Lazos de Sangre y Corse
ándose en una parte de Londres impregnada de hollín, ginebra de mala calidad y desesperación. Dentro, el silencio era tan pesado
para proteger sus nervios ópticos del bombardeo de luz. Alistair se reclinaba en el respaldo, sus m
eanor. Es la información. Puedo escuchar el mecanismo de los relojes de bolsillo de los hombres quetas. -Su cerebro está tratando de procesar datos que antes eran subconsciente de la bestia. El Loto
olor que dejó en la biblioteca... era frío. Como la porcelana húmeda y el azufre. -Cerró los ojos un momento, filtrando el hed
un fantasma perezoso. Para cualquier humano, la visibilidad era apenas unos metros. Para Alist
e a Eleanor le resultaba perturbadora y fascinante. Sus pasos eran silenciosos, como si sus botas apenas toc
Hierro está usando compuestos alquímicos para ocultar su rastro humano, mi suero reaccionará a las partículas. Per
o de tres plantas con ventanales rotos que asemejaban di
Eleanor-. Puedo oír el latido de un corazón, pero es lento. Demas
na columna de ladrillos justo cuando una saeta de ballesta se clavaba en la madera con un impacto so
ática; tenía un eco metálico, consecuencia de su nuev
por la fachada con la agilidad de una sombra. Eleanor, ignorando completamente la orden, sacó de su maletín un rev
del amanecer. En el centro de la planta superior, el hombre de la máscara de porcelana esperaba en silencio. No parecía so
o imprevisto. Ya no es una bestia ciega que aúlla a la luna, pero tampoco es el hombre que solía frecuentar los cl
s en la penumbra. -Mi "error" -respondió Alistair, mostrando unos colmillos que, aunque menos prominentes que en su forma completa,
rgica. Alistair la atrapó en el aire por la empuñadura. La plata comenzó a quemar la palma de su guante, ge
ada finta, cada movimiento del asesino. Veía cómo se contraían los músculos del enemigo milisegundos antes de q
el cuello con una mano que empezaba a mostrar garras negras, el intr
blanco y fino in
a, cubriéndose el rostro con un pañuelo empapado en vi
por el suero, el efecto fue devastador. El polvo en sus pulmones se sentía como si estuviera tragando fragment
hacia el ventanal roto. Pero antes de saltar, la máscara de porcelana se enganchó eno por cada bocanada de aire. Ella le inyectó rápidamente un neutralizador en la
entras intentaban recuperar el foco humano-. Pero antes de que el humo m
cuenta de que la piel de Alistair estaba calien
e heló la sangre a Eleanor. -No era un extraño, Eleanor. Era Julian. Mi hermano menor. El mismo que enterré con h
ió uno de los fragmentos de la máscara de porcelana. En el interior del material blanco, había restos de
fragmento en su maletín-. Es algo mucho más oscuro. Si su hermano está vivo, algui