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Libros de Romance para Mujeres

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El Accidente me Revela que No era Amor

El Accidente me Revela que No era Amor

Creía que nuestra vida en Madrid era sólida, con Mateo a mi lado, conduciendo por la M-30 bajo el monótono zumbido del tráfico. Pero un chirrido de neumáticos y el golpe seco de un accidente lo cambiaron todo inesperadamente. Mi corazón se heló cuando Mateo, sin mirarme, se lanzó hacia el Fiat accidentado de Lucía, su ex, dejándome sola, inmovilizada en nuestro coche. Él la consoló y protegió, ajeno a mi miedo y mi abandono glacial en la concurrida autopista. Al regresar, solo hubo impaciencia en sus ojos, no preocupación, deseando irse y ofreciéndome una "tila" para mis "nervios". Luego intentó "arreglarlo" con regalos vacíos, y cuando le exigí hablar, me llevó a un bar para que Lucía, la víctima de su "ataque de pánico", me pidiera perdón por él, convirtiéndome en la villana celosa. Pero la verdad más amarga llegó en una galería, escuché a sus amigos susurrar: "Sofía fue la tirita perfecta para sacar otro clavo", la sustituta vacía para su obsesión nunca superada por Lucía. Tres años de mi vida, adaptados a él, reducidos a una mera segunda opción para llenar un agujero. La rabia, fría y cristalina, me impulsó hacia él, no a suplicar, sino a desenmascarar la farsa. Con una calma que lo desarmó, le lancé las duras verdades. Y en un acto simbólico de liberación, "accidentalmente" derramé sangría sobre su inmaculada camisa blanca, manchando su perfección y control. "Se acabó, Mateo," declaré, "por ti, porque solo sabes poseer y manipular, nunca amar." Me di la vuelta y me marché, finalmente libre, lista para construir mi propia vida, lejos de su sombra.
La CEO de los Pétalos de Diamante

La CEO de los Pétalos de Diamante

Tras la trágica muerte de su padre en un accidente aéreo, Paris Helmont ve desmoronarse no solo a su familia, sino también el imperio que su padre juró proteger: "Diamonds Helmont", la comercializadora de diamantes más influyente de Nueva York. Como heredera legítima, está decidida a ocupar el lugar que le corresponde, pero el consejo directivo guiado por intereses ocultos desconfía de su liderazgo y nombra sustituto a Andrew Kayser, un joven empresario brillante y ambicioso, galardonado dos veces como ¡Empresario del Año! Paris exige su derecho a dirigir la compañía, y Andrew, con una sonrisa tan encantadora como peligrosa, propone un desafío: "quien logre duplicar las ganancias de la empresa en seis meses obtendrá el puesto de CEO... y el control absoluto del cincuenta y dos por ciento de las acciones." La guerra corporativa se desata. Entre estrategias, alianzas y traiciones, ambos se enfrentan en un juego donde la inteligencia y la pasión se entrelazan peligrosamente. Una noche de copas cruza los límites entre ellos, Paris se entrega al amor sin sospechar que está cayendo en la red de su enemigo. Hasta que un audio revelador le muestra la verdad: la seducción fue parte de un plan meticulosamente diseñado... pero no por Andrew. Detrás de todo se oculta Carl Anderson, el accionista mayoritario y antiguo amigo de la familia Helmont, cuya ambición parece no tener límites. Ahora, Paris deberá decidir si perdonar o vengarse, si recuperar su empresa o destruirla por completo. Porque en el mundo de los diamantes, el brillo más intenso suele esconder la traición más oscura.
El Amor Que Él Olvidó

El Amor Que Él Olvidó

Durante tres años, mi corazón latió con el eco de una pérdida inaceptable, un dolor que casi me consume tras la supuesta "muerte" de Máximo en aquella misión. Un día, una llamada inesperada destrozó el silencio opresivo de mi habitación con una noticia imposible: Máximo estaba vivo, pero había perdido la memoria. Lo encontré en un tranquilo pueblo, con una mujer que no era yo, y lo que es peor, ella esperaba un hijo suyo, mi prometido había construido una vida entera sin recordar la nuestra. Máximo o, como ahora lo llamaban, León, me miró como a una extraña, sus ojos una vez llenos de amor ahora vacíos de todo reconocimiento, y cada gesto de ternura hacia ella me traspasaba el alma. Para proteger su nueva felicidad y la vida que había logrado construir, me tragué mi identidad, mis planes y el futuro que habíamos soñado, asumiendo el papel de una "vieja amiga" en una farsa que lentamente me estaba matando. Cuando él regresó a Sevilla para exigirme el divorcio, mi corazón, ya enfermo y roto, comprendió que mi única salida era una despedida que le daría a él su libertad final. Acepté los papeles, pidiéndole solo quince días, porque sabía que mi muerte sería el único "divorcio" que jamás necesitaría. ¿Podría mi sacrificio, consumado en silencio y amor incondicional, ser el catalizador que finalmente le revelara la devastadora verdad, o estaba condenada a desaparecer sin un solo recuerdo en el hombre que aún amaba con todo mi ser?
Quince Años, Luego Una Foto

Quince Años, Luego Una Foto

Durante quince años, mi esposo Damián y yo éramos el cuento de hadas. Los novios de la prepa que sí la hicieron, el CEO tecnológico y su devota esposa. Nuestra vida era perfecta. Hasta que llegó un mensaje de un número desconocido. Era una foto de la mano de su asistente sobre su muslo, en los pantalones de traje que yo le compré. Después de eso, los mensajes de su amante no pararon, un bombardeo implacable de veneno. Me mandó fotos de ellos en nuestra cama y un video de él prometiéndole que me dejaría. Presumió que estaba embarazada de su hijo. Él llegaba a casa y me besaba, me llamaba su ancla, mientras olía a su perfume. Le estaba comprando un departamento de lujo y planeando su futuro mientras yo fingía tener náuseas por unos ostiones en mal estado. La gota que derramó el vaso llegó el día de mi cumpleaños. Me mandó una foto de él, arrodillado, dándole un anillo de promesa con un diamante. Así que no lloré. En secreto, cambié mi nombre a Esperanza, convertí toda nuestra fortuna en bonos al portador imposibles de rastrear y le dije a una fundación de caridad que vaciara nuestra casa por completo. Al día siguiente, mientras él se dirigía al aeropuerto para un "viaje de negocios" a París con ella, yo volé a La Paz. Cuando regresó a casa, encontró una mansión vacía, los papeles del divorcio y nuestros anillos de boda derretidos en una sola masa deforme de oro.
Esposa Contratada Cedió

Esposa Contratada Cedió

La voz de Damián, helada como siempre, resonaba en el vacío: "Ve y discúlpate con Eva" . Mi corazón se apretó, ¿disculparme por qué? Si no hice nada. Él ni siquiera levantó la vista de sus papeles, y su indiferencia se clavó como una aguja en mi alma. Sus palabras fueron brutales: Eva estaba asustada por una supuesta mirada mía, y para él, ella era intocable, invaluable. Un escalofrío me recorrió: ¿una mirada bastaba para humillarme así? Un dolor agudo me golpeó la cabeza, y recuerdos sangrientos e infernales inundaron mi mente. Recordé esta escena, esta misma humillación, en mi vida anterior, cuando su furia me condenó a un sótano sin comida ni agua. Recordé a Eva sonriendo, ofreciéndome una sopa, ¿y después? El dolor insoportable que me arrebató al hijo que ni siquiera sabía que esperaba. Recordé nuestro aniversario de bodas, la cena a la luz de las velas que nunca compartió porque estaba comprando una isla para el cumpleaños de Eva. Recordé el incendio: mis gritos, su rostro impasible, Eva temblando en sus brazos, mientras yo ardía. El humo me asfixió, el dolor me consumió, y mi último aliento fue un grito de odio y arrepentimiento: ¡si renaciera, jamás volvería a amarlo! Desperté gritando, pálida, temblando. No era una pesadilla. ¡Había renacido! Damián me miró, irritado, como si mi agonía fuera un truco para llamar su atención. Pero al mirarlo, ya no había amor en mis ojos, solo un odio gélido y profundo que venía de mi alma. La oleada de emociones fue demasiado: mis ojos se voltearon y caí inconsciente al suelo. Él ni siquiera se inmutó, solo llamó fríamente a una criada para que me arrastrara fuera de su vista. Desperté sola, abandonada, pero esta vez, la decepción dio paso a una calma extraña, a una fría determinación. El espejo me devolvió a una Ximena demacrada, pero ya no era la misma cobarde. Abrí mi laptop y busqué a Eva, la diosa de sonrisa pura que todos amaban. Y entonces, vi la noticia: "¡Actriz Eva Soler salva valientemente a un niño de un automóvil fuera de control!" . El video mostraba su heroísmo, su pureza, su valentía. Mi sonrisa amarga lo confirmó: ella era perfecta para Damián. Yo, solo un obstáculo, un matrimonio detestado. Él no era incapaz de amar. Simplemente, nunca me amó a mí. Esta vez, no lucharía. No me aferraría a un título vacío. Tomé mi teléfono y le pedí a mi abogado que redactara un acuerdo de divorcio. No quería nada de Damián. Solo quería mi libertad. Él lo firmó sin dudarlo, creyendo que era otro de mis "trucos" . Al recibir el documento, una lágrima rodó por mi mejilla, no de tristeza, sino de puro alivio. Finalmente, era libre.
Amor Ciego: Mi Reina Me Desprecia

Amor Ciego: Mi Reina Me Desprecia

Sofía Romero, la imbatible "reina de la cocina" de Oaxaca, y Ricardo Solís, el temido crítico culinario "El Gourmet Anónimo" de la Ciudad de México, eran, para el mundo, dos astros en órbitas distintas, destinados a nunca chocar. Pero nadie conocía su verdad: llevaban tres años casados en secreto. Durante ese tiempo, Ricardo, una leyenda culinaria, se había transformado en un abnegado esposo hogareño, invisibilizado por el brillo de Sofía, quien lo trataba con una frialdad y desinterés hirientes. El golpe final llegó cuando se dio cuenta de que su esposa lo había usado como un simple "cuidador", un parche temporal para un corazón que siempre había pertenecido a su exnovio músico, Javier. Sofía ignoraba sus atenciones, prefería a Javier, a quien idolatraba, y Ricardo era apenas una sombra en su vida, un asistente personal, un "amigo" con buen gusto para los regalos de su ex. La humillación culminó cuando Sofía, en estado de ebriedad, confesó su amor eterno por Javier frente a todos, dejando a Ricardo en un rincón, invisible y con el corazón destrozado. Al día siguiente, Sofía le pidió que la ayudara a comprar un regalo de aniversario para Javier, y la noche terminó con ella pidiéndole que actuara como escudo humano para proteger a Javier de una turba de fans, resultando en costillas rotas y una conmoción cerebral para Ricardo, mientras ella huía con su "amor". Él era un objeto desechable. Se sentía como el chiste más cruel y patético del mundo. Su sacrificio de tres años, su amor, su devoción... todo se había reducido a eso. Una broma en una fiesta, un obstáculo incómodo en una historia de amor que no era la suya. ¿Quién era él para ella? Un desconocido con el que compartía una casa; un rival, un sirviente, ¿pero nunca su esposo? Exhausto, pero con una fría determinación, Ricardo Solís decidió que era suficiente. Cortaría todo lazo con ella. Para siempre. Pero su partida no sería silenciosa. "El Gourmet Anónimo" regresaría para reclamar lo que era suyo y saldar cuentas con la mujer que lo trató como a un insecto.
Vuelvo al día de cosecha

Vuelvo al día de cosecha

Sofía despertó el día de la fiesta de la vendimia, el día en que su hijo, Mateo, había muerto en su vida anterior. El recuerdo la golpeó con una fuerza aterradora: la negligencia de su esposo, Javier, y la muerte de su pequeño. En su vida pasada, Javier había priorizado sin límites a Isabel, la viuda de su mentor, y a su hija, Valentina. Regalos caros, tratamientos médicos privados para Valentina, mientras Mateo se conformaba con un simple bocadillo de mortadela. La humillación se hizo costumbre: Mateo fue obligado a arrodillarse bajo el sol por una acusación falsa de Valentina. El punto de quiebre fue cuando Javier engañó a Mateo para una transfusión de médula ósea "para salvar a Valentina", debilitando gravemente a su propio hijo. ¿Cómo pudo un padre elegir, una y otra vez, a extraños sobre su propia sangre? ¿Qué clase de amor ciego destruía a su propia familia en nombre de una promesa obsoleta? El corazón de Sofía se rompió al ver a Mateo, su pequeño, abrazar a Leo, un amable médico, y llamarlo "papá" . Mateo rechazaba por completo al hombre que lo trajo al mundo, el mismo que lo había abandonado en sus peores momentos. Javier, ciego, se negaba a aceptar la realidad, convencido de que todo era un berrinche. Pero Sofía ya había tomado una decisión irrevocable. Esta vez, no lloraría ni esperaría. Retiró cada céntimo de sus ahorros, firmó el divorcio y se llevó a su hijo para siempre. ¿Podría Sofía construir un nuevo comienzo, lejos de la sombra de Javier, y encontrar la verdadera felicidad para Mateo y para ella misma?
Traición y Lucha: Un Amor Inesperado

Traición y Lucha: Un Amor Inesperado

El olor a flores marchitas y sudor seco del gimnasio era un recordatorio constante de la ausencia de mis padres, dos leyendas de la lucha libre reducidas a un recuerdo enmarcado. Mientras lidiaba con su trágica y sospechosa muerte, Don Arturo, el presidente de la Federación Nacional de Lucha Libre, me impuso una condición para heredar nuestro Salón de la Fama: debía casarme en tres meses para asegurar la continuidad del linaje. Entonces apareció Ximena "La Venenosa" Vargas, mi prima, la mujer de quien siempre estuve ciegamente enamorado, ofreciéndose para un matrimonio de conveniencia que me permitiera mantener mi herencia. Pero mi esperanza se hizo añicos cuando descubrí su cruel plan: casarse conmigo para apoderarse de todo y luego vivir su amor con mi archirrival, "El Fantasma Negro" , incluso planeando que mis futuros hijos fueran de él y yo solo les diera mi apellido. La rabia fría y cortante me consumió, y por primera vez, el ingenio Ricardo se desvaneció, dando paso a "El Halcón" . Decidí que la farsa había terminado: corté sus gastos ilimitados, revelé su gigantesca deuda y la confronté públicamente, dejando claro que el trato especial se acabó. Justo cuando mis tíos, liderados por el ambicioso "El Buitre" , intentaron despojarme de mis bienes, y Ximena y "El Fantasma Negro" se regodeaban en mi desgracia, una figura inesperada irrumpió en la mansión. Era Isabella Mendoza, mi prometida de un pacto antiguo, quien no solo expuso el amaño de peleas del "Fantasma Negro" , arruinando su carrera, sino que también compró la deuda de Ximena, dejando a ambos desamparados. El impacto fue tan grande que no pude creer que esta mujer, fuerte y decidida, fuera mi prometida. Mi corazón, herido por la traición, encontró una nueva esperanza. El destino me había traído a la mujer que, años atrás, había rescatado de un accidente, revelando que el pacto de nuestros padres era una pieza más en un rompecabezas mucho más grande. Ahora me pregunto, ¿podrá esta unión forzada por el destino sanar las heridas del pasado y forjar un futuro de verdadero amor y poder?