bre la sala. Incluso el gener
i escama. Era piedra. Una piedra gris, porosa y muerta, que conservaba la forma
venas. Era exactamente lo que había visto en
dragón de la guarnición del Este. Murió hace tres días. No por una flecha, ni por una l
rian, el terror asomando en sus ojos nubl
s una resonancia mágica. Una disonancia en el Vínculo que une a jinete y bestia. Cuando un dragón enferma, su magia se corrompe. Y esa corr
. O al menos, torciendo la verdad. La Peste no era natural, Elara se lo había sugerido en sus cartas ante
ek? -preguntó el Re
una mueca fina
rotocolo de Pu
lotando en el aire
ose de pie de golpe-. ¿Estás sug
po mágica. Si la infección llega al núcleo del animal, la explosión de energía arcana podría arrasar esta ciudadela. Debemos inspeccionar a
-gritó Aeric-. ¡S
epentina del anciano sorprendió a todos-. Y una herramienta rota es peligrosa. Va
hubiera estado espera
y enferman. He estado trabajando en los Constructos. Gólems de hueso y acero, animados por la
amas de esqueletos de dragón reforzados con placas de metal y runas brillantes en
frescos -dijo Varek, mirando fijamente a Aeric-. El Protocolo de
ro del guerrero que había sido-. Padre, no puedes permiti
o miró los planos de Varek. El miedo a perder el poder, e
muró el Rey, desviando la mirada-. La
pluma que Var
el Vuelo de Ceniza, mis inspectores examinarán a cada dragón antes del despegue. Cualq
e Aeric se d
no firmado con una satis
beza hacia Aeric con una burla velada-. Asegúrese de que Pyroth esté listo.
aba. Quizás incluso lo sabía. La Peste no era una casualidad; era el pretexto perfecto para el
encia rígida y salió de la
ral Kaelen preguntando por los detalles técnicos de los "Constructos", Aeric
de veintic
en el Nido Real. Encontrarían la mancha en Pyroth. Y
s alta y solitaria, donde se encontraban las celdas
ona que le había advertido que esto pasaría. Una persona a la que él mism
ar
al suelo. Ya no le importaba el protocolo. Si i
er hacia la
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