añana era el Vuelo de Ceniza, la exhibición anual donde la realeza recordaba al pueblo
ado entre las escamas del hombro. Era un trabajo duro, físico, que le permitía olvidar las
ovida. Aeric sonrió, satisfecho. Continuó hacia la base de
su mano s
No era la suavidad lisa y caliente de
ntrecerrando los o
que una luciérnaga, brotó de su pulgar. Era un truco simple, magia de niño, pero le co
na. El aliento se le
ño de su mano. Las escamas en esa zona habían perdido su color, volviéndose de un g
pómez en lugar de piel de dragón. Y en los bordes de la mancha, la infecci
te de
aer el cepillo. El ruido metálico r
pentino que emanaba de su jinete a través del Vínculo. El dragón emitió un gr
el pánico cerrándole la
fronterizos que simplemente dejaban de volar, cuyas alas se convertían en estatuas de piedra mientras aún respiraban. D
decía su padre. "La magia
o la luz mágica de Aeric. Una necrosis mági
desastre. Si Pyroth no podía volar, la fuerza de Val
e asedio que Varek había estado diseñando, máquinas que no necesitaban comida ni descanso. "
o, no intentarían curarlo. Lo sacrificar
rta principal girando sacó a Aeric de
visible. Si alguien se acercaba, si los Mae
talmente a través del Vínculo con una
te a la urgencia del Vínculo, b
sombras largas. Al frente iba el Maestro de las Bestias, un hombre corpulento con cicatrices de quemadurreverencia torpe-. Llegáis temprano. Ten
zón martilleaba contra sus costillas, pero forzó a su rostro a adoptar la má
zos-. Pyroth está irritable. Casi me arranca
ensión de Aeric, soltó un bufido de humo negro hacia los recié
ocolo... El Rey quiere
le -cortó Aeric, dando un paso adelante, usando su altura y su rango co
de lugar. Por un segundo, su mirada se detuvo en el cepillo ti
ospecha brillaba en sus ojos-. Pero si la bestia no está lista
así
e había estado reteniendo. Se giró hacia Pyroth, quien lo miraba con una intensidad antigua
ía haber crecido, aunque quizás solo era su imaginación. Apoyó la f
la caverna-. No sé cómo, ni a dónde, pe
escama plateada irradiando como un tumor de hielo. El reloj de arena se había roto, y la
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