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El donante me quitó la vida

Capítulo 4 

Palabras:674    |    Actualizado en: 01/08/2025

dejando que el agua fría sacudiera mi sistema.

la imagen de ellos en el hospital, ni el so

na toalla y envié un

igües todo lo que puedas s

ue me había asociado durante mi investigación de posgrado en el

ó con un me

a. Está

gunté, con el corazón l

ntaron en un pequeño juzgado de un municipio. Usó un poder notarial que firmaste antes d

o a la oreja. Me abracé el estómago mientras una ola

na horrible sinfonía de dolor. Un chiste. Mi vida entera era un chi

ame", la voz de Javier estab

ca. "¿Javier? Esa oferta que me hic

onio?". Sonaba sorprendi

lma apoderándose de mí. "H

ta ciudad, esta vida, ya no

abogados, a mis asesores financieros. Comencé el proceso de mover mis a

enos de huecas declaraciones de amor y preocupación. Sabía que estab

. El aire estaba impregnado del aroma a lavanda, demasiado fuerte, empalagoso. Podía oír voces,

ra la voz de Cosme,

ste incienso es potente. La mantendrá inco

garre. Presionó expertamente mi pulgar en una alm

facción en su voz. "Una vez que esta declaración se ha

mento en que regresa, estas historias comienzan a difundirse e

riadna. Si quisiera venganza, quemaría mi empresa hasta los cimientos. N

olviéndose dur

si me entero de que Ariadna, o quien sea, está tratand

e amaba amenazarme para proteger a la mujer que me había robado la vida. El ho

Había sido pulverizado hasta convertirse e

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El donante me quitó la vida
El donante me quitó la vida
“Yo era Ariadna Valdés, un portento de la tecnología, un genio celebrado en el "Silicon Valley" de Monterrey, con un esposo que me adoraba, Damián, y el mejor amigo más leal del mundo, Cosme. Mi universo era perfecto, hasta que una extraña y agresiva enfermedad hepática amenazó con arrebatármelo todo. Me prometieron que me salvarían, y lo cumplieron. Tres años de lucha, un trasplante exitoso, y por fin estaba sana, lista para darles la sorpresa de sus vidas. Pero cuando llegué a mi penthouse, un guardia de seguridad me detuvo, asegurando que la señora Herrera ya estaba arriba. Mi sonrisa se congeló cuando me mostró una foto: Karla Gutiérrez, mi donante de hígado, de pie en mi balcón, luciendo exactamente como yo. El mundo se me vino encima. Me tambaleé, golpeándome la cabeza, mientras la voz de Damián resonaba en la radio del guardia, ordenándole que se deshiciera de la "loca" que estaba molestando a Karla, su "esposa". Estaban en mi casa, en mi cama, en el penthouse que Damián diseñó para mí. Karla, la mujer por la que sentí lástima, la que juraba no aceptar caridad, ahora vivía mi vida, con mi esposo y con el hombre que era como mi hermano. El dolor en mi cabeza no era nada comparado con la agonía que me desgarraba el pecho. Mi esposo, mi hermano... estaban juntos en esto. La traición era absoluta. Fue entonces cuando supe que mi mundo perfecto era una mentira podrida, y que yo no era más que un estorbo que había que manejar.”
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