LOS TRILLIZOS DEL CEO VIUDO
V
la frotándose las manos como si intentara borrar una mancha invisible, o Camila paseando de un lado a otro, revisando carpetas que ya conocí
rcadas por una desesperación que reconocía en mí misma, todas descartadas con un gesto
sobre la mesa, con mo
ez minutos -informé, mi
-ordenó Jorg
icos -repliqué, firme. Parte de mi trabajo era fr
na mirada agotada
in ti, esto serí
e estaba en otra par
a, el cuerpo me pesaba el doble, como si llevara
a las tres de la mañana, un timbre q
ra crisis. Necesitamos
jadeaba, aferrada a la cama, a la vida, a mí. Sus ojos abiertos, suplicantes, pidiendo algo que no podía articular.
apeles, escuchando cómo Adrián rechazaba a la
sentenció, cerrando
odo el mundo -replicó Camila, su
nuestro último int
rápido, conteniendo lágrimas que amenazaban con derramarse. Los entendía
ue había guardado en mi bolso el día anterior. En el contrato que había visto de reojo: el adel
La garganta me ardía. Algo se rompió den
-dije de pronto, r
volvieron
Jorge, su voz afi
latiéndome en los oídos
-res
ojos de par en
zó, como si no h
ite
e por dentro me desmoronaba-. Cumplo con cada requisito: no
, casi tangible, como
rimero, su expres
propiado. Podría complicar
Hablo de capacidad. Sé lo que implica,
la de desconcierto y compasión,
harías algo así
a. El momento en qu
primera vez-. Anoche tuvo otra crisis. No puedo pagar la op
a mano, ahogando un suspiro. Jo
n embarazo: riesgos, obligaciones, consecuencias emoci
ra nadie en esta habitación. Pero sé que puedo hacerlo. Y sé que usted
incómoda, filosa como un bistur
a un hijo que no es tuyo? ¿Ent
vacilar-. Pero duele más ver
esposo, su voz su
por favor.
os pasos, pensativo, midiendo los riesg
mismo -dijo al fin-. Si algo no enca
, el alivio mezclá
tomó las manos, sus ded
si esto es valentía o
por primera vez en días, sentía una