ñorita Armstrong quiere un postre. El señor Mart
o momento. Evertt complacía todos sus cap
evanté en silencio de la cama. Al pasar por la
lsa compasión. "Su marido la engaña y
algo reconfortan
e físico. Fui a la cocina y me puse a mezclar ingredientes
lee. Ella lo miró y puso mala cara, diciendo:
r una palabra. Oí su risita triunfante y el murmullo car
e, pero ella volvió
z encontraba una razón para rechazarlo. Y mientras tanto, Evertt seguía s
tiramisú. Entonces volví a la cocina para preparar
máticamente. "¡Qué asco! ¿Acaso intentas envenen
ra y el cabello. Un trozo de mango me c
de Kylee están muy alteradas". Luego me miró, cubierta de postre, con una expresión de fastidio y a
gajosa goteándome por la cara. La situaci
llación; el recuerdo de sus caricias y el aroma de su perfume. Miré mi reflejo en el agua, pero la mujer que me devolvía la mirada era un fantasma. L
arque de atracciones donde Evertt me había propuesto matrimonio. Compré un boleto, pero me quedé de pie
é con leche y caramelo, pero solo le di un sorbo y lo aparté, pues estaba demasiado dulce
miliares; cada esquina guardaba un r
rezado por el reloj. Subí los escalones de piedra, uno a uno, y el mo
hoy, hija mía?
misma",
: "Lo que se pierde se puede volver a encontrar, pe
muleto, y tuve una
lsillo los trozos quemados del reloj y dejé que el viento los dispersara. C
brillaba la cuenta regresiva. 'Un día más', pensé. Toqué suav
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