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La Sustituta del Vestido Rojo

Capítulo 3 

Palabras:590    |    Actualizado en: 09/07/2025

erté con el sonido de risas in

me latió

rli

ma de un salto y co

uatro años, corriendo por el cé

o esta

o, estaban Doña Elena y una jov

es la

la. Is

abía traído a la cas

antemente a las fotos de Ana qu

s tres juntos, como

bservándolos desde una v

arganta, pero lo ignoré.

mente. Cuando llegué al j

l frialdad. Isabella sonrió con u

iró con sus grandes ojos,

je, abriendo los brazos p

traña, casi co

d

buela, lueg

dije, tratando de mantener la sonrisa en mi

paso h

paso hac

dijo en

detuvo por

?" su

repitió, más

nces,

corrió h

aferró a su pierna y esc

onriéndome por encima de su cab

suelo desaparecie

opio

e estaba

extraña que se par

ena de una satisfacción cruel. "Los n

ude

in mirar a nadie,

ré la puerta con llave y

lencio de mi cua

hijo que me h

años de humill

ue me había convertido, soportando

ro el dolor se convirtió en

aca

más que me ata

una pequeña maleta, la misma con la que habí

r de vestidos, mis libros, las pocas

asomé a la venta

ón de las gardenias que yo misma

esmero, con la tonta idea de que si ellas florecí

cos me parecían un reco

s," s

a las

s a

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La Sustituta del Vestido Rojo
La Sustituta del Vestido Rojo
“La música de la fiesta apenas existía para mí, aunque estaba en medio de todo, una extra en mi propia vida, llevaba un vestido rojo, un pequeño acto de rebeldía. Pero cuando Mateo me vio, su rostro se transformó, y sus palabras heladas, "¡¿Qué demonios traes puesto?!", golpearon como un puñal. "Te dije que no usaras rojo," sentenció, y su madre, Doña Elena, remató con una sonrisa de víbora: "Ella no es Ana." Ahí estaba la verdad que me ahogaba: yo era la sustituta, la mujer sin apellido que solo servía para dar un heredero, jamás la esposa. Sentí que el aire se me iba de los pulmones, la humillación quemaba, y por un instante, me pregunté si había algo de verdad en sus crueles palabras. "Necesito un poco de aire," dije, soltándome de su agarre, y dejé atrás la farsa, porque algo en mí, por fin, se negaba a seguir viviendo así.”
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