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Entre Celos y Psicosis: Ella

Capítulo 1 

Palabras:750    |    Actualizado en: 09/07/2025

Su esposa, Isabella, acababa de tener un bebé y la depresión posparto la estaba consumiendo. Vine a ayudar, a cuidar de ella y de mi sobrino. Instalé un pequeño consultorio

se abrió de un golpe seco, e

Patricia, su amiga inseparable, y dos de las emplea

tás, maldi

normalmente hermosos, estaban inyectados en san

lto, mi corazón latiend

¿qué pasa? ¿

hueca, un sonido horrib

bien! ¡Mientras yo me mato cuidando a tu

disfrutando del espectáculo. Las empleadas

tás hablando! Migu

edulidad. La acusación era tan absurda, tan r

e visto cómo lo miras! ¡He visto cómo te busca a ti en lugar de a mí! ¡Cree

Y Miguel viene a ver cómo estoy, a

enti

me hizo girar la cabeza. El ardor en mi mejilla fue in

a cara, mirándola con

o, ¿verdad? La psicóloga exi

u voz gotea

, pero en realidad solo vi

ñadió leña

nas resentidas son las peores. N

calmar la situación, para llegar a la mujer enfe

a enfermedad la que habla. Necesi

"¡La única loca aquí eres tú! ¡Y me voy

acia las

ran? ¡Destr

e con los míos en una súplica silenciosa. Pero la mirada

menes que me habían acompañado durante años, llenos de

p, mis plumas, mis notas, todo voló por los aires. La pantalla de mi

Por favo

a por los objetos, era por lo que represen

, una sonrisa t

Bien. Quiero

do de mi cabeza hacia atrás hasta que mi cuello

a no meterte con

uñeco de trapo. Caí de rodilla

al. Papeles volando, muebles volcados, el sonido de cristales rotos

siendo atacada por la mujer a la que había venido

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Entre Celos y Psicosis: Ella
Entre Celos y Psicosis: Ella
“Soy Sofía Durán, psicóloga. Dejé mi vida y mi exitoso consultorio en la Ciudad de México para cuidar de mi cuñada Isabella, que sufría de depresión posparto. Pero en lugar de agradecimiento, Isabella, consumida por celos y delirios, irrumpió en mi consultorio improvisado con una furia desatada. Me abofeteó, gritando acusaciones retorcidas sobre una supuesta infidelidad con mi propio hermano, Miguel. Ante los ojos aterrorizados de las empleadas y la sonriente complicidad de su amiga, Patricia, Isabella y sus secuaces destrozaron mi consultorio, tirando libros al suelo y rompiendo mi laptop. Luego, con una crueldad calculadora, se ensañó con mis archivos confidenciales de pacientes, rompiendo hoja por hoja el expediente de un niño traumatizado, Mateo, mi caso más delicado. El dolor y la humillación eran insoportables. Pero el verdadero terror comenzó cuando, no satisfecha con la destrucción física, ordenó a sus guardias de seguridad que me desnudaran para fotografiarme, con la intención de destruir mi reputación para siempre. Incapaz de hablar, con el corazón gritando, cerré los ojos, preparándome para lo inevitable. Pero justo entonces, la voz de Miguel, furiosa y atronadora, resonó en la habitación, deteniendo el horror. Aliviada, me aferré a él, llorando incontrolablemente. En los días siguientes, en mi mente, orquesté una fría venganza, replicando su crueldad en un sótano oscuro. Sin embargo, en el instante decisivo, la realidad me golpeó: la violencia y la confesión eran solo una alucinación. Isabella no era un monstruo, sino una paciente más, hundida en una psicosis posparto. La justicia que buscaba no era la violencia, sino la ayuda profesional. Aunque esto significara irme y dejar atrás las hirientes dudas de mi propio hermano, ahora debía reconstruir mi vida.”
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