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El Remordimiento del Alfa: Asesinada por su Compañero

Capítulo 3 

Palabras:660    |    Actualizado en: 05/12/2025

de Z

n mi vida; que

una bata de hospital delgada y humillante, mi teléfono vibrab

n dedos te

Verdad Detrás d

mis teorías \"defectuosas\" en su trabajo, razón por la cual la Academia había marcado su reciente artículo por

s eran una ava

ga inú

a ser des

sigue en l

omo una tormenta. No habló. Me agarró del brazo, su aga

pido! -grité, tropezando. Mis pies des

como a un desterrado, como basura, directo a la sala de espera princi

uro sobre mis rodillas, el i

endo un teléfono. La luz roja estaba e

sala -y todos viendo en línea- pudieran escuchar-. Dile a l

ta hace cinco años. El chico que me había envuelto con su cha

ser, un sonido del

ándose el pecho-. Su aroma... es

oma. El veneno lo había eliminado

arrojaré al calabozo. Puedes pudrirte en la oscuridad

lenta e insoportable. La cirugía era una guillot

cámara. Miré a los m

quebró-. Tengo c

dre desde la esquina, c

erta-. Mentí. Laila es la gen

, con un brillo c

o si

sión. Al instante dejó de jadear. Me miró con

me odies, yo todavía te am

nos-. Laila tiene el corazón de una verdadera

o desdén-. Sáquenla de mi vista. L

alda para abr

o débil para moverme. El Enlace Mental zumbab

ron que l

uero

ce mo

ojos, bloq

o ayudarme a levantarme. S

avaja de afeitar-. Incluso la Diosa Luna te ha abandonado. Si

pie. No dije una palabra. No quedaban palabras. Sim

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El Remordimiento del Alfa: Asesinada por su Compañero
El Remordimiento del Alfa: Asesinada por su Compañero
“-¡Fírmalo! -gruñó Simón, azotando el documento sobre la mesa desvencijada. Como el Alfa de la Manada Luna de Plata y mi compañero destinado, no estaba pidiendo un favor. Me estaba ordenando que entregara mi Esencia de Lobo -la fuente misma de mi vida- a mi hermana moribunda, Laila. -Si le doy mi esencia, moriré -susurré. Mi cuerpo ya temblaba por el veneno oculto que corría por mis venas. Pero Simón solo me miró con esos ojos ámbar, fríos como el hielo. -Deja de mentir, Zora. Solo estás celosa porque ella es la futura Luna y tú no eres nada. Fírmalo, o te rechazaré públicamente ahora mismo. Rota y sin esperanza, firmé mi sentencia de muerte. Morí en el momento en que el bisturí de plata tocó mi piel en la mesa de operaciones. Fue solo durante la autopsia que la cirujana gritó de horror. Descubrió que mis órganos estaban licuados por un envenenamiento crónico de acónito. Y peor aún, descubrió que no tenía esencia para dar. Mi esencia primaria ya había sido robada cinco años atrás; arrancada de mí por la propia Laila para fingir su propio poder. Simón cayó de rodillas en la morgue, destrozado por la revelación. Había obligado a su verdadera compañera a morir para salvar al monstruo que la había estado matando todo el tiempo. En un ataque de locura, ejecutó a Laila y luego se clavó una daga de plata en su propio corazón, desesperado por encontrarme en el más allá. -Estoy aquí, Zora -lloró su fantasma, arrodillándose ante mí en el reino de los muertos-. Por favor, perdóname. Miré al hombre que me había visto pudrirme sin verme realmente. -No -dije. Y le di la espalda para siempre.”
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