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El Secreto de Mateo: Un Padre

Capítulo 2 

Palabras:554    |    Actualizado en: 09/07/2025

ostro intentaba mostrar una especie de afecto paternal que res

o...", empe

ente, como si el contac

Y no me llames así. Mi padre es Ricardo Mendoza. El

La humillación pública era un

e y melosa, una táctica de manipul

Mateo. "Hay cosas que no sabes, secretos que hemos guardado

n fijos en Javier, llenos de repulsión. Lu

e secretos? ¿Tú, que deberías estar al lado de mi papá, te pones del lado de este

a lealtad y la justicia por encima de todo. Miré a Sofía, cuya cara de falsa c

jo' no está muy convencido. ¿Tiene

a de Sofía. Su rostro se enrojeció

udiste tener hijos! ¡Tu problema de infertilidad era conocido! ¡E

llenó el salón. El silen

y una mujer cuya vida consistía en el chisme

te. "El linaje de los Mendoza se acaba aquí. La sangre de mi sobrino

imperio para el hijo de otro", dijo un primo de Sofía. "Siempre supimos que algo andaba mal", añadió una

. Su voz resonó con una auto

rentela. "Saquen a esta gente de aquí. No son bienvenidos. Están interrumpi

o. No era solo un campeón en la montaña; era un campeón en la vida. En ese instante, todo el plan, cada pieza cu

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El Secreto de Mateo: Un Padre
El Secreto de Mateo: Un Padre
“El champán burbujeaba en "Alma de Fuego", mi restaurante, mientras celebrábamos a Mateo, mi hijo campeón de ciclismo. Pero la puerta se abrió de golpe y Sofía, mi esposa, entró con Javier, mi "mejor amigo", con rostros congelados. "Esta celebración se basa en una mentira", soltó Sofía, anunciando que yo había ocultado la "verdad" de Mateo durante dieciocho años. Mi cuerpo se tensó, observando a mi alrededor mientras veía a sus buitres familiares relamerse por mi caída. Mateo, mi orgullo, se interpuso, defendiéndome con furia: "¿Qué demonios están haciendo? Esta es la noche de mi papá". "Javier es tu verdadero padre, él te dio la vida", me interrumpió Sofía, con una voz falsamente dulce. "¿Tú te atreves a hablar de secretos?", le espetó Mateo, rompiendo mi fachada con su lealtad inquebrantable. Sofía, desquiciada, gritó: "¡Todos saben que nunca pudiste tener hijos, Ricardo! ¡Este es el hijo de Javier!". El linaje de los Mendoza se acababa, vociferaba la tía Elena, mientras los parásitos de su familia relinchaban de alegría. "¡Seguridad! ¡Saquen a esta gente de aquí!", ordenó Mateo, con una autoridad que me llenó de un orgullo inmenso. Confirmaron que traían una prueba de ADN que aclararía "todo" y sentir la mano de Mateo buscar la mía me partió el alma. "No te preocupes, hijo. Tú y yo sabemos quiénes somos", le susurré, mientras mis ojos me suplicaban que no lo decepcionara. Y entonces, con mi voz temblorosa, le di gusto a la víbora: "Sofía... si esto es verdad... ¿qué pasará ahora?". "Podrás quedarte con el restaurante, es lo único que te queda", respondió, con la clara intención de apoderarse de mis propiedades. Sabía que querían destruirme. Querían mi dinero, mi alma. Pero ese día, yo tenía mi propia sorpresa.”
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