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Las Joyas de Sangre

Capítulo 4 IV

Palabras:1367    |    Actualizado en: 31/01/2026

mbiente del palacio permanecía suspendido en una quietud antinatural, casi reverente. Las doncellas se apresuraron una vez más a preparar los baños de crema y aceites

tera entre el descanso y el letargo eterno. Aun así, los esfuerzos de las doncellas parecían dar fruto poco a poco. Los pies delicados de

enetrante. Debía permanecer sumergida en una mezcla de leche de cabra y vaca durante tres l

casi enfermizo en cada detalle de la celebración. Por su parte, Thomas sentía un peso insoportable en el estómago, una mezcla de dolor y ansiedad. No lograba compr

nal, observó a la distancia cómo en el castillo de ella las person

mperatriz interrumpió sus pensamientos, c

corazón. Pero ahora ella es mi priori

podía negar los innumerables pecados, tanto directos como indirectos, que ella había cometido. Conocía de primera mano

lla será la emperatriz en los próximos día

a humillante, una muestra de debilidad impropia de la corona. La nobl

ar esa noche, y tal vez algunas más. No obstante, no cedería

alizaron ese mismo día, ya que en los siguientes días se llevaría a cabo la solemne celebración de su coron

utela-. En estos días usted dejará de ser el príncipe h

lcón que ofrecía vista a la ciudad prin

y sanguinarios. Movidos por la codicia del poder, harán lo que sea necesario -suspiró-. Yo deseo, como s

illó ante él y excl

pe Thomas Spinghter! ¡

darlo todo por el bienestar del futuro reinado. Si bien el camino sería difícil de transitar, con las pe

hicieron presentes para presenciar la histórica unión entre dos antiguos enemigos. Tal como se esperaba, el negociador enemigo ingresó con una al

a esposa humillada con tanta violencia, y por ello j

acordado. Un accidente, un gran infortunio según las costumbres de la nación. Por un descuido intencio

ipe. Era demasiado tarde para hallar al culpable, por lo que solo quedaba buscar una solución. Thomas mandó traer tintas de diversos colore

da, las evidencias no eran claras y debían

n, demostraban el nivel de seguridad que emanaba. Su mirada estaba fija en Thomas, quien sonreía con lágrimas conte

a sufrir las mismas

el amor

ba dispuesto a sufrir un poco más. Los sentimientos eran confusos y ambiguos; aun así, no podía ignorar lo evidente. Debía ejec

aba que fuese sangre real- que realzaban sus mejillas rosadas. Desde la distancia entumece

Luxiner como esposa para amarla por el r

con la voz quebra

Thomas Spinghter como esposo pa

ce

adeza, como si el simple hecho de tocarla pudiera romperla. Catherine aceptó el beso; nunca antes había s

an en marcha. En los bosques de una ciudad oculta había preparado una tierra especial para cultivar brotes de ver

ríncipe? -preguntó Ca

a tierra -sonrió mientras entrel

rra. Nunca le habían interesado las riquezas ni el oro

go, las innumerables cremas y aromas habían alterado sus sentidos, provocando un

taría en sueños.

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