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LOS TRILLIZOS DEL CEO VIUDO

Capítulo 5 RECHAZO

Palabras:1315    |    Actualizado en: 06/01/2026

ítu

Jo

ue desarmaban mis defensas, ahora quietos, fríos, muertos. Toco su mano, helada como el mármol de nuestra mansión. "Camila...", susurro, la voz quebrada en el silencio opresivo. El forense murmura algo sobre el accidente, el impacto instantáneo, pero sus palabras se pierden en el vacío. No hay consuelo. Solo esto: su cuerpo sin v

ol. Su risa no se filtra por los pasillos como un hechizo capaz de desarmar cualquier furia mía. Su voz canturreando melodías sin letra no llena la cocina, el invernadero ni mi oficina. Hoy no queda nada. Solo ausencia. Solo la prueba viviente de que el mundo puede arrebatarte lo único que amas en un parpadeo

stido blanco, el cabello recogido con descuido y una copa de champagne en la mano que nunca bebió. Sonreía con una tranquilidad que no encajaba con los tiburones que la rodeaban. Cuando nuestras miradas se cruzaron, sentí que algo en mí -algo que ni sabía que existía- se acomodaba. Ella se acercó primero. Siempre fue más valiente que yo. -Tienes cara

la herencia, al menos no únicamente-, sino porque la veía tan feliz que sentía que mi corazón podía romperse si le decía que no. Pero nada funcionó. Tratamientos fallidos. Esperas interminables. Lágrimas que ella ocultaba para que yo "no cargara más culpas". Cuando me propuso

ies. Y cuando la vi -con la barriga enorme, apretándose el vientre, respirando agitada- algo dentro de mí explotó. Dolor. Culpa. Rabia. Una rabia venenosa, irracional, pero real. Esos niños... esos tres niños que ella tanto esperaba... son ahora la prueba viviente de que Camila ya no está. De que la luz de mi vida murió sola, bajo la lluvia, mientras buscaba ropa para ellos. Esta mansión, donde ella planeaba habitaciones temá

Pero que no crea que voy a permitir que toque un centavo mientras yo respire. No él. No el hombre que siempre deseó verme caer. Aun así...

l de un fantasma. -Señor Valdez... una llamada del hospital. Lo miro, irritado. -No ahora. -Es sobre Lí

a al parto prematuro. Siento un nudo en el estómago, una náusea que sube como bilis. -No -digo, la voz ronca, explosiva-. No los quiero. El

o! ¡Esos niños me quitaron a Camila! ¡Sin ellos, ella no habría salido a noche! ¡Sin ellos, estaría viva! El mayordomo retrocede, pero yo sigo, el dolor salien

tiempo... voy a romperme para siempre. Lucía cree que soy un monstruo. Quizá lo soy. Quizá perder a la mujer que amaba me convirtió en algo que no reconozco. Por ahora, la decisión es clara: no quiero a esos niños. No puedo mirarlos sin recordar cómo mu

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