“Durante siete años, fui la esposa secreta de Santiago Robledo, una estrella política en ascenso. Sacrifiqué mi propia carrera como periodista para ser su "pilar", el fantasma detrás de su vida perfecta, creyendo siempre en su promesa de que todo era por nuestro futuro. Esa promesa se hizo añicos la noche que trajo a su amante, Brenda, a nuestra casa. Ella me miró de arriba abajo, y luego se arrojó por las escaleras, soltando un grito teatral. -¡Me empujó! -chilló. Santiago no dudó ni un segundo. Me soltó una bofetada que me volteó la cara. Sus ojos ardían con una furia que jamás le había visto. -¡Maldita perra! ¿¡Qué le hiciste!? -gruñó, corriendo a su lado. La acunó en sus brazos, su rostro era una máscara de preocupación por ella y de odio puro hacia mí. Le creyó al instante, dispuesto a pintarme como un monstruo violento y celoso para proteger su aventura y su carrera. En ese instante, viendo elegirla a ella, viendo cómo mi vida se hacía polvo bajo su mirada fría e indiferente, la mujer que lo había amado durante veinte años murió. Pero entonces, regresé. Renací en ese mismo momento, con el recuerdo de su traición ardiendo en mi alma. Y recordé lo único que él había olvidado: la cámara de seguridad oculta en la entrada, grabando su crimen perfecto.”