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Cicatrices Que Hablan: Amor Renacido

Capítulo 4 

Palabras:659    |    Actualizado en: 09/07/2025

la necesidad de confirmar

despidió con un beso en la fren

para recoger a mi hermosa prom

haré",

mío. No me había vestido para la fiesta todavía, llevaba unos jeans

una distanc

a. No fue a una re

o muy lejos de nuestra... de su nueva casa. El

entrar en uno

Mi corazón latía con una mez

uces se encendieron en un a

lcón, apar

. Llevaba una bata de seda. Su hogar

abía estado tan cer

mento. Quería salir del co

ra mejor. Más públ

artamento de Elena. Un grupo de sus amigas, todas tan superf

n cele

esta previa a

sta, y entré en el edificio como si v

el ascensor. Mi pierna protestó

erta, que estaba entreabierta. El sonid

futura señora Vargas!",

ores y a

falsa modestia. "Primero, el tonto d

ortar que la toqu

sen en ello como una inversión. La familia Romero es una de las más ricas del estado. S

isas c

s proyectos. Y en un año o dos, encontraré una excusa para divorciarme de Sofía.

io, Mateo",

ento de hadas. Cree en el amor verdadero y en los sacrifici

de su 'arte'. ¿A quién le importa ese estúpido baile folclór

ri

clavo en el ataúd

no sentí

a clari

aba. Testigos. Motivos. L

y bajé las escal

coche y con

una hora para

er la víctima a

ndo la suciedad de sus palabras

espejo, desnuda, y

había dich

a ra

e, iba a

aba ga

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Cicatrices Que Hablan: Amor Renacido
Cicatrices Que Hablan: Amor Renacido
“Un año después del accidente que me dejó con una pierna destrozada, creí que finalmente me recuperaba. Había sacrificado mi cuerpo, y mi pasión por la danza, para salvar la vida de mi prometido, Mateo. Él me susurraba en el hospital que era su heroína, que me amaría por siempre, que mis cicatrices no significaban nada. ¡Ingenua de mí! Hoy, en la que se suponía sería nuestra fiesta de compromiso, descubrí la verdad más brutal que cualquier hueso roto: Mateo se acostaba con mi prima Elena. Los encontré en nuestra futura casa, riéndose de mi sacrificio, de mis "estúpidas" cicatrices, de mi "patética" devoción. Escuché a Mateo confesar que me drogaba con "calmantes" para mantenerme dócil y confundida, y que Elena ¡estaba embarazada! Su plan era casarse conmigo por la fortuna de mi padre, Don Fernando Romero, y luego deshacerse de mí. Todo fue una farsa, una cruel manipulación que me dejó vacía. Pero en ese momento, el dolor se transformó en una rabia helada que me dio una claridad aterradora. No iba a ser su escalón, ni su tonta "coja". Con el corazón destrozado y la mente fría, hice lo único que podía hacer. Llamé al hermano de Mateo, Ricardo Vargas, el verdadero poder de la familia, el hombre que siempre me había mirado con una extraña admiración. "Cásate conmigo", le exigí, sabiendo que acababa de firmar mi venganza. Esta noche, Mateo perdería todo.”
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