icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon
closeIcon

Obtenga su bonus en la App

Abrir

Libros de Moderno para Mujeres

Top En curso Completado
Alma Pura, Corazón Roto

Alma Pura, Corazón Roto

Había dejado toda una vida de polo y riqueza en Buenos Aires para construir mi sueño de "Alma Pura" junto a Sofía en Mendoza. Creía que nuestro amor era tan puro como el vino que producíamos, un amor que había resistido ya nueve años. Pero mi mundo se desmoronó con una simple notificación de Instagram. Era la foto de Mateo, el asistente de Sofía, sonriendo junto al caballo frisón que yo había esperado durante meses, importado de Holanda. Debajo, un texto hiriente: "Qué suerte trabajar para una jefa que sabe cómo recompensar a sus empleados." No solo había regalado mi caballo; había profanado la montura de mi abuelo, el legado de los Vargas. Y mi frustración se topó con su desdén: para ella, eran "solo animales", insignificantes. La noche de nuestro aniversario, me rompió el corazón al cancelar nuestra cena para "consolar" a Mateo, afectado por mi enojo. Fue entonces cuando descubrí su blog: "Crónicas de un Agrónomo Enamorado", revelando años de obsesión de Mateo por Sofía y una foto íntima de ambos en un coche. Mi corazón se heló. ¿Cómo había sido tan ciego? ¿Cómo pudo ella jugar así con mi amor, mi dinero y mi confianza, construyendo su propio imperio de mentiras bajo mi propio techo? No había nada que salvar. Respiré hondo, la rabia se transformó en una helada claridad. Mi abogado prepararía los papeles para vender "Alma Pura". El billete de avión a Buenos Aires ya estaba reservado. Era hora de que el pasado se quedara atrás, de una vez por todas.
Todo Para Isabela

Todo Para Isabela

Me desperté junto al pajar, con el olor a estiércol y a tierra mojada golpeándome la nariz. El sol de la tarde andaluza caía a plomo, pero a mí me calaba un frío que venía de la tumba. Porque yo recordaba. Recordaba la tierra fría llenando mi boca, la oscuridad, y la voz de mi padre, Ricardo, diciendo que era por el bien de Isabela. Recordaba el fuego, el grito de mi hermano Javier, el cuerpo roto de mi madre Carmen. ¡Había regresado! Intenté advertirles: "¡Mamá! ¡Javier! ¡Vienen a matarnos!". Pero mis súplicas fueron recibidas con risas y miradas incrédulas. Mi madre me secó las lágrimas mientras mi padre, por teléfono, susurró una amenaza helada: "Dile a esa hija tuya que esta vez nadie encontrará su tumba". Él también recordaba. Minutos después, los asaltantes irrumpieron. Me creyeron, sí, pero ya era demasiado tarde. La desesperación me ahogaba. ¡Eran los mismos rostros, las mismas palabras incrédulas de mi primera vida! ¿Cómo era posible que nadie me creyera? ¿Que mi propio padre hubiera envenenado el pozo antes de mi llegada? ¿Por qué esta cruel condena? Pero esta vez, no estaba indefensa. Un empujón desesperado de mi madre hacia la bodega me dio el primer as bajo la manga: la medalla de oro de la abuela. Luego, entre los escombros, lo vi: un dedo humano seccionado. En él, el anillo de mi hermano Javier. Esa prueba macabra, irrefutable, finalmente abriría los ojos de mi tío Mateo. Y mi otro as… las cámaras de seguridad ocultas que instalé en cuanto renací, listas para exponer la verdad de mi malvada hermanastra. Esta vez, la historia sería diferente.