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El Precio de la Libertad: Una Bailaora Inquebrantable

El Precio de la Libertad: Una Bailaora Inquebrantable

La Feria de Abril de Sevilla estaba en su apogeo. Como bailaora, mi vida debería haber sido puro arte y pasión. Pero para mí, era una jaula de oro bajo el control de Máximo. Él me arrancó del tablao, me obligó a servir a sus amigos mientras él besaba a su amante, Scarlett, delante de todos. Entre risas, apostaban cuánto tardaría en llorar. Mientras recogía los billetes, mi corazón se heló al escuchar a Scarlett comentar sobre mi esterilidad y la pérdida de nuestro bebé, una tragedia que ella misma causó. Máximo, inmutable, respondió: "No necesito que me dé hijos. Para eso hay otras mujeres." Esa indiferencia me acuchilló. A pesar del tobillo roto, resultado del empujón de Scarlett por las escaleras y su posterior risa, Máximo me obligó a bailar descalza sobre piedras. Solo la sangre entre mis piernas me salvó de la humillación, y aun así, él me dejó tirada para consolar a Scarlett. Después, me inyectó un sedante, permitiendo que Scarlett vertiera aceite hirviendo sobre mi pierna, dejándome una horrible quemadura. Mi existencia se había vuelto una farsa dolorosa, cada acto de sumisión, una moneda para pagar la deuda de mi tablao. Pensaban que era débil, sumisa, quebrada. Pero mientras ellos se regodeaban en mi dolor, yo estaba planeando mi escape. Mi verdadero dolor era mi disfraz más potente. Y cuando la última deuda se saldó, finalmente, volví a ser Lina.
La Farsa de Mi Familia

La Farsa de Mi Familia

Mi vida, con mis manos manchadas de colores y el olor a pintura en mi humilde cuarto, soñaba con restaurar arte. Vendía mis alebrijes para escapar de la pobreza, al lado de mi padre alcohólico. Mi madre, Elena, y mi gemela Valentina nos "abandonaron" hace seis años. Pero en mi decimoctavo cumpleaños, un enlace de YouTube lo reveló todo. El título, "Dos Vidas: Experimento Gemelas", me heló la sangre. Allí estaba yo, sucia de pintura, junto a Valentina, de diseñador en una mansión. La voz de mi madre, a quien no oía hace seis años, anunció el "clímax de nuestro experimento social". Mi padre, Ricardo, sobrio y elegante, sonreía en esa misma mansión de lujo. "Veremos si la resiliencia de Sofía puede superar los desafíos que le hemos preparado." Mi mundo se hizo pedazos. Mi pobreza, el alcoholismo de mi padre, el "abandono": todo fue un cruel reality show. Se monetizó mi sufrimiento para millones de espectadores. "Te estamos viendo. No llores, arruinarías la toma", me mandó Valentina. Descubrí cámaras ocultas por todo mi cuarto, grabando cada lágrima. Mi preciado alebrije, mi jaguar alado, fue destrozado por "actores". Mi familia celebraba el "drama" y el "rating disparado". El dolor se convirtió en una furia helada y silenciosa. ¿Cómo pudo mi propia familia venderme por mero espectáculo y dinero? Estaban tan ciegos en su codicia que ignoraban la tormenta que se desataba. "Mañana le quitaremos lo último que le queda de valor," escuché a mi padre decir con malicia. Pero en el suelo, encontré mi escape: una beca completa para estudiar arte en Florencia. Era mi señal, mi única arma. Ya no era su víctima; ahora era su enemiga. Si querían un espectáculo, se los daría. Esta vez, el trágico final lo escribiría yo.
El Legado de un Amor Prohibido

El Legado de un Amor Prohibido

El avión aterrizó en la Ciudad de México, marcando mi regreso después de cinco años de un exilio autoimpuesto en España. A mi lado dormía Luna, la hija de mi difunta mentora, la única razón por la que había logrado sobrevivir. Mi tío Ricardo, la figura que me crio tras la muerte de mis padres, me esperaba con un recibimiento frío e implacable. «Espero que hayas madurado en estos años. No quiero que tengas pensamientos inapropiados sobre nadie. Especialmente no sobre mí. ¿Entendido?» Su voz cortante como un cuchillo, reabrió las heridas del pasado. Él encontró mi diario. Mi confesión adolescente de amor por él, mi propio tío, el hombre que me había desterrado por atreverme a amarle, envió a miles de kilómetros de México. Pero al llegar, una cena familiar forzada me esperaba en el mismo hotel donde él se había casado cinco años atrás. Allí, Elena, su esposa, me recibió con una hipócrita sonrisa y lanzó acusaciones veladas sobre mi "mala vida" al ver a Luna. "¿Tu hija? No nos contaste que te habías casado y formado una familia en España. ¡Qué calladito te lo tenías!" Me sentí humillada, tratada como una amenaza. Peor aún, escuché a Elena hablar por teléfono, llamándome "arpía" y "mosquita muerta" , alardeando de su plan para "ponerme en mi lugar" . La humillación ardía, la rabia crecía. Ricardo me confrontó, pálido, exigiéndome explicaciones sobre Luna: "¿Es tuya?" Lo miré a los ojos y mentí, "Sí. Es mi hija. Acabo de salir de la cuarentena. Tengo un esposo y una hija" . Quería herirlo, destruir la imagen de la sobrina patética que tenía de mí. La guerra había comenzado, y yo no iba a ser la perdedora esta vez.
El renacer del fénix: La venganza de la heredera marcada

El renacer del fénix: La venganza de la heredera marcada

Mi esposo, Laurel, arrojó una carpeta azul sobre el edredón de seda sin siquiera mirarme a la cara. Nunca soportaba ver la cicatriz de quemadura que recorre mi mejilla derecha. —Caliza ha vuelto —dijo con voz aburrida, mirando su reloj—. Necesito la casa despejada para esta noche. Esperaba que me derrumbara. Esperaba las lágrimas y las súplicas habituales de Gorrión, la esposa sumisa y marcada que lo adoraba desesperadamente. Me ofreció cinco millones de dólares, no como regalo, sino como una tarifa por mi silencio. —Compra una casa pequeña en el norte y esconde esa cara donde nadie tenga que verla de nuevo —añadió con desprecio. Mientras tanto, mi teléfono vibraba con mensajes de mi padre. Me advertía que si perdía este matrimonio, no me molestara en volver a casa; sin el dinero de Laurel, yo era inútil para la familia que permitió que mi hermanastra me desfigurara cuando era niña. Sentí el eco del dolor de la antigua dueña de este cuerpo, la traición de ser desechada como basura. Pero lo que Laurel no sabía es que la mujer que despertó en esta cama hoy ya no es Gorrión. El pánico ha sido reemplazado por un silencio táctico. Soy Fénix. Firmé el divorcio con un trazo agresivo y rechacé su dinero sucio. —Me voy con las manos limpias —le dije, antes de salir con nada más que una vieja bolsa de lona. En la acera, saqué mi teléfono y accedí a una partición oculta del sistema. Ejecuté el "Protocolo SkyNet". En doce segundos, desvié quinientos millones de dólares de cuentas ilegales de la web oscura a mi control. Ahora, vestida con una sudadera y armada con una fortuna irrastreable, me dirijo a la cena familiar de los Finch. Creen que van a pisotear a una hija repudiada. No tienen idea de que acaban de invitar a un depredador a su mesa.
Los Contratos Son Nulos

Los Contratos Son Nulos

El olor a salitre se desvaneció, reemplazado por el aire viciado de la residencia de estudiantes de Santiago. Abrí los ojos en la litera, y abajo, Carmen se maquillaba con su acento pijo de Madrid, mirándome por el espejo. «¿Qué, Sofía? ¿Otro fin de semana contando telarañas? Si no tienes ni para un café, no sé cómo piensas sobrevivir». Un escalofrío me recorrió. Este momento. Ya lo había vivido. El recuerdo me golpeó como una ola: la sonrisa de Carmen, el folleto de la "asesoría financiera", el préstamo de 5.000 euros sin leer. Las llamadas. Las amenazas. Los hombres que me esperaban a la salida de clase. El club de alterne donde me obligaron a trabajar para pagar una deuda que se multiplicaba sola. Y mi padre. La imagen de su cuerpo destrozado en las rocas, el mismo mar que le dio la vida y la miseria, se había lanzado por la vergüenza de mi "trabajo". Luego, mi propia muerte. Un cuchillo de cocina en la mano, la sorpresa en la cara de Carmen antes de que todo se volviera negro. ¿Cómo era posible? ¿Cómo había terminado su vida de un modo tan brutal y desesperado, y ahora estaba aquí, de nuevo? Pero ahora estaba viva. Y con una oportunidad. En esa oscuridad, en el umbral entre una vida y otra, había aprendido algo. Usura. La palabra resonaba en mi cabeza. En España, los préstamos con intereses abusivos son un delito. Los contratos son nulos. Miré a Carmen. El odio ardía en mí, pero lo apagué. Mi voz salió temblorosa, tal como ella esperaba. «¿De verdad? ¿Tu familia me podría prestar dinero?». Esta vez, el infierno no sería para mí. Sería para ellos.
Gato escaldado, del agua fría huye

Gato escaldado, del agua fría huye

Se suponía que mi matrimonio con Mathias me haría la mujer más feliz del mundo. Aunque sabía que él no me amaba, pensé que se enamoraría de mí una vez que lo colmara de amor. Ya pasaron cinco años y Mathias me trataba como a una cualquiera. Para colmo, conoció a su verdadero amor y cortó todos los lazos conmigo por culpa de ella. Él la presentó a todo el mundo; algo que nunca hizo por mí. Su infidelidad me llevó a la depresión. Me sentía totalmente destrozada. Tristemente, incluso en mi lecho de muerte, mi supuesto marido nunca apareció. Cuando volví a abrir los ojos, sabía que el destino me había dado una segunda oportunidad. Yo todavía era la esposa de Mathias y pasamos dos meses antes de que conociera a su verdadero amor. En esta vida, me negué a que él volviera a lastimarme. Consciente del gran error de mi antigua yo, le pedí el divorcio. Mathias rompió los papeles del divorcio una y otra vez y al mismo tiempo me encerró. "¡Rylie, deja de hacer estupideces! ¡Hacerte la difícil no me funciona!". Para demostrarle que hablaba muy en serio, seguí adelante y solicité a la justicia. Finalmente entró en pánico. Abandonó a la "mujer de sus sueños" y se arrastró a mi lado. "Por favor, dame una segunda oportunidad, Rylie. Te prometo amarte con todo mi corazón. Serás la única mujer en mi corazón de ahora en adelante. No me dejes, ¿de acuerdo?". Una guerra estalló en mi mente. Por un lado, no quería que me hicieran daño otra vez. Pero, por otro lado, no quería dejar ir al hombre que amaba tanto. ¡¿Qué debo hacer?!
El Sabor de la Venganza

El Sabor de la Venganza

El aire en la cocina de "El Alma" estaba cargado, no por el servicio, sino por Jaramillo. Un narcotraficante brutal acababa de ser arrestado, y su defensa quería un evento benéfico para limpiar su imagen. Mi pasante, Camila, brillaba de ambición: "Sofía, por favor, déjame encargarme." Pero era demasiado arriesgado, la reputación de ese hombre, veneno puro. Mi no rotundo la transformó, la admiración convertida en resentimiento. Mateo, mi novio y socio, intervino, siempre defendiéndola. "No seas tan dura, solo quiere demostrar lo que vale." Ignoré su condescendencia. Mi decisión estaba tomada. Furiosa, Camila se quitó el delantal y lo tiró al suelo. "¡Renuncio! Me voy a México, allí sí valorarán mi talento." Mateo me miró con una frialdad que me heló: "¿Ves lo que has hecho? La has humillado." A pesar de todo, organicé el evento. Fue un éxito rotundo, mi fama se disparó, pero con un vacío. Años después, embarazada de ocho meses, creyendo que el pasado estaba enterrado, Jaramillo salió de prisión. Mateo llegó a casa con una sonrisa extraña. Me ofreció un jugo. Lo siguiente que recuerdo es despertar atada. Jaramillo estaba frente a mí. Mateo a su lado: "Ella te saboteó, Patrón. Si le hubiera dado el evento a Camila, tú estarías libre. Pero la humilló, la obligó a irse." La tortura fue indescriptible. Sentí la vida de mi bebé apagarse antes que la mía. Mientras la oscuridad me envolvía, escuché a Mateo, un susurro venenoso: "Camila murió en un tiroteo de cárteles. Esto es por ella. Te lo merecías." Morí. Pero entonces, abrí los ojos. Estaba en la cocina de "El Alma" . El sol entraba por la ventana. Camila estaba frente a mí, con los ojos llenos de súplica: "Sofía, por favor, déjame encargarme de esto. Es la oportunidad de mi vida." La sangre, el dolor, la traición eran tan reales que casi me ahogan. Pero en lugar de gritar, sonreí. Una sonrisa fría y afilada. "Claro, Camila. El proyecto es todo tuyo."
De la traición al éxito: El ascenso de una heredera oculta

De la traición al éxito: El ascenso de una heredera oculta

En la víspera de nuestro compromiso, descubrí que mi prometido nunca había superado a su primer amor. Durante tres años de relación, fingí ser fea y tonta, transformándolo con mis propias manos de hijo de la empleada doméstica en el heredero de una fortuna. Y él permitió que su primer amor me acusara falsamente de "robo", ¡e incluso contrató secuestradores para que me violaran! Al teléfono, su voz era gélida: "Esta monstruosa robó los logros de mi primer amor. Hagan con ella lo que quieran". Escuché esa voz tan familiar y reí entre lágrimas. Había fingido ser fea y tonta por tanto tiempo que seguramente olvidó que yo era la verdadera hija del hombre más rico. Ya que así era, dejé de actuar. ¿Mis compañeros se burlaban de que era una palurda? Me quité el disfraz y mi verdadera belleza dejó a todos boquiabiertos. ¿Mi primer amor robó los frutos de mi proyecto? ¡Contraataqué haciendo paralizar todo el proyecto! ¿Mi ex se aprovechaba de su influencia? ¡Con una sola frase hice que su padre se inclinara para disculparse! Toda la universidad estaba alborotada, especulando locamente sobre qué poderoso me protegía. Mi padre, el hombre más rico, apareció con calma: "Ella es mi hija". El mejor médico del país siguió sus pasos: "¿Quién se atreve a meterse con mi mentora?". El heredero del imperio global de armas me abrazó en público, reclamando sus derechos: "Repito, esta es mi esposa". Mi ex finalmente enloqueció, arrodillándose ante mí con los ojos rojos y suplicando que volviera con él...