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Entre Celos y Psicosis: Ella

Capítulo 4 

Palabras:850    |    Actualizado en: 09/07/2025

ndió su mano libre hacia el botón de mis pantalones. El tiempo se detuvo. Mi mente gritaba, pero de mi boca no salía

ándome para la violaci

NIOS ESTÁ PA

hizo temblar las paredes. M

taba en l

her

a los guardias que me sujetaban, a mi blusa rasgada, a mi rostro lleno de lágrimas y terror. Y f

ovió. El mundo entero pare

iguel re

tros. Agarró al guardia que me sujetaba por el cuello de la camisa y lo lanzó contra

, me soltó instintivame

sotros solo seguí

E!" rugi

de horror y dolor profundos. Vio el miedo en mis ojos, los moretones que em

s mío... ¿qué

e. Su calor era lo único real en ese mundo de locura. Me aferré a él, temblando in

ance. Intentó recuperar el control,

razarlo. "¡Tu hermana se volvió loca! ¡Me atacó! ¡Mira lo que

ón, sin siquiera mirarla. To

n voz baja, su mandíbula apretada con

asentir, inca

. Se enderezó, y cuando se volvió hacia I

o de a

n fría que he

arpadeó, c

, no me estás

QUE TE L

a ella, su cuerpo temblando de una rabia con

ada, con la ropa rasgada, sujetada por tus matones. Y

tan profundo que I

es una excusa. Lo que hicis

guardias, que se

parecer de mi vista antes de que llame a la policía

e lo dijera dos veces. Prácticamente

as empleadas, que se habían

y váyanse. No quiero volver a v

testar. "Pero, seño

AHO

l. Salieron huyendo como rat

tación destrozada. Miguel, Isabella y yo. El

e ahora lloraba, intentand

r... es la depresi

la razón. Miraste a mi hermana a los ojos y trat

, su voz tembl

a mujer que dejó su vida para venir

ento pensé que iba a golpearla

e. No pasarás una noche más bajo este techo. Nuestro ma

ente la alcanzó. Pero ya era demasiado tarde. La verdad había salido a la luz

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Entre Celos y Psicosis: Ella
Entre Celos y Psicosis: Ella
“Soy Sofía Durán, psicóloga. Dejé mi vida y mi exitoso consultorio en la Ciudad de México para cuidar de mi cuñada Isabella, que sufría de depresión posparto. Pero en lugar de agradecimiento, Isabella, consumida por celos y delirios, irrumpió en mi consultorio improvisado con una furia desatada. Me abofeteó, gritando acusaciones retorcidas sobre una supuesta infidelidad con mi propio hermano, Miguel. Ante los ojos aterrorizados de las empleadas y la sonriente complicidad de su amiga, Patricia, Isabella y sus secuaces destrozaron mi consultorio, tirando libros al suelo y rompiendo mi laptop. Luego, con una crueldad calculadora, se ensañó con mis archivos confidenciales de pacientes, rompiendo hoja por hoja el expediente de un niño traumatizado, Mateo, mi caso más delicado. El dolor y la humillación eran insoportables. Pero el verdadero terror comenzó cuando, no satisfecha con la destrucción física, ordenó a sus guardias de seguridad que me desnudaran para fotografiarme, con la intención de destruir mi reputación para siempre. Incapaz de hablar, con el corazón gritando, cerré los ojos, preparándome para lo inevitable. Pero justo entonces, la voz de Miguel, furiosa y atronadora, resonó en la habitación, deteniendo el horror. Aliviada, me aferré a él, llorando incontrolablemente. En los días siguientes, en mi mente, orquesté una fría venganza, replicando su crueldad en un sótano oscuro. Sin embargo, en el instante decisivo, la realidad me golpeó: la violencia y la confesión eran solo una alucinación. Isabella no era un monstruo, sino una paciente más, hundida en una psicosis posparto. La justicia que buscaba no era la violencia, sino la ayuda profesional. Aunque esto significara irme y dejar atrás las hirientes dudas de mi propio hermano, ahora debía reconstruir mi vida.”
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