LOS TRILLIZOS DEL CEO VIUDO
ítu
V
nciosos, luces blancas que iluminaban sin parpadear, pisos pulidos que reflejaban cada paso como un espejo implacabl
rastando con los ojos hinchados, como si las noche
suave, casi maternal-. Hoy
garra, impidiéndome respirar hondo. Pero no podía dudar ahora; no despu
scuro y expresión hermética, un au
in saludos innecesarios-. Cuant
do envuelto en control, como
oz monótona, pero yo apenas registraba las palabras. Mi mente volvía una y otra vez a mamá: su respiración entrecortada, su cuerpo convul
me recosté en la camilla, el
contigo -susurró, su palma
o cada movimiento de la doctora como si
fluido invasor, y luego nada más que el zumbido de las máquinas. C
ijo la doctora, con un
terror contenido. Jorge solo asintió, pero s
n miradas esquivas, citas médicas que me robaban las tardes, descanso forzado que no calm
ciste? ¿Nec
llevo las vitami
mbio, era pu
las siete
resión. Lle
cón. Nunca una
ositiva. Camila lloró al teléfono
¡gracias! Lo log
solo
remos los contr
a el ultrasonido, su tono era in
vengan los t
ctora aplicó el gel frío en mi abdomen -un escalofrío que me re
tido
t
ter
deantes, tres rit
una mano a la boca, los o
ra-. Tres embriones implantados con éxito. E
como si el cuarto s
ó en llanto,
tres! Tres vida
acto visible en su rostro pálido. Cuando al fin ab
cias
decía de verdad, sin filtro
nsaba las manos. Ser subrogada ya era un peso aplastante. Serlo de tres... eso c
ia el hospital para ver a mamá. Estaba sentada en la
extendiendo una mano
erpo empezaba a cambiar: una hinchazón sutil, un cansa
engo que d
s ojos iluminán
lo que sea,
el aire quemánd
embar
lo había visto en meses, un
la boca con las manos temblorosas-.
garganta se ap
razo subrogado. Para mi jefe y s
uió como una vela en
ró, procesand
la voz temblándome-. Para pagar
o por su mejilla pálida. Pero cuando ha
. No por el sacrificio
sus manos frías, o
: no olvides que tu
atiendo dentro de mí y una aferrándose de
tí, las palabras am
, entendí que nada volvería a ser igual. Los Valdez habían re
de la Lucía de antes. Tres latidos me
inos entr
nes para