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Resonó el grito
e levantó de golpe, sofocado, al tiempo q
te, se estremeció,
oteces! ¡¿Eh?! ¡Te pedí un informe completo y det
stente, quien solo gimió, aguantando el nudo en la garganta, e
or mí, todos los que trabajan aquí estarían comiendo basura...! ¡Cuerda de inútiles! - Es
buceó Selina, nerviosa. - Lo arreglaré de inm
orio, con ambas manos temblorosas. - ¡Más te vale que lo arre
n el corazón temeroso, abraza
mierda arreglada esta misma tarde si no quieres perder el trabajo! ¡Mira que ya me tienes harto con tu estupidez y negligencia! - Amenazó Magnus, con autoridad, soltando un manotazo más. Selina solo pudo asentir, hip
. Sí,
ra de esa oficina, su p
re, ¿no es así? Ya ella había intentado trasladarse a otro departamento en la empresa, pero nadie era ta
los demás, con el derecho de humillar a cualquier alma que se le atraves
más imposible cuando la economía se encontraba en recesión y la
s ahora las empresas querían asistentes con excelente presencia, es decir, mujeres que p
ñor King, fue que ella consiguió esta oport
a otras empresas y había sido re
perder este trabajo, cuando tenía t
fuera de la oficina, a un costado de la entrada de presidencia, ella levantó el
el, una compañera del trabajo, que pasaba por el lugar
ha empeorado su salud y mi hermanita... No puedo permitir que ella abandone la universidad y termine como yo... - Susurró Seli
ástima. - De verdad espero que valga
el dichoso informe, al mismo tiempo que atendía las necesidades del señor Magnus, un c
eso, sino por andar en tacones todo el día, caminando por todo el edificio para ocuparse de t
s. - Vanessa, una asistente de otro departamento, se atravesó en el camino
s demás... - Replicó Selina, arrugando el entrecejo, para luego intentar rodear a Van
e parte de sus compañeros, todo por culpa de esa gorda que ni siquiera debía tr
de un rápido movimiento manoteo las carpetas que Selina llevaba e
e quedó
te, es preferible que aguantes el hambre... - Murmuró Vanessa cruzándose de bra
, no era solo los insultos del señor Magnus King los que tenía que aguantar
ndose humillada, Selina se agachó llenándose de toda la dignid
nadie dijo nada, ella era so
uando ya volvía a su escritorio, así que dejó las ca
í, s
amándote! - Se quejó Magnus, con su usual expr
o estaba trayendo uno
erguido, con ese aire imponente que hacía a Selina estremecer de miedo. - ¡Ya
y el tiempo que le tomó recoger los papeles de los regis
entras se tomaba un minuto de Silencio para llenarse de valor y aguantar
abla de una
puedo... - Intento explicar Selina rápidamente, notando como el viejo Magnus
acer una maldita cosa bien! ¡Me tienes harto! - Comenzó a gritar Magnus a todo pulmó
ó, quedándose tieso, como si le faltara el aire, y un mom
Magnus, agarrándose
¡¿Puedo ayudarlo?! - Selina intentó
e, nada de contacto físico, nadie debía tocarlo, y
ano, cayó tendido de largo a
a aterrada. - ¡Ayuda! ¡
as gritaba desesperadamente
a, el señor Magn
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