Su Apatía, el Amanecer de la Libertad de Ella
Em
Me ardía la garganta. Las lágrimas se habían detenido.
, sus ojos fijos en mí. No dijo nada. No ofreció consu
o funcionan con quienes te aman. É
la frialdad de mi piel un marcado contraste con el a
ctando a cada persona que conocía, moviendo todos los hilos, tratando de encontrarles nuevos trabajo
itara, que llorara, que suplicara. Que me aferrara a él, como él pensaba que siempre
equiv
s alejado de la habitación, tomé una revista y comencé a hojearla, d
el pecho de Max. No podía identificarla. Esta
cilante-. He arreglado u
anté l
pensa
admiraste, la de San Miguel de Allende. Es tuya. Solo a tu nom
de hombros, pas
éda
ó boqui
ensó que estaba siendo difícil. Terca. Pensó
ro -dije, m
un filo desesp
l divorcio. Lo tendrás todo. La mitad de mis
lenta sonrisa extend
es de d
livio inundan
malos. Y podremo
mando los papeles-. L
abía ganado. Pensó que finalmente estaba cediend
documentos. Mi corazón no sentía nada. Ni
u teléfono. Su r
a, fue una daga en mi corazón. Murmuró pala
resión de rep
ia... no se siente bien. -Com
apresurada partida. Sostuve los
ró, m
peres. -Garabateó su firma en la última página, sus ojos ya en la
rmados. Los de verdad. No el acuerdo de compensación. No el a
en mi corazón. La creencia de que su protección, naci
r. El silencio era pesado, sofocante. No podía dormir. Mi mente
ojos ardiendo de furia. Se acercó a la cama, sus manos agarr
-rugió, su voz espesa po
tes e involuntarias. Las vio, y por una fracción de segundo, su agarre se aflojó. Sus
rabia regresó, m
! ¡No tienes derecho! ¿C
te de qué estaba habland
voz plana, desprovista de emoción-. ¿La empujé por las escale
contrajo en
Cosas horribles, viles! ¡Amenazaste
i voz fría-. No me rebajar
e de correos maliciosos, llenos de detalles personales sobre el pasado de Alicia, detall
un miedo helado
ije, mi voz temblando-. Es falsa. Al
onido áspero
más estaría tan desesperado por lastimar a Alicia? -Sacudió la cabeza, sus ojos llenos de asco-.
, mi mente dando vueltas. Esto era. La traición final. Realmente le creía a e