Beckett Roan
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Libros y Cuentos de Beckett Roan
Mi Vida Perfecta Destrozada
Fantasía Era el chef Miguel Ángel, con un restaurante exitoso en el corazón de la Ciudad de México y lo que creía era una vida perfecta junto a la mujer de mis sueños.
Pero, el día de nuestro aniversario, mi mundo se hizo pedazos cuando descubrí a mi esposa Sofía en la cama con mi asistente, Diego, en un hotel de Cancún que yo mismo había reservado.
Escuché sus risas y susurros, sus planes para usarme, sus burlas sobre mi ingenuidad, mientras me paralizaba en el umbral, sintiendo cómo el frío congelaba mi alma.
¿Cómo pude ser tan ciego? ¿Cómo ella, la mujer que juró amarme, pudo ser tan cruel y calculadora? ¿Y él, mi asistente de confianza, tan traicionero?
Fue entonces cuando el Sistema, una presencia que había ignorado por años, me ofreció un "Nuevo Comienzo", una salida radical de esta pesadilla, y no dudé en aceptar.
Ahora, con 24 horas para desvanecerme, debo enfrentar a Sofía una última vez, y estoy dispuesto a ver arder todo para salir de aquí. Mi Baile, Mi Destino
Moderno El olor a antiséptico y a flores baratas llenaba la habitación del hospital, mientras un reportero hablaba en la televisión sobre un incendio provocado en un viejo tablao del centro.
Isabella, mi prima, estaba sentada junto a mi cama, sosteniendo mi mano con una dulzura que me revolvía el estómago, mientras Marco, mi prometido, ponía una máscara de dolor fingido a su lado.
Pero no fue una caída. Ella me empujó después de que la confronté por robar el diseño de mi vestido que mi abuela me había inspirado en sueños, y luego, con la influencia de su padre, consiguió que la academia me expulsara y me quitara la beca que era mi único sustento.
Luego, en un tablao clandestino donde intenté empezar de cero, un incendio "accidental" me quitó la vida, y entre el humo vi sus sonrisas.
La oscuridad fue total, un vacío sin fin. Pero entonces, una pequeña luz cálida, el amuleto de mi abuela, comenzó a arder contra mi pecho, y de repente, un tirón violento.
Abrí los ojos de golpe, jadeando. Estaba en mi habitación, en mi cama, y mi celular mostraba la fecha: era el día del concurso.
El día en que todo comenzó. Había vuelto.
Lágrimas de furia fría y calculadora brotaron de mis ojos, recordando cada palabra de desprecio de Isabella, cada mirada de decepción de Marco, cada puerta que se me cerró.
Esta vez, no sería la víctima. Esta vez, yo escribiría el final de la historia.
Me vestí rápidamente y fui directamente al taller de vestuario de la academia, donde la encontré a ella, Isabella, con mi vestido en sus manos, sonriendo con el mismo triunfo que vi a través de las llamas.
"Ese vestido no te pertenece", dije, mi voz más profunda, más dura de lo que recordaba.
Su sonrisa se desvaneció. "¡Sofía! Qué susto me diste. Solo estaba... admirando tu trabajo."
"Sé lo que estabas haciendo. Estabas robando mi diseño. Estabas a punto de robar mi futuro. Otra vez."
Ella frunció el ceño. "¿Otra vez? ¿De qué hablas?"
No le respondí. En lugar de eso, levanté la voz, asegurándome de que cualquiera que pasara por el pasillo pudiera oírme. "¡Ladrona! ¡Isabella de la Fuente está intentando robar mi diseño para el Concurso Anual de Flamenco!"
Su rostro palideció mientras otros estudiantes y profesores se asomaban. Este era el escenario, y yo era la directora. No Tengo Más Para Perder
Romance La noticia del romance de Ricardo Vargas, el magnate tequilero, con Sofía, la estrella de telenovelas, acaparaba los titulares.
Lo vi en la tableta que él dejó, y solo apagué la pantalla.
Cinco años de matrimonio, cinco años de amantes pasajeras, me había acostumbrado a ignorarlo.
No podía irme; mi padre, con leucemia, dependía de los recursos de Ricardo para su tratamiento.
Acepté un papel minúsculo como doble de riesgo, una de sus muchas formas de humillarme sin saber que llevaba tres meses de embarazo.
En el set, mientras esperaba para una caída, Sofía se me acercó.
"Esme, qué valiente eres," dijo, "Ricardo me cuenta que harías cualquier cosa por dinero."
Sus dedos, con uñas perfectas, manipularon el cable de mi arnés.
Luego, solo sentí el vacío. Caí.
Un dolor agudo me desgarró el vientre, el líquido caliente escurrió por mis piernas.
Marqué a Ricardo, temblando.
"¿Qué quieres, Esmeralda? Estoy ocupado," dijo con impaciencia, de fondo la risa coqueta de Sofía.
"Ricardo... caí... el bebé..."
Una pausa, luego su cruel carcajada.
"¿Qué nuevo truco es este? ¿Ahora finges un aborto? Madura, Esmeralda."
Sofía tomó el teléfono: "Ricardo está ocupado, ¿te importa si te llama después?"
La llamada se cortó tras un beso y un gemido.
Desperté en un hospital estéril.
"Señora Vargas, ha perdido al bebé," dijo el médico.
En ese instante, una enfermera pálida tartamudeó: "Señorita Ruiz, su padre... se enteró de su accidente..."
Corrí. Él me miró, con tristeza infinita.
"Hija... ya no sufras más por mí..."
Luego, el monitor marcó una línea plana.
Mi padre, mi bebé, y la vida que soñé. Tres vidas por una.
Mi deuda con Ricardo estaba saldada.
Regresé a la casa, sintiéndome vacía; Ricardo entró con el certificado de defunción de mi padre.
"Así el viejo se rindió," dijo con una sonrisa burlona, rompiéndolo, "qué conveniente."
Me ofreció un millón de pesos para que me callara.
Sonreí, una sonrisa vacía.
"Ya no necesito nada de ti, Ricardo."
Su rostro se contrajo de rabia, arrojó el cheque y se fue.
Luego, Mateo, su asistente, ofreció un lugar para mi padre en el mausoleo Vargas.
"Dile a tu jefe que mi padre no necesita su caridad hipócrita," le dije. "Lo enterraré yo misma."
Después, Ricardo me miró con odio: "¿Sabes por qué te odio tanto, Esmeralda? Porque tu padre mató a mi madre."
Me reí. "Estás loco."
Él tomó la urna de mi padre.
"¿Qué te parecería si tu querido papito se une a la fiesta?"
Grité, corrí, pero él me sujetó.
"Te quedarás aquí y me servirás como la criada que eres."
Al día siguiente, Sofía llegó.
"Buenos días, Esme," dijo con una sonrisa triunfante. "Hoy vas a estar muy ocupada."
Tomó el amuleto de jade de mi padre. "Accidentalmente" lo dejó caer.
"Limpia esto," ordenó Ricardo, con un rostro inexpresivo.
Esa noche en el balcón, Sofía dijo: "Sería muy fácil para mí decir que me empujaste."
Ricardo apareció. "¡Asesina! ¿Quieres matarla como tu padre mató a mi madre?"
"Revisa las cámaras, Ricardo," supliqué.
"No necesito ver nada," respondió. "Sé exactamente qué clase de persona eres."
Me dejó sola, temblando.
Mateo susurró: "El señor la ama, su odio es más fuerte."
Al día siguiente, decidí reabrir el caso de mi padre.
Ricardo me llamó: "Prepárate, irás a un set a disculparte con Sofía."
Era una trampa. En el set, tres hombres me atacaron.
Luche, escapé, pero recibí golpes.
Le envié un mensaje: "¿Por qué tanto odio, Ricardo? ¿Por qué?"
Ricardo, al ver mi sangre en el set, corrió al acantilado.
Unos pescadores dijeron que una mujer saltó.
Encontró mi teléfono, lo desbloqueó con la fecha de nuestro aniversario.
Descubrió la verdad: su padre engañó y maltrató a su madre, empujándola al suicidio.
El odio, la mentira. Había destruido a la única mujer que amaba.
Se arrepintió. Sofía fue arrestada.
En mi habitación, encontró mi jazmín y la urna cambiada.
Estaba viva.
Tres meses después, en mi posada, apareció Ricardo.
Me rogó perdón, me confesó su amor, las cicatrices de mi cuerpo y alma eran mi respuesta.
"Esto," señalé mi brazo, "cuando perdí a nuestro hijo."
"Esto," señalé mi corazón, "por mi padre."
Se arrodilló, llorando. Ignoré su súplica.
Esa noche, la pesadilla: Ricardo me ahogaba.
Al día siguiente, su video se hizo viral.
Sofía, desde la cárcel, publicó un video editado mío, difamándome.
En vivo, mostré mis cicatrices.
Ricardo intervino, desenmascaró a Sofía.
Luego, en mi diario, leyó mi depresión, mis pesadillas.
Me pidió perdón y prometió irse.
Lo dejé ir.
Encontré su nota: "Si hubiera sabido que conocerte significaría tanto sufrimiento para ti, habría preferido no haberte conocido nunca." Lina: La Curandera Que Renació de la Traición
Romance Me llamo Lina.
Hace tres años, salvé a Máximo Castillo, el hombre que amaba, y lo ayudé a convertirse en el líder más formidable de la región.
Pero recién parida, débil en mi cama, recibí la noticia más devastadora: Máximo había ordenado la masacre de mi pueblo entero, setenta y dos curanderos, mi familia, bañando con su sangre las buganvillas de su hacienda.
Yolanda, la hermana de su difunta prometida y ahora su amante, con una sonrisa triunfante, reveló que la sangre de mi propio hijo no nacido había sido usada para hacer las flores más rojas, para honrar el espíritu de su hermana.
Mi corazón se hizo pedazos al comprender la magnitud de su crueldad y la profundidad de su traición, una injusticia que me ahogaba más que cualquier dolor físico.
Con mi gente profanada y mi hijo arrebatado, el amor se convirtió en hielo y juro que, de las cenizas de mi desesperación, renaceré para llevar a mis ancestros a su tierra sagrada y encontrar un camino para mí. Le puede gustar
La Sombra de la Envidia
Dong Shengxue El chirrido de las llantas fue lo último que escuché.
Luego, un golpe seco y un dolor que me atravesó antes de la oscuridad total.
Mi último pensamiento: Javier, mi novio, con quien apenas horas antes había compartido nuestra felicidad en redes sociales.
Pero su imagen se mezcló con la cara de Daniela, mi mejor amiga, gritándome por teléfono:
"¡Sofía, eres una tonta! ¿No te das cuenta de que Javier solo juega contigo? ¡Te está engañando!"
Ella me envió un video borroso, un supuesto Javier entrando a un hotel con otra mujer.
Mi mundo se derrumbó.
Sin hablar con él, sin darle oportunidad de explicarse, terminé mi relación, ahogándome en el dolor de una traición orquestada por quien más confiaba.
Días después, Daniela, enfurecida porque Javier ni siquiera la miraba, me atacó.
"¡Si no es mío, no será de nadie, y tú me lo quitaste!"
Fue lo último que gritó antes de acelerar su coche y arrollarme.
Me dejó morir sola en el frío asfalto.
La traición, el dolor, el arrepentimiento… todo se mezcló en un último suspiro.
¿Cómo pude ser tan ingenua?
¿Cómo no vi el odio y la envidia en los ojos de quien consideraba mi hermana?
El engaño fue burdo, pero funcionó con mi mente nublada por la inseguridad.
Sentía una profunda injusticia, una confusión.
¿Por qué yo? ¿Por qué ella?
¿Por qué la vida me arrancó de esa manera?
Y entonces, desperté.
En mi cama, junto a Javier, en el mismo día del anuncio de nuestro noviazgo.
El universo, por alguna razón, me había dado una segunda oportunidad.
Esta vez, no sería la tonta ingenua.
Esta vez, yo tomaría el control de mi destino. La chica de los dos chicos
Flyyy Indara era una chica de Canadá, era huérfana ya que sus papás tuvieron un accidente fatal que terminó con sus muertes y una beba sobreviviente, beba que no tenía familia por lo que se sabía entonces se la dio en adopción.
Al pasar los años ella perdió la esperanza de ser adoptada porque mientras más grande menos te adoptan asique ella esperaba tener la mayoría de edad para irse de ese maldito lugar.
Era una chica sumamente callada y reservada, no tenía amigos ni hablaba con nadie, tanto en el Colegio como en el orfanato.
Hasta que llegaron unos nuevos chicos ala escuela, uno de los hermanos el del medio zack grando estaba con ella en el curso, el tenía un gran interés en hablar con ella, de apoco comienzan una amistad un poco rara.
Pero zack no es el único chico interesado en ella ya que alguien más la a estado viendo de hace un tiempo desde lejos.
De un día para otro llega al orfanato y una gente pregunta por ella, era familia de su madre y después de tanto buscarla habían logrado llegar a ella.
Se notaban una buena y adinerada familia, tenían dos hijos varones que también parecían bastante agradables.
En pocas palabras le explicaron que querían adoptarla y que vendrían por ella.
Indara estaba sumamente feliz por esto que le había pasado, por fin tendría familia y familia de verdad, no una adoptiva.
Pero su familia venia con un propósito, tenían muchos secretos y un legado que ocultar, Indara necesitaría de su ayuda porque algo grande en su vida se avecinaba.
Indara tendría que acostumbrarse no solo a una nueva familia y a un nuevo hogar, se tendría que relacionar con una familia gigante que venía por detrás, por culturas, creencias y sucesos en los cuales ella nunca pensó ni se imagino para ella.
Se acoplará Indara a su nueva vida? A una vida llena de Cosas buenas y malas, uniones y enemistades, lazos y guerras Venganza de La Heredera Modesta
Adolf Dunne El día de mi graduación se suponía que sería el inicio de mis sueños, pero se convirtió en la antesala de mi peor pesadilla.
Mi propia hermana, Isabella, y mi mejor amigo, Mateo, me entregaron regalos envenenados: un amuleto de "buena suerte" y un ramo de flores, solo para que una alerta sobrenatural se materializara ante mis ojos, revelando su cruel complot.
"¡No lo uses, Sofía!", "Tu amigo también es malo", "Perderás tu voz", "La becada triunfará", "Serás internada en un centro psiquiátrico, muriendo en el olvido". Sus sonrisas, antes cálidas, se transformaron en máscaras depredadoras, revelando la traición que se cocía a mis espaldas.
¿Muda? ¿Destrozada? ¿En un psiquiátrico? ¿Por qué esta maldad tan retorcida de quienes decía amar? ¿Y por qué justamente ahora, cuando mi carrera como cantante estaba a punto de despegar?
En ese instante de revelación, con una calma que me sorprendió, supe que no caería en su trampa. El juego de ellos había terminado; ahora iniciaría el mío con la fuerza de un huracán. La Tristeza Del Fantasma
Gu Jian Floto en el aire, una sombra sin peso, y observo la escena que se desarrolla debajo de mí.
Isabella, mi esposa, acuna a un bebé recién nacido en sus brazos, su rostro iluminado por una felicidad que nunca le vi mostrar conmigo, ni siquiera en nuestros mejores momentos. Ricardo, su amante, el hombre por el que me dejó morir, le rodea los hombros con un brazo, sonriendo como un rey. Amigos que una vez fueron míos y familiares que me llamaban "hijo" celebran la llegada de este nuevo niño, el fruto de una traición.
Cada palabra es un eco hueco en mi existencia fantasmal, burlándose de mi memoria. Me tildan de "bailarín bueno para nada", que solo sabía "zapatear y soñar", sin entender lo que una mujer como Isabella necesitaba: "riqueza, seguridad, un hombre de verdad". Ella finge melancolía, preguntándose dónde estaré, mientras Ricardo la consuela, diciendo que si regreso, tendré que arrodillarme y pedir perdón por haberla "abandonado".
¿Pedir perdón yo? ¿Por haber sido traicionado y dejado a mi suerte? La crueldad de sus palabras me deja helado. Recuerdo la noche del accidente: la lluvia torrencial, mi coche derrapando. Descubrí sus mensajes con Ricardo, y ella conducía, tensa. El coche se estrelló. Sentí un dolor agudo, y cuando abrí los ojos, Isabella, ilesa, me miró sangrando sin piedad. Ricardo llegó, y juntos se fueron, dejándome morir en la oscuridad del barranco. Mi alma se desprendió de mi cuerpo en ese instante, condenándome a presenciar su felicidad construida sobre mi muerte.
Isabella jura que Ricardo fue su "salvador", que su amor la "curó", minimizando mis sacrificios: haber vendido mi estudio de baile para pagar su tratamiento cardíaco experimental, la donación de hígado para su padre. Borra cada rastro de mi amor, reescribiendo la historia para ser la víctima y heroína de su propio cuento de hadas, una mentira tan descarada que me inunda una furia impotente.
Pero entonces, algo cambia. Una joven bailaora, Sofía, descubre una vieja grabación de mi última actuación y murmura: "Era un genio... Nadie sabe qué fue de él". Isabella intenta desacreditarme, pero la semilla de la duda ha sido plantada en Sofía. Y en ese instante, siento una extraña calma. Quizás, solo quizás, no estoy solo en esta lucha por la verdad. Mi arte ha sobrevivido, y a través de él, mi legado. Mi alma encontrará la paz, pero primero, la justicia hallará su voz. Y esa voz, siento, podría ser el zapateado de esa joven bailaora. La Maldición De Sangre
Shi Yue El sol tibio en mis manos mientras arrancaba hierbas, el aroma a tierra húmeda y hierbabuena.
Aquí, en mi pequeña casa a las afueras del pueblo, encontraba la única paz que conocía.
Una paz que me fue arrebatada violentamente en otra vida.
Un recuerdo fugaz y amargo me asaltó.
Atada a una cama, con Ramiro, mi esposo forzado, mirándome sin emoción.
A su lado, Catalina, su amante, sonreía con suficiencia.
"Solo un poco más de tu sangre, Sofía" , dijo Catalina.
Mi don, una bendición y maldición, para sanar a Ramiro.
Él me debía la vida, la capacidad de caminar.
Pero cuando Catalina enfermó, no dudó en sacrificarme.
Me desangraron lentamente, transfiriendo mi fuerza vital a ella.
Mi último aliento fue un susurro ahogado, viendo a Ramiro besar a una Catalina revitalizada sobre mi cuerpo agonizante.
Ahora, en esta nueva vida, el destino tenía un retorcido sentido del humor.
Ramiro volvía a estar postrado en una cama.
Su madre, Doña Elena, me suplicaba a diario.
"Sofía, te lo ruego como madre. Mi hijo… se está consumiendo" .
Me levanté, limpiándome la tierra del delantal.
"Ya le he dado mi respuesta, Doña Elena" .
Mi voz era firme.
"¿Por qué tanto odio?" gritó Doña Elena. "¡Ramiro siempre te admiró! Incluso… incluso pensó en casarse contigo" .
Esa mentira casi me hizo perder la compostura.
"Usted y yo sabemos que eso no es verdad" , susurré con voz helada. "Ramiro nunca me vio como nada más que una herramienta. Y yo ya no estoy dispuesta a ser utilizada" .
La rabia surcó su rostro.
"¡Eres una mujer cruel y sin corazón! ¡Dejar morir a un hombre que podrías salvar!"
"¿Salvarlo?" repetí, una sonrisa genuina sin alegría se dibujó en mis labios. "Doña Elena, su hijo no está enfermo por capricho del destino. Está en esa cama por sus propias acciones" .
La confusión la invadió.
"Ramiro está paralizado porque el carruaje en el que intentaba sabotear los frenos para matar a un rival se volcó sobre él. El universo le devolvió el golpe un poco más rápido" .
Su rostro palideció.
Sabiendo la verdad de su hijo, la certeza en mi voz era innegable.
"Créame o no, no cambia mi decisión. No curaré a Ramiro. Busquen ayuda en otro lado" .
Pero el destino, o la ironía, me trajo a la madre de Mateo.
Mateo, el rival de Ramiro, el hombre que Ramiro intentó asesinar.
"Mi hijo… Mateo… lleva meses en cama" , dijo. "Usted es mi última esperanza" .
Lo sentí. La pieza clave del destino. Él Es Un Vampiro
Maferuribe Christopher es multimillonario, lleva una vida de lujos y deseos que puede darse con tan sólo decirlo, sin embargo, él esconde un secreto a su familia; es un adicto a los juegos de apuestas, en las noches cuando tiene tiempo libre, en lugar de irse de fiesta con sus amigos, él prefiere irse a contar con suerte en apuestas en un nuevo casino que han abierto en la ciudad.
Al principio, las cosas marchaban bien para él, él conseguía ganar las apuestas, pero pronto, la suerte dejó de estar de su lado, y el dueño del casino quiere que este le pague su deuda, por tanto, Christopher únicamente tiene 2 opciones; pagar una multimillonaria suma de dinero al dueño del casino para pagar su deuda, o atraverse a vender la virginidad de su hermana al dueño del casino que tanto la desea. Las pastillas del Leteo
Jaguar En Las pastillas del Leteo, la memoria se convierte en territorio movedizo, frágil y a la vez luminoso. La novela sigue la búsqueda íntima de un protagonista que intenta reconstruir aquello que ha perdido en las sombras del olvido, mientras se enfrenta a las huellas emocionales que persisten incluso cuando los recuerdos parecen desvanecerse. Entre cartas, silencios y fragmentos de vidas pasadas, la historia nos conduce a los límites de la identidad y el tiempo.
El relato avanza en planos entrelazados: la vida presente, la evocación de un amor marcado por la ausencia y el misterio que rodea la desaparición de ciertos recuerdos clave. La prosa se despliega con lirismo, densidad emocional y una cadencia que invita a leer despacio, a detenerse, a sentir. Las preguntas sobre quiénes somos cuando recordamos -y quiénes dejamos de ser cuando olvidamos- se vuelven el corazón palpitante de la obra.
Más que una historia lineal, Las pastillas del Leteo es una experiencia sensorial y reflexiva. Interroga nuestros vínculos más profundos, el peso de la pérdida y el deseo humano de recuperar lo que se ha ido. Con una narrativa que fusiona intimidad y misterio, John Solís R. ofrece una obra que acompaña al lector más allá de la última página, dejando la sensación de que hay memorias que no se pueden borrar, incluso después de la muerte.