la mano ensangrentada, y le dije: "Yo soy Sofía Rivera. La dueña de esta casa. Legalmente, soy tu esposa. Vas a arrepentirte de esto". Elena se burló, "Mateo me dijo que se estaba divorciando de una vieja loca. No te preocupes, el dinero no puede comprar el amor. Mateo me ama a mí". Caminé por la sala, mi mano herida, y vi a Elena usando uno de mis collares de diseño que me regaló mi madre. El asco me invadió de nuevo. La madre de Elena entró en la casa. Elena corrió hacia ella: "¡Esta mujer loca se metió a la casa! Dice que es la esposa de Mateo". Pero la madre de Elena me miró y balbuceó: "Se… Señora Sofía…", su rostro completamente pálido. Mientras todos estaban distraídos, saqué mi celular y activé la cámara de video. La verdad, como la sangre que brotaba de mi mano, era innegable, y pronto lo sería para todos.
El Peso de ser Heredera Perfecta

El Peso de ser Heredera Perfecta

El día del divorcio de mis padres, la tensión en el juzgado de la Ciudad de México era palpable. Mi hermana, Valeria, ya se veía como la "princesa de Monterrey", lista para la vida de lujos con Isabela Montenegro, la empresaria multimillonaria. Pero yo lo sabía. Había renacido. Y recordaba la escalofriante verdad detrás de la obsesión de Isabela por una "hija perfecta". Su imperio inmobiliario era una fachada para un brutal campo de entrenamiento, donde moldeaba herederas sin escrúpulos. En mi vida anterior, yo fui su elegida, y ese "éxito" me destruyó por dentro. Valeria se lanzó hacia mi padre, Ricardo, con lágrimas fingidas, reclamando su futuro de opulencia. Yo tenía otro plan para escapar de ese infierno. Calculé cada paso, forzando mi caída por una escalera oscura. El crujido de mi brazo al romperse y la sangre cerca de mi ojo fueron mi billete a la libertad. Mi "imperfección" me salvó; Ricardo me descartó con desdén, y Valeria, llena de falso cinismo, creyó que el camino al trono estaba libre para ella. En el hospital, las heridas eran reales, pero la libertad lo era más. Mi cicatriz, mi escudo. Sabía que Valeria, ingenua, no comprendía a la verdadera Isabela: una máquina que devoraba almas, no quería hijas, sino herramientas de negocios. No volvería a caer en esa trampa. Mi único propósito era proteger a mi madre y encontrar la paz. Nos refugiamos en Oaxaca, la tierra de mi madre, y construimos una vida humilde pero llena de arte y tranquilidad. Años después, cuando creía haber escapado, Valeria y Ricardo reaparecieron, demostrando que la ambición de Isabela no había terminado. Consumida por la envidia al haber fracasado como "heredera", Valeria atacó nuestro puesto en el mercado, picahielo en mano, dispuesta a destruirnos. Pero ella no conocía la fuerza oculta de mi linaje. Mi abuela, Doña Consuelo, una matriarca temida y respetada, emergió, desmantelando la locura de Valeria y enviándola a prisión. Esto era solo el principio. Con la justicia en mis ojos y el inquebrantable apoyo de mi familia, mi verdadera guerra contra Isabela Montenegro apenas comenzaba. Voy a desmantelar su imperio, pieza por pieza, hasta que no quede nada.