“Creí que mi matrimonio arreglado con el despiadado magnate Maximiliano Ferrer era una historia de amor cuando arriesgó su vida para salvar la mía. Pero cuando apareció Alicia, su frágil amiga de la infancia, vi la verdad. Él entraba en pánico si ella se hacía un simple rasguño, pero ni parpadeaba cuando yo saltaba de aviones. Con su bendición, ella me robó mi empresa, el trabajo de toda mi vida. En mi propia fiesta de cumpleaños, él la anunció como la nueva directora. Cuando grité la verdad, ordenó que me drogaran. Me encerró en un oscuro cuarto de aislamiento en el sótano durante tres días, sin comida ni agua, porque Alicia afirmó que yo estaba "perdiendo el control". Me sacó de allí, débil y rota, y exigió que me arrodillara para pedirle perdón a la mujer que me había destruido. Finalmente lo entendí. Su "amor" nunca fue amor. Era apatía. Simplemente no le importaba si vivía o moría. Así que, después de que creyó su última y cruel mentira y me dejó por muerta, tomé los papeles de divorcio que había firmado sin cuidado y me marché. Esta vez, para siempre.”