Las Joyas de Sangre
mbiente del palacio permanecía suspendido en una quietud antinatural, casi reverente. Las doncellas se apresuraron una vez más a preparar los baños de crema y aceites
tera entre el descanso y el letargo eterno. Aun así, los esfuerzos de las doncellas parecían dar fruto poco a poco. Los pies delicados de
enetrante. Debía permanecer sumergida en una mezcla de leche de cabra y vaca durante tres l
casi enfermizo en cada detalle de la celebración. Por su parte, Thomas sentía un peso insoportable en el estómago, una mezcla de dolor y ansiedad. No lograba compr
nal, observó a la distancia cómo en el castillo de ella las person
mperatriz interrumpió sus pensamientos, c
corazón. Pero ahora ella es mi priori
podía negar los innumerables pecados, tanto directos como indirectos, que ella había cometido. Conocía de primera mano
lla será la emperatriz en los próximos día
a humillante, una muestra de debilidad impropia de la corona. La nobl
ar esa noche, y tal vez algunas más. No obstante, no cedería
alizaron ese mismo día, ya que en los siguientes días se llevaría a cabo la solemne celebración de su coron
utela-. En estos días usted dejará de ser el príncipe h
lcón que ofrecía vista a la ciudad prin
y sanguinarios. Movidos por la codicia del poder, harán lo que sea necesario -suspiró-. Yo deseo, como s
illó ante él y excl
pe Thomas Spinghter! ¡
darlo todo por el bienestar del futuro reinado. Si bien el camino sería difícil de transitar, con las pe
hicieron presentes para presenciar la histórica unión entre dos antiguos enemigos. Tal como se esperaba, el negociador enemigo ingresó con una al
a esposa humillada con tanta violencia, y por ello j
acordado. Un accidente, un gran infortunio según las costumbres de la nación. Por un descuido intencio
ipe. Era demasiado tarde para hallar al culpable, por lo que solo quedaba buscar una solución. Thomas mandó traer tintas de diversos colore
da, las evidencias no eran claras y debían
n, demostraban el nivel de seguridad que emanaba. Su mirada estaba fija en Thomas, quien sonreía con lágrimas conte
a sufrir las mismas
el amor
ba dispuesto a sufrir un poco más. Los sentimientos eran confusos y ambiguos; aun así, no podía ignorar lo evidente. Debía ejec
aba que fuese sangre real- que realzaban sus mejillas rosadas. Desde la distancia entumece
Luxiner como esposa para amarla por el r
con la voz quebra
Thomas Spinghter como esposo pa
ce
adeza, como si el simple hecho de tocarla pudiera romperla. Catherine aceptó el beso; nunca antes había s
an en marcha. En los bosques de una ciudad oculta había preparado una tierra especial para cultivar brotes de ver
ríncipe? -preguntó Ca
a tierra -sonrió mientras entrel
rra. Nunca le habían interesado las riquezas ni el oro
go, las innumerables cremas y aromas habían alterado sus sentidos, provocando un
taría en sueños.