LOS TRILLIZOS DEL CEO VIUDO
ítu
V
nadie. Mamá se desmoronaba ante mí, aunque fingiera fortaleza. Su sonrisa temblaba como una hoja seca, su piel pálida como una sábana gastada, y sus ojos... ya no brillaban. Solo resistían
e el pecho, sin entender una palabra. Estaba de ocho meses, el peso brutal de los trillizos me aplastaba: cada paso era un esfuerzo, cada movimiento un recordator
no sonó en la oscuridad, un timbre qu
rave, exhausta-. Debe veni
o oí. No me puse abrigo ni zapatos decentes. Solo corrí, el frío de la noche mor
contracción que me dobló como un rayo. Aguanten, pequeños, pensé, presionando con las manos, el dolor irradiand
Su piel era casi translúcida, su respiración un susurro agonizante
rnura que me desgarró por dentro-. Prom
a hablar, las lágrimas ahogándom
rás tu vida. No te quedes sola... prom
le para su cuerpo debilitado, sus dedos
a cabeza, el sollozo a
no me dejes -s
a, como cuando era niña
hilo apenas audible-. Busca entre mis cosas..
a que me dejó confusa, pero no había tiempo para preguntar
itor c
o, más
pitido int
a
, aunque ya lo sa
le antes de que me la arrebataran para siempre. El dolor me golpeó como una ola, un vacío que me ahogaba, y ent
o borroso, sujetándome la barriga mientras el dolor se intensif
lí l
e Va
hundid
ran
aba grietas. Su rostro desencajado, ojos rojos, manos enredadas en el cabello
ahogada, ignorando el calamb
... ¿qué... q
ojos como pozos de agon
, y de pronto explotó, golpeando la pare
iblemente, su cuerpo convul
frenó. ¡Ella... murió al ins
ió espeso. Me faltó el aliento, y otra
cubriéndome la bo
orrar el recuerdo, y luego gritó, s
rabia cegadora, golpeando de nuevo la pared, el eco retumbando-. ¡No quería
to, pero el dolor lo cegaba
muerta. ¡Mue
su expresión cambió. Se endureció, se
tembloroso, su rostro contorsionado por la culpa y la ira-. ¡Si no hubiéramos insistido! ¡Si
adiando hasta la barriga, y otra contracció
to... -logré decir, la voz tembloros
lo como un recordatorio vivo de su pé
. ¡Más! ¡Lo que sea! Pero no quiero a esos niños. ¡No puedo! ¡No... después
vientre se intensificó, contracciones viniendo en oleadas
susurré, rota, doblándome p
a, su puño cerrándose hasta blanquear los nudillos-. ¡
sma por el pasillo, dejándome sola en el v
El doble. El triple. Un intento
mo si sintieran la tormenta. El dolor del parto me obligó a apoyarme en la pared, respi
perdido a
a de perder
queños... acababan
s, las lágrimas cayendo sobre la tela tensa, mien
r sollozos y dolor-. No como yo... no como él... no como
me quedaba. Lo único que aún me daba fuerza para se