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El Remordimiento del Alfa: Asesinada por su Compañero

Capítulo 2 

Palabras:841    |    Actualizado en: 05/12/2025

de Z

metálico de la sangre que cubría constantemente mi lengua. Arrastraba los pies hacia la sala de preparación,

án las nota

, tambal

é no

-espetó-. Laila las necesita. Dijo que te dejó los cálculos finales para

y estertórea. Me dol

ice? ¿La investigación que ella ha estado

por los hombro

ociones más joven en la historia de la Manada Luna de P

eñalando la desgastada bolsa

n ella hasta encontrar el cuaderno encuadernado en cu

sus tacones resonando bruscame

tie

o como una reliquia sagrada-. Trat

e miró con

ace en su lecho de muerte. La manada es primero, Zora. Laila es

aba allí, sentada en una silla de ruedas, empujada por una en

l cuaderno y ofreció una

staba tan preocupada de

su mirada recorriera mi cuerpo, burlándose de mi incapacidad para transformarme

de electricidad estática. No era el vínculo de compañeros, era magia robada. Estaba sifona

hueca-. Tomen el libro. To

a de preparación, ignorando al guardi

les que me quedaban. Una bufanda que había tejido para Simón para el próx

nerador de riesgo bi

ha de la lana gris más fina. Había vertido mi amor en cada pun

aer en la

s -su

y negro salpicó el inmaculado piso blanco. Mi loba interior aulló, un sonido

món y Laila estaban allí de nue

ó los números! ¡La dosis está mal! ¡Si hubiera u

o de mi sangre tóxica sin siquiera notarlo. Me aga

etros de la mía-. ¿Trataste de sabotear su trabajo? ¿

ando más allá de mis labios-. Esas

su silla de ruedas-. ¡Quieres que

de rodillas, sangrando negro, Simón sosteniéndom

, Zora. Discúlpate con tu hermana

al hombre que se supon

-d

un sonido pro

desafí

dije, una extraña calma invadiénd

atrás. Golpeé la par

ndaban nerviosas en el pasillo-. Córtenle l

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El Remordimiento del Alfa: Asesinada por su Compañero
El Remordimiento del Alfa: Asesinada por su Compañero
“-¡Fírmalo! -gruñó Simón, azotando el documento sobre la mesa desvencijada. Como el Alfa de la Manada Luna de Plata y mi compañero destinado, no estaba pidiendo un favor. Me estaba ordenando que entregara mi Esencia de Lobo -la fuente misma de mi vida- a mi hermana moribunda, Laila. -Si le doy mi esencia, moriré -susurré. Mi cuerpo ya temblaba por el veneno oculto que corría por mis venas. Pero Simón solo me miró con esos ojos ámbar, fríos como el hielo. -Deja de mentir, Zora. Solo estás celosa porque ella es la futura Luna y tú no eres nada. Fírmalo, o te rechazaré públicamente ahora mismo. Rota y sin esperanza, firmé mi sentencia de muerte. Morí en el momento en que el bisturí de plata tocó mi piel en la mesa de operaciones. Fue solo durante la autopsia que la cirujana gritó de horror. Descubrió que mis órganos estaban licuados por un envenenamiento crónico de acónito. Y peor aún, descubrió que no tenía esencia para dar. Mi esencia primaria ya había sido robada cinco años atrás; arrancada de mí por la propia Laila para fingir su propio poder. Simón cayó de rodillas en la morgue, destrozado por la revelación. Había obligado a su verdadera compañera a morir para salvar al monstruo que la había estado matando todo el tiempo. En un ataque de locura, ejecutó a Laila y luego se clavó una daga de plata en su propio corazón, desesperado por encontrarme en el más allá. -Estoy aquí, Zora -lloró su fantasma, arrodillándose ante mí en el reino de los muertos-. Por favor, perdóname. Miré al hombre que me había visto pudrirme sin verme realmente. -No -dije. Y le di la espalda para siempre.”
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