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El donante me quitó la vida

Capítulo 3 

Palabras:781    |    Actualizado en: 01/08/2025

e la habitación. Miró la pantalla y su rostro se tensó. Me lanzó una mirad

baja, pero escuché fragm

. yo me encargo... volve

da, goteaba una ternura q

pastel de queso que te gusta.

con una máscara de discul

mirarme directamente a los ojos. "Una

para que sus labios aterrizaran en mi mejil

ntí, en

mí, con el ceño fruncido por

desdén. Eran tan buenos en esto, actuando

dejaremos descansar", dijo. E

de un profundo y teatral afecto.

ortante, pero que ahora se sentía como una violación. "D

s el juego hasta que la puer

l sonido de la puerta de una jaula cerrándose. Un mundo conmigo

anza a la que pudiera haberme

n reloj en la pared, cada segundo un martillazo contra mi corazón. Me estaban

sa noche. Envió un

amor. Se me complic

ente, Cosme

al hospital p

r el vestíbulo cuando un alboroto cerca

la vista

amente alrededor de los hombros de Karla. La miraba

otro lado, su vo

aza de aborto, Karla. Tienes qu

or

eó con la fuerza d

. Estaba e

"No debiste haberme dejado sola anoche", gimoteó

culpa. "Tienes razón. Es todo cul

scansando suavemente sobre su vientre aún plano. La mirada en sus ojos... era una mir

oz densa por la emoción. "N

una pequeña sonrisa triunf

ntando un tono alegre. "Más

recortados contra la luz brillante de la entrada del ho

pecho de Damián. "¿Siempre s

"Claro que sí. Eres mi

osa. M

de nuevo. Me llevé la mano a l

hospital, mis piernas movié

ibró. Un men

a? Perdón, se me complicó una junta y no pu

ido roto e histérico que era mitad sollozo, mitad chillido. Las lá

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El donante me quitó la vida
El donante me quitó la vida
“Yo era Ariadna Valdés, un portento de la tecnología, un genio celebrado en el "Silicon Valley" de Monterrey, con un esposo que me adoraba, Damián, y el mejor amigo más leal del mundo, Cosme. Mi universo era perfecto, hasta que una extraña y agresiva enfermedad hepática amenazó con arrebatármelo todo. Me prometieron que me salvarían, y lo cumplieron. Tres años de lucha, un trasplante exitoso, y por fin estaba sana, lista para darles la sorpresa de sus vidas. Pero cuando llegué a mi penthouse, un guardia de seguridad me detuvo, asegurando que la señora Herrera ya estaba arriba. Mi sonrisa se congeló cuando me mostró una foto: Karla Gutiérrez, mi donante de hígado, de pie en mi balcón, luciendo exactamente como yo. El mundo se me vino encima. Me tambaleé, golpeándome la cabeza, mientras la voz de Damián resonaba en la radio del guardia, ordenándole que se deshiciera de la "loca" que estaba molestando a Karla, su "esposa". Estaban en mi casa, en mi cama, en el penthouse que Damián diseñó para mí. Karla, la mujer por la que sentí lástima, la que juraba no aceptar caridad, ahora vivía mi vida, con mi esposo y con el hombre que era como mi hermano. El dolor en mi cabeza no era nada comparado con la agonía que me desgarraba el pecho. Mi esposo, mi hermano... estaban juntos en esto. La traición era absoluta. Fue entonces cuando supe que mi mundo perfecto era una mentira podrida, y que yo no era más que un estorbo que había que manejar.”
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