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Las Joyas de Sangre

Capítulo 5 V

Palabras:1351    |    Actualizado en: 31/01/2026

de su ser, lo era. Incluso en medio del bosque ajeno, rodeada de los animados sonidos del canto de los pajarillos que parecían hablarle entre las ramas, Catherine perma

, envolviéndolos en una sensación de calma casi irreal. Una pequeña mesa sostenía todos los manjares que él mismo había

vidad, tomando sus hombros desde atrás con extremo

rpeza evidente, sirvió los alimentos. Catherine se sintió confundida. Había estudiado con diligencia todas las enseñanzas d

erecedora de su atención -dijo

ofrecerte. Nunca inclinarás tu cabeza ante mí ni ante nadie -respo

, castigarme. Si me pidieras la corona, te la entregaría sin reproche alguno. Solo anh

tiempo podrían permanecer en su pequeño paraíso, deseaba gozar cada segundo que se les concediera. Tal vez Thomas no sería capaz de consumar el matrimonio

lo. Por favor, duerme en l

rme. La cama es amplia, ambos podemos dormir abri

iquiera el desesperado ser oscuro que no lograba hallar a la princesa entre tantos aromas insaciables. Solo le quedab

o con la misma indiferencia que alguna ve había sentido en su conversión. No actuaba impulsado únicamente por el hambre. Aquella necesidad primitiva era apenas una excusa, una máscara que ocultaba algo más profundo y peligroso. En lo más recóndito de su ser habitaba una entidad voraz, antigua,

u ser en su profundo estado de descanso. Sin embargo, notó una mano posada detrás de su nuca, y su cabeza reposaba bajo un brazo firme, inclinado hacia

afiros puros, cada vez que la miraban parecían indagar su alma. Con cuidado, acarició sus labios sin despertarlo, aquellos labios que le profesaban amor. Si bien

un nuevo comienzo. Se sintió tranquila al recibir una paz que jamás había experimentado. Ahora deseaba mejorar, dej

partir aquella alegría con su esposo. Preparó panecillos de queso, láminas de queso de cabra con ajo fresco, un t

un hermoso día nos espera -susu

y ninguno pudo apartar la mirada, como si un hipnotismo

ra estas delicias. El almuerzo lo har

o que al príncipe le resultaba difícil despertar temprano. En pocas palabras, d

papel amarillento-. Surcaremos la tierra para plantar es

e nunca he realizado,

ces está bien si nos equivo

vo. Soldados custodiaban la cabaña, conteniendo fuerzas enviadas por la flamante emperatriz, decidida a interrumpir aquel

có con agua con miel-. Be

cualquier intento de envenenamiento. El cansancio era notable, pero el

, cubierto de barro. Aunque notab

como nunca antes -sonrió

no dejó de verla como la mujer más hermosa que había conocido.

la hora de la comida. En un abrir y cerrar de ojos, el horario se había desdibujado bajo la emoción compartida. Aunq

ntió avergonzada, pero sabía que debía hacerle entender que deseaba algo más que cuidado y distancia. Con

nces

mi príncipe -susurró

sombras, inmersa en cálida luz de Thomas,

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