icon 0
icon Recargar
rightIcon
icon Historia
rightIcon
icon Salir
rightIcon
icon Instalar APP
rightIcon

Su Cruel Obsesión, Su Agonía

Capítulo 3 

Palabras:687    |    Actualizado en: 22/08/2025

amables y manos suaves, trazó las líne

edimiento mayor, señorita Garza. Conlle

un mes después, dándole

to, su mano firme. El nombre 'Sofía Garza' en el pap

bía jurado que preferiría morir antes que perderla. Ese hombre se había ido

alizado, un lugar seguro lejos del alcance de Da

a en el sofá, Isabella sentada a horcajadas sobre él,

primero, apartán

So

ella hacia él, su mano deslizándose bajo su camisa. Estaba

a, luego miró a Sofía co

u voz goteando falsa dul

o Sofía no sintió nada. Una calma serena y escalofriante s

era el único lugar al que Isabella tenía prohibido entrar. Damián lo había

s pedazos. Destrozó la guitarra hecha a medida que Damián le había regalado en su p

lo. Las llamas saltaron, consumiendo el pasado,

bo ido, regresó a

ento en que Sofía entró, Isabella soltó

s uñas arañando el rostro de Sof

da, demasiado aturd

ando? -preguntó, ap

ara atronadora de furia. Inmediatamente fu

lla, señalando a Sofía con un dedo t

uñó Damián, sus ojos fijos

anchando el mármol blanco. Un pequeño sobre vacío yacía a su lado. Era un

Lástima por el niño no nacido, y por la mujer

na-. Estuve en el estudio todo el tiempo

ó otro solloz

iempre ha estado cel

urrándole palabras tranquilizadoras al oído.

brazos. La arrastraron fuera de la habitación, hasta el s

ared, el metal frío m

a del dolor. El amor que había sentido por Damián era un recuerdo lejano, un eco dé

Obtenga su bonus en la App

Abrir
Su Cruel Obsesión, Su Agonía
Su Cruel Obsesión, Su Agonía
“Mi hermano menor, Ernesto, estaba atado a una silla de metal, convulsionando, con el rostro de un espantoso color azul. Yo estaba de rodillas, suplicándole a Damián Ferrer, el hombre que alguna vez amé, que se detuviera. Él me miró desde arriba, su hermoso rostro era una máscara de fría indiferencia, y me ofreció una opción: cien latigazos para mí, o que Ernesto tomara mi lugar. Dijo que Isabella, la mujer que se parecía a mí y con la que ahora estaba obsesionado, necesitaba ser apaciguada. La llamaba su "terapia", afirmando que mi desobediencia la alteraba. Le recordé que Ernesto tenía fibrosis quística, que su cuerpo ya era tan débil, pero Damián se burló, diciendo que su dolor era mucho mayor. Ernesto, apenas consciente, susurró: -No... no lo hagas por mí. Pero acepté el látigo, solo por su medicamento. La expresión de Damián se suavizó, atrayéndome a una cruel ilusión de seguridad. Entonces, su sonrisa se desvaneció. -Te equivocaste -susurró, con un brillo en los ojos-. No eliges quién recibe el castigo. Solo aceptas que se aplique. Señaló a Ernesto. -Él recibirá los latigazos por ti. Grité, luchando por proteger a mi hermano, pero Damián me sujetó con fuerza, hundiendo mi cara en su pecho. No podía ver, pero oí todo: el chasquido seco del látigo, el golpe nauseabundo, el gemido ahogado de Ernesto. Una y otra vez. El hombre que amaba era un monstruo que encontraba placer en mi dolor.”
1 Capítulo 12 Capítulo 23 Capítulo 34 Capítulo 45 Capítulo 56 Capítulo 67 Capítulo 78 Capítulo 89 Capítulo 910 Capítulo 1011 Capítulo 1112 Capítulo 1213 Capítulo 1314 Capítulo 1415 Capítulo 1516 Capítulo 1617 Capítulo 1718 Capítulo 1819 Capítulo 1920 Capítulo 20