Santuario Prohibido
ENT
a extensión natural de la sombra. Me aguarda junto al roble oscuro de su despacho, inmóvil y austera, sin
erta con un gesto exacto y se acomoda en su silla sin ofrecerme asiento, limitándose a señalar con frialdad la que me espera al ot
ecta -dice-. No permití expli
er, madre. El orden
nsión, Valentina
ses se clava
ste el disparo y que el hombre cay
, mis dedos se enroscan en la t
, m
iso, quirúrgico. No espera
-dice-. Esta casa se s
nada más q
miento, como quien ev
dad nueva. No es el destello del pánico, que se desvanece. Es algo sedimentado.
uieta. Cualquier pal
or -logro articular-. Presenciar la m
i deber es custodiar este recinto, su integridad física y espiritual. Y par
io me recorr
end
de-. Y las preguntas seguirán su c
sada antes del amane
ie
equeño crucifijo de madera oscura. L
eo en tus ojos es una mentira, te consumirá antes de que nadie más
se cierra con un golpe sord
n el centro del pecho. Cierro los ojos e intento encontrar esa luz que la madre superiora exige, pero algo dentro de mí arde y lo nubla todo. Respiro
ecido irme. Creo que la prueba ha terminado, pero en ese instante Sor Giulietta surge frente a mí, silenciosa como una aparición. Su sonrisa es una capa fina de hielo sobre una inqu
regresar a tu celda muy tarde. También vi al padre Vittorio salir de la c
necí en oración. Perdí la noción del tiempo. Si el padre Vitto
s por qué
toy mi
en silencio
preocupab
ad firme-. No ocurrió nada fuera de l
jove
es lo que su mente está construyen
rees qu
me de pie-. Se me hace tarde para atender el comedo
ada gesto, cada silencio, parece saber más de lo que digo. Estoy expuesta. Como si el conve