uedado atrapado entre los edificios, como un animal herido que se niega a morir. En la casa de los
ntallas, perdidos en mundos digitales donde no tenían que mirar a su madre a los
en cinco minutos -susur
veía joven, vibrante, peligrosamente libre. Alba, por el contrario, vestía un pantalón de lino be
João llama al fijo? -la voz
, señora. Y el señor João ya dijo que no volvería hasta el lu
la puerta principal tras de sí, el "clic" de la cerradura so
astronauta que acaba de aterrizar en un planeta desconocido. La ciudad de noche no se parecía en nada a la que veía desde
tas rodeado de rascacielos. Marta, con una energía contagiosa,
nte años que no me subo a una
Es como respirar. Solo que esta vez
os nudillos se le pusieron blancos. Se subió con torpeza, sintiendo que el equilibrio se
mbro. Al tercero, Alba sintió algo que le recorrió la c
siempre llevaba. Por primera vez en dos décadas, no había paredes. No había un techo de esca
n. Se vio como la novia joven que creyó que el control de João era una forma de cuidado. Se vio como la madre que se anuló para que sus hijos tuvieran una "casa perfecta
nacer! -gritó Alba, soltando una
era. En una de las bajadas del parque, cerca de una fuente iluminada, la rueda d
uilibrio se rompió y Alba salió despedida hacia un lado. El sonidoó cómo la piel de su rodilla se desgarraba contra la superficie rugosa. Se
a tiró su bicicleta
r se acercaron rápidamente. Un joven con
en, examinando la rodilla de Alba, que ya empezaba a san
la ruptura de su burbuja. La sangre roja, brillante, er
ó una mujer que se había detenido a ayudar-. Esa h
ncajados por el miedo-. Marta, por lo que más quieras, no llames a João. Por nada del mundo. Él no puede sa
Alba a subir al taxi que llamaron los transeúntes, pero mientras Alba se
e infecta o si usted no puede caminar
o! -suplicó Alba, pero M
"bip" era un clavo en su ataúd. Finalmente, la voz de João tronó a través de
sa? Son casi las
accidente. Estamos yendo a la clínica
línea. Un silencio que a Alba le heló
horas? ¡Le dije que se quedara con los niños! ¡Le di una orden clara! -la vo
emblorosa, le acercó
tiendo que volvía a ser la
voy a ir. No voy a interrumpir mis reuniones en la capital para ir a curarte una rodilla que te rompiste por tu propia estupidez. Quédate en esa clínica, p
do de la línea muerta era lo
ntiséptico, Alba no gritó por el escozor del alcohol. Sus ojos es
ada a su lado, co
dría. Pensé que, al saber que est
dolor físico se había vuelto un ruido de fondo comparado
dijo Alba, y su voz ya no temblaba-. Me
é se r
umano que sufría, sino un activo que se había averiado por no seguir las instrucciones de uso. La "reunión en la capital
encierro era amor. Creyendo que si yo era perfecta, él me querría. Pero no hay amor. Nunca lo hubo. Solo hay un contrato de
ado el sentido a un hombre que no la valoraba. Se vio a sí misma sentada en aquel bal
e de la camilla con dificultad, apoyándose en Marta-. Pero
La herida de su rodilla iba a dejar una cicatriz, pero Alba la miraba casi con orgullo. Era su prim
luz fluorescente de urgencias. Ahora solo quedaba la ve
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