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Cicatrices Que Hablan: Amor Renacido

Capítulo 2 

Palabras:680    |    Actualizado en: 09/07/2025

culta en las som

susurros y luego en los inequívocos s

rtura, cada murmullo de Mateo u

ecesitaba este veneno para alimentar mi resolución. Necesitaba

había

ecía algo más o

e alejé de la ventana. Me moví con un sigilo que no sa

edé mirando la nada, mientras mi mente, antes una to

ón de minutos. La mujer que entró en esta

específico recomendado por un "amigo". Un médico que siempre parecía pesimista sobre mi recu

Siempre asegurándos

ado de tomarlos h

renombre, se sorprendió. "Tu pierna está sanando increíblemente bien. Con la terapi

ido la pena. Mi cojera era casi imperceptible si me concentraba. Había esta

me quemó l

me la habí

el accidente. Entré en mi antiguo cuarto, el santuario de mi adolescenci

l espejo de

que recorría mi muslo y pantorrilla. Era larga, den

, había di

, había di

na insignia de supervivencia. Vi la

ino con una nueva aceptación. Esta cicat

no vibró.

Ya casi es hora de irnos

i garganta. Su hipoc

. El juego ha

Estaré lista en un momento", respondí, mi

esta noche. Quiero que disfrutes", dijo, su voz cargada

la. Gracias por cui

or ti, princesa. Nos ve

n", mentí,

sintió como cen

jando que la calma gélida se asent

ta. Era un vestido hermoso, largo y fluido, de color esmeralda. P

meter en

, hasta que encont

stido

rojo como la pasión,

abertura lateral alta, muy alta.

na mujer que no ten

que p

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Cicatrices Que Hablan: Amor Renacido
Cicatrices Que Hablan: Amor Renacido
“Un año después del accidente que me dejó con una pierna destrozada, creí que finalmente me recuperaba. Había sacrificado mi cuerpo, y mi pasión por la danza, para salvar la vida de mi prometido, Mateo. Él me susurraba en el hospital que era su heroína, que me amaría por siempre, que mis cicatrices no significaban nada. ¡Ingenua de mí! Hoy, en la que se suponía sería nuestra fiesta de compromiso, descubrí la verdad más brutal que cualquier hueso roto: Mateo se acostaba con mi prima Elena. Los encontré en nuestra futura casa, riéndose de mi sacrificio, de mis "estúpidas" cicatrices, de mi "patética" devoción. Escuché a Mateo confesar que me drogaba con "calmantes" para mantenerme dócil y confundida, y que Elena ¡estaba embarazada! Su plan era casarse conmigo por la fortuna de mi padre, Don Fernando Romero, y luego deshacerse de mí. Todo fue una farsa, una cruel manipulación que me dejó vacía. Pero en ese momento, el dolor se transformó en una rabia helada que me dio una claridad aterradora. No iba a ser su escalón, ni su tonta "coja". Con el corazón destrozado y la mente fría, hice lo único que podía hacer. Llamé al hermano de Mateo, Ricardo Vargas, el verdadero poder de la familia, el hombre que siempre me había mirado con una extraña admiración. "Cásate conmigo", le exigí, sabiendo que acababa de firmar mi venganza. Esta noche, Mateo perdería todo.”
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