icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon
closeIcon

Obtenga su bonus en la App

Abrir

Libros de Romance para Mujeres

Top En curso Completado
Mi Corazón Renacido

Mi Corazón Renacido

En mi lecho de muerte, el hospital olía a despedida, mis pulmones fallaban, no por enfermedad, sino por un desamor tan profundo que me consumió. Mi carrera como diseñadora, mis sueños, todo se había derrumbado por un solo hombre: Ricardo Gómez. Lo recordaba con amargura, aquel aspirante a chef que me convenció de entregarle mis ahorros, la beca a Milán, todo mi futuro, bajo la promesa de un restaurante "nuestro". "Mi amor, con ese dinero abrimos mi restaurante, será nuestro, te lo juro", me dijo, y yo, tonta de mí, le creí. Renuncié a Milán, trabajé lavando platos en "Sabor de Musas", su restaurante. Pero apenas llegaron las ganancias, él me echó a la calle; su nueva musa, Laura Sánchez, la chef pastelera, ocupó mi lugar en su cama y en su mesa. Los vi en revistas, exitosos y sonrientes, mientras yo me hundía en la miseria, el corazón roto y el alma hecha pedazos. La noche que colapsé, lo vi en televisión, declarando a Laura su "verdadera musa", y que yo solo había sido "un escalón". Esa última humillación me robó el aliento y la vida, sentí paz al partir, el pitido del monitor desapareciendo. Pero de repente, una luz cegadora y un ruido ensordecedor me devolvieron, abrí los ojos en un parque, con un joven Ricardo frente a mí. "Entonces, ¿qué dices, Sofi? ¿Me vas a apoyar? Es la oportunidad de nuestras vidas." El maldito día, la carta de Milán arrugada en mi mano. Había regresado, y esta vez, mi respuesta fue: "No, Ricardo, es tu futuro, no el mío." Él me miró con asombro, luego con una mezcla de sorpresa y enojo, y susurró: "No cometas el mismo error dos veces, Sofía." Él también lo recordaba.
Tuya para siempre

Tuya para siempre

La felicidad y el amor se convirtieron en el tesoro más importante y valioso que Paúl Nicholson y Priscilla Davis, habían encontrado juntos. Se amaban como jamás imaginaron, podrían hacerlo y se juraron amor eterno, incluso, más allá de sus propias vidas. Solo que, el destino se interpondría y les jugaría una mala pasada, para obligarlos a romper la promesa que el día de su boda se hicieron frente al altar. Sin embargo, y a pesar de la terrible tragedia que acabó con todos los planes que habían trazado, sabían que ni siquiera la muerte podría hacerles olvidar el juramento que un día se hicieron, ni con el gran amor que estaban seguros perduraría y prevalecería; aun después de que sus vidas terminaran. Estarán dispuestos a luchar contra destino que un día los separó, para reencontrarse de nuevo y volverse a amar... más allá de sus vidas. Solo que el destino tenía algo más previsto para ellos... Anthony McGregor. Un hombre adinerado, imposible, insoportable y el más detestable de todos; aparecerá para complicar sus propósitos. Una mujer que lo ha perdido todo. Un hombre que no estará dispuesto a perderla por segunda vez y que hará todo lo posible para recuperarla. Otro, cuyo único objetivo es él mismo y su amor propio. Dos hombres convertidos en uno solo, el amor por una misma mujer y una lucha sin treguas en la que solo uno de ellos... será el vencedor. Identificador 2210252494214 Safe creative Fecha de registro 2022 © Todos los Derechos Reservados
Demasiado tarde para su perdón

Demasiado tarde para su perdón

El hombre que amaba, el hombre con el que iba a casarme, me pidió que salvara la vida de mi hermana gemela. No me miró a los ojos mientras me explicaba que los riñones de Isabela estaban fallando por completo. Luego, deslizó sobre la mesa los papeles para anular nuestro compromiso. No solo querían mi riñón. También querían a mi prometido. Me dijo que el último deseo de Isabela antes de morir era casarse con él, aunque fuera por un solo día. La reacción de mi familia fue brutal. —¿Después de todo lo que hemos hecho por ti? —chilló mi madre—. ¡Isabela le salvó la vida a tu padre! ¡Le dio un pedazo de sí misma! ¿Y tú no puedes hacer lo mismo por ella? Mi padre estaba a su lado, con el rostro sombrío. Me dijo que si no iba a ser parte de la familia, entonces no pertenecía a su casa. Me estaban echando. Otra vez. Ellos no sabían la verdad. No sabían que cinco años atrás, Isabela drogó mi café, provocando que me perdiera la cirugía de trasplante de nuestro padre. Ella tomó mi lugar, emergiendo como una heroína con una cicatriz falsa mientras yo despertaba en un motel de paso, marcada como una cobarde. El riñón que funcionaba dentro de mi padre era el mío. No sabían que a mí solo me quedaba un riñón. Y ciertamente no sabían que una rara enfermedad ya estaba devastando mi cuerpo, dándome solo unos meses de vida. Alejandro me encontró más tarde, con la voz rota. —Elige, Sofía. Ella, o tú. Una extraña calma me invadió. ¿Qué más daba ya? Miré al hombre que una vez me prometió un para siempre y acepté firmar mi sentencia de muerte. —Está bien —dije—. Lo haré.
Esta Vez, la que te Deja Soy Yo

Esta Vez, la que te Deja Soy Yo

Mi vida era un secreto dulce y peligroso, un amor ilícito con mi hermanastro Mateo que prosperaba en las sombras de nuestra lujosa casa, mientras mi beca culinaria prometía un futuro brillante. Pero una noche, ocultándome, escuché la verdad que me heló la sangre: nuestro apasionado romance era una farsa, un plan cruel de venganza contra mi madre, y yo no era más que su herramienta más preciada. Cada beso, cada promesa susurrada, se convirtió en una traición insoportable, un juego perverso diseñado meticulosamente para destrozarme el alma. Los días siguientes fueron una tortura de fingimientos, mientras Mateo continuaba su "actuación" de novio preocupado, alardeando en chats de cómo mi dolor sería "inolvidable". La cima de su crueldad llegó cuando su prometida, Isabella, destruyó la guitarra de mi padre, su último legado, y Mateo, sin dudarlo, me ignoró para consolarla a ella. Mi corazón ya no sentía dolor, solo una gélida determinación. ¿Cómo pudo usar mi amor y mi futuro para una venganza tan retorcida? El día de mi partida, dejé sobre su almohada un recibo bancario y una nota concisa: "Esta vez, la que te deja soy yo". Mientras él gritaba mi nombre, paralizado entre mi partida y la llamada de su prometida, lo abandoné, sabiendo que mi verdadera victoria sería construir mi felicidad en España, demostrándole que la auténtica venganza es la paz.
Mi Venganza, Tu Castigo, Nuestro Amor

Mi Venganza, Tu Castigo, Nuestro Amor

Me desperté con un dolor de cabeza insoportable, como si me hubieran partido en dos. La luz blanca del hospital me cegaba, el olor a desinfectante me revolvía el estómago. Miré a mi alrededor, confundida. ¿No estaba muerta? Recordaba a Camila, mi supuesta hermana, riéndose a carcajadas mientras me empujaba por el acantilado. A Mateo, mi prometido, mirándome con desprecio, sosteniéndola a ella. "Sofía, nunca debiste haber existido", me había dicho. Luego, la caída. El viento silbando en mis oídos, el impacto contra las rocas, la oscuridad absoluta. Pero ahí estaba. Viva. Una enfermera entró, sonriendo. "Señorita Sofía, qué bueno que despertó, su hermano estaba muy preocupado". ¿Mi hermano? Alejandro había muerto hace un año. Un escalofrío me recorrió el cuerpo. "¿Qué fecha es hoy?", pregunté, la voz temblorosa. "Es 23 de mayo de 2023", respondió la enfermera, extrañada. Me quedé helada. Estaba de vuelta. Tres años atrás. Justo antes de que Camila, la hija ilegítima de mi padre, llegara a casa con una prueba de paternidad falsa, reclamando ser la verdadera heredera. Todo por una estúpida frase. Cuando era una diseñadora emergente, dije de ella: "Tiene talento, pero le falta pulir su propio estilo". Esa crítica sin malicia fue suficiente para que me odiara a muerte. Pensó que la humillaba. Y juró destruirme. En mi vida pasada, fui una tonta. La dejé entrar en mi casa, en mi vida, en mi familia. Y ella, como una serpiente venenosa, lo destruyó todo. Primero, convenció a mi padre de que yo no era su hija biológica con esa prueba de ADN falsificada. Mi padre, con el corazón roto, sufrió un infarto y murió. Luego, junto con Mateo, falsificó el testamento, quedándose con toda la fortuna familiar. Me echaron a la calle sin un centavo. Pero eso no le bastaba. Me secuestraron, me torturaron. "¿Sabes por qué te odio tanto, Sofía?", me dijo mientras me golpeaba. "Porque lo tienes todo, el talento, la belleza, el dinero, el amor de papá, ¡todo lo que debería ser mío!". En mi desesperación, solo Ricardo, el tío de Mateo, intentó ayudarme. Un hombre bueno, un bicho raro para su familia por no interesarle los negocios. Él descubrió el engaño y trató de rescatarme. Pero eran demasiados. Lo golpearon casi hasta la muerte y luego nos arrojaron a ambos por el acantilado. Sus últimas palabras, abrazándome en la caída: "No te preocupes, Sofía, no estás sola". Y ahora, aquí estaba. Viva. Con la oportunidad de cambiarlo todo. Las lágrimas brotaron de mis ojos, no de tristeza, sino de una rabia fría y decidida. Camila, Mateo, esta vez, no les daré la oportunidad de destruirme. Esta vez, seré yo quien los destruya a ustedes. No cometeré los mismos errores. Busqué mi celular en la mesita de noche. Las manos me temblaban, pero la mente estaba clara. Marqué un número que conocía de memoria. La voz al otro lado respondió al segundo tono. "¿Sofía? ¿Estás bien? Me dijeron que te desmayaste en la oficina". Era la voz de mi hermano, Alejandro. Vivo. Se me hizo un nudo en la garganta. "Alejandro", logré decir, conteniendo un sollozo. "Necesito que vengas al hospital, ahora mismo. Es urgente". No dudó ni un segundo. "Voy para allá". Colgué el teléfono y respiré hondo. El juego acababa de empezar. Y esta vez, yo pondría las reglas.