Las Joyas de Sangre
o en una bandeja de plata, con detalles de flores blancas. Al verlo, un violento malestar le recorrió; las náuseas le subieron como un oleaje implacable. Una de las doncellas
el escritorio de su majestad- dijo, lavándose el rostro con manos tembl
s que le acompañaban guardaron silencio, si bien no había ninguna prenda que dejase en ridículo u o
n disimulo. De pronto sintió como una lluvia fría le atravesaba su piel. Ahora todo coincidía, un asesino, y una muerte. Estaba ahora convencida de que la reina habría mandado a un asesino a tomar posesión de
se sienta incómoda. Anoche sufrió un atentado por parte de un descono
encio mientras toma
rá la boda que nos unirá en matrimonio para toda la vida- sonrió mos
ras caminaban a las alturas de una enredadera verde. Tomaron un poco más de té, y charlaron s
joven de Rumania me ayudará- se levantó rápidamente- Me complacería
asintió tí
a ella, cada una era más hermosa que la otra. Se podía decir q
e inclinaron a ella- El conde Lucard Dalv nos env
cería escucharle sus nombres- sonreía- Por favor,
ble su m
es no le incumbía conocer. Ya no sentía el deseo de acercarse a ello, temí
ntes del Conde. Larisa,
ras y posee el poder de un rey- reían de fo
algún día- Raluca ext
e ser. Catherine se había sentido acompañada y comprendida. La
etido practicar con la espada-
ba el arma punzante y letal, para que cuando estuvieran casa
í estaba, el muchacho más dulce que había conocido, con su espada brillante y
tó hacia ella- ¿Has venido a v
s lo suficientemente fuerte para
cipe no ocultaban sus
al Conde- Quiero presentarte a mi prom
conocido. Los ojos eran penetrantes, a tal punto de perturbarle. Con pasos elegantes y llenos de seguridad se acercó tomando el aliento de e
un grato placer conocerla-Nuestro querido prí
escoltas me han llenado
no, mientras que Thomas estaba
profesor, ninguna gota de
e una extraña enfermedad, que no me deja
quella enfermedad. Supuso que podría haber, aún más, pasa
íncipe que con atención le servía los mejores alimentos. Si
rviendo. Pero para Catherine era los más exquisitos, tal vez sus favoritos. El pollo rehogado en cebolla morada, aceitunas r
rimero- dijo Thomas gravemente- Lucard y yo seleccionamos al mej
había sido vigilada por lo
ridad, no soportaría q
ara disfrutar de la libertad de la tierra. Aun entre risas, miradas melifluas, y leves roces bajo los guantes. Entre las sombras en sanguinario conde observaba la dulce Catherine, en su interior deseaba quitar todo encan
todos le aclamaban por su contante pasión a la justicia, aguardaba en la llegada de la princesa consorte. En ella se veía r
tación. La anterior había perdido todo sentido, y suplicó a
nte- Gracias por tu protección, lamento que deba
aprendí mucho de usted- apaciblemente bajó
esitamos hasta el día en que d
de y respetuoso con aquellos que menos tenía. Se expresaba con cuidado y amor hacia ella, aunque a veces podía llegar a ser un poco d
iro- Aun cuando desee estar contigo, el fir
avergonzaron de gran
trago de anoche, ha logrado que me sienta en paz. Además, trajo las niñ
tes, la carroza te
ó en un inmenso abismo. La criatura de alas gélidas y ojos de col