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El Remordimiento del Alfa: Asesinada por su Compañero

Capítulo 5 

Palabras:748    |    Actualizado en: 05/12/2025

Zora Fa

a cadenas, ni sábanas blancas. Era simplemente una co

ano, observando el caos abajo con

tirando las paletas del desfib

ra estaba

la muerte

rí de nuevo y ampliado la incisión en el abdomen

el cielo

-preguntó l

ganos... están licuados. Es Acónito. Exposición masiva y crónic

ia. Fue espantoso,

, dejando caer su instrumento. Repiquet

a? -exigió, su voz

otr

tiene una! ¡Y está marchita y negra! ¿

ra negó co

xpediente dice

con horror en sus ojos-. No tenía una de repuesto para dar

. Estaba recargado contra la pared, luciendo relajado. Pensaba que solo estaba durmien

miró el órgano moribundo

etra, con la voz temblorosa-. Es nec

a-. El Alfa ordenó un trasplante. Si Laila muere porque

a presionarlo. Podía decirle a Simón la verdad ahora m

so, inestable y ciegamente devoto a Laila. Si Petra sal

ando su rostro-. Quería el poder de la Loba Blanca. Cree qu

endureció. Era una mirada

a. Si su cuerpo rechaza el veneno, es s

í. El pedazo que me había mantenido v

la conexión, un recuerdo me

cinco

n un sótano. No nuestro sótano, sino una clínica

entonces. Estaba desesperada. No tenía talento

hillo de plata-. Eres la Loba Blanca. Eres fuerte. Pued

mi esencia para implantársela a sí misma, para fi

s después, sangrando y rota, mi ma

aba de donar su riñón a tu padre! ¡Salvó al Al

. Me tiraron

emblando bajo un puente. Me envolvió con su chaqueta.

lvo ahora -

n el pasillo. Estaba revis

entonces, solo pa

cia ennegrecida en u

tor -susurró-. Que

la pared, siguie

ante de Laila. *¿Querías ser yo con tanta

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El Remordimiento del Alfa: Asesinada por su Compañero
El Remordimiento del Alfa: Asesinada por su Compañero
“-¡Fírmalo! -gruñó Simón, azotando el documento sobre la mesa desvencijada. Como el Alfa de la Manada Luna de Plata y mi compañero destinado, no estaba pidiendo un favor. Me estaba ordenando que entregara mi Esencia de Lobo -la fuente misma de mi vida- a mi hermana moribunda, Laila. -Si le doy mi esencia, moriré -susurré. Mi cuerpo ya temblaba por el veneno oculto que corría por mis venas. Pero Simón solo me miró con esos ojos ámbar, fríos como el hielo. -Deja de mentir, Zora. Solo estás celosa porque ella es la futura Luna y tú no eres nada. Fírmalo, o te rechazaré públicamente ahora mismo. Rota y sin esperanza, firmé mi sentencia de muerte. Morí en el momento en que el bisturí de plata tocó mi piel en la mesa de operaciones. Fue solo durante la autopsia que la cirujana gritó de horror. Descubrió que mis órganos estaban licuados por un envenenamiento crónico de acónito. Y peor aún, descubrió que no tenía esencia para dar. Mi esencia primaria ya había sido robada cinco años atrás; arrancada de mí por la propia Laila para fingir su propio poder. Simón cayó de rodillas en la morgue, destrozado por la revelación. Había obligado a su verdadera compañera a morir para salvar al monstruo que la había estado matando todo el tiempo. En un ataque de locura, ejecutó a Laila y luego se clavó una daga de plata en su propio corazón, desesperado por encontrarme en el más allá. -Estoy aquí, Zora -lloró su fantasma, arrodillándose ante mí en el reino de los muertos-. Por favor, perdóname. Miré al hombre que me había visto pudrirme sin verme realmente. -No -dije. Y le di la espalda para siempre.”
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