Su Apatía, el Amanecer de la Libertad de Ella
Em
adora! ¡Ella es la que finge enfermedades, la que se hace la víctima, la que roba el trabajo de otros! -Mi equipo. Mi
cureció, apreta
asado por suficiente! -Levantó una mano, y por u
os, tomando una respiración profunda y entrecortada. Cuando los a
su voz baja y amenazante-. Irás con Alicia
e abrieron
rme? ¿Roga
mi brazo, sus dedos c
an como trozos de hielo-. Te pondrás de rodillas, Emilia. Le
oca. Mi visión se volvió borrosa. Esto no era solo humillación. Esto era aniquilación espirit
sa, apenas un susurro-.
hombros, sacudiénd
e murió salvando a mi familia, salvándo
o, Max! ¡No me arrastres a tu retorcido sentido de la obligación! Estamos d
piró, un sonido ca
ía creía que lo amaba. Todavía creía que solo estaba haciendo un berrinche. Creía que mi am
peles del divorcio. Mi rabia, mi dolor, alimentaban mis m
zo de nuevo, su
en sus ojos-. Si das un solo paso fuera de esa puerta, me aseguraré de que cada miembro d
que me quedaba. Conocía mi debilidad. La u
é -susurré, mi v
ncia, una sonrisa
ullo vale más que sus medios de vida. -Se volvió hacia la puerta-. ¡Gua
o en el sótano, usado por sus antepasados para castigar a los sirvientes rebelde
aron, sus manos como bandas de acero. Me arrastraron, pateando y gritando, por la escalera de caraco
do rancio. Un terror primitivo se apoderó de mí. Odiaba la oscuridad. Desde que era niña, el miedo a la oscuridad me había perseg
bía arrojado a ella. La
curruqué en un ovillo, temblando, sollozando, mi cuerpo sacudido por tem
esacostumbrados a cualquier iluminación, ardieron. Me sacaron a rastras, mis extremidades entu
el ceño fruncido. Me
tó, su voz áspera-. ¿P
da, una leve sonrisa
siendo dramática. Tratan
ción en su profundidad, se endurecieron
te, Emili
i voz un graznido. No podía formar las palabras. No lo h
mi negativa, so
s? Emilia y yo necesitamos tener u
e miró una última vez, un destello de algo indescifrable en sus
moronó. Sus ojos, llenos de un odio venenoso, se entrecerraron. Me agarró
empre te he odiado! -Sus dedos se cerraron alrededor de mi garganta, apretando-. ¡Él era mío! ¡Antes que tú! ¡Siempre me amó! ¡Solo es
Necesitaba aire. Mis manos la ara
hizo añicos, lloviendo cristales. Figuras con
su presencia. Pero la ha