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Justicia en El Infierno

Capítulo 3 

Palabras:542    |    Actualizado en: 09/07/2025

ió a los días previos a mi

sacrificio político par

ío, vacío, cada pasillo

formales, distantes, como si yo ya fuera una extraña,

ó protección ahora solo veía en

llegó al palacio

ndoza se

con Auro

, un evento lleno de alegría y esp

bio, era un fun

era una her

restos del nuestro, mientras yo era enviad

a amiga, mi leal doncella Ana, vino a

mientras doblaba mis

la voz quebrada, "no

olsa de monedas de

"vete del palacio, compra una pequeña casa en el campo, l

za, las lágrimas corr

ejaré, mi

ar mi propio dolor, "Donde yo voy, no hay lugar para la lealtad ni la

aceptó la bol

é por úl

"cuando yo muera... ¿alguien pondrá una flor en m

ás al olvido, a morir sin que nadie

a, "Cada año, en el día de los muerto

e el único consuelo qu

ervaban esta despedida con una

a por quién la recordaría, no encajaba con la

ada, ¿por qué cambió de opinió

o en su noche de bodas? ¿Por qué rompe

ba en el aire den

e inclinaron hacia el espejo, ans

a mezcla de confusión y

es, pero nunca se habían

ar con más intensidad, listo para mo

he de

ue selló m

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Justicia en El Infierno
Justicia en El Infierno
“Mi nombre es Sofía Romero, y esta es la historia de mi muerte. El día que San Miguel cayó, el cielo no lloró, se rompió en un aullido silencioso. Mi pueblo no buscó respuestas en los cielos, me buscaron a mí. Me culparon de todo: la plaga, la sequía, la invasión bárbara que nos destruyó. En la plaza pública, ante los ojos de todos, mi propio hermano, el Príncipe Carlos, y mi prometido, Diego Mendoza, me sentenciaron. No bastó con matarme. Para apaciguar a la multitud, me desollaron viva. Sentí el frío del acero separando la piel de mis músculos, escuché los gritos, una mezcla de horror y alivio. Con mis huesos, construyeron la Lámpara de las Almas; con mi piel, faroles. Ahora estoy aquí, en el inframundo, un lugar gris y sin fin. Mi alma, un retazo, es arrastrada ante el Juez. Las almas de mi pueblo susurran y me señalan. "¡Castigo eterno para la traidora!" "¡Que arda para siempre!" Los gritos más fuertes vienen de Carlos y Diego. "Hermana, si es que alguna vez puedo llamarte así, nos traicionaste a todos," me dice Carlos, su rostro lleno de odio. "Cada vida perdida pesa sobre tu conciencia, Sofía," añade Diego, "tu castigo apenas comienza." Pero el Juez del Inframundo golpea su mazo. "El Espejo del Pasado revelará la verdad," su voz retumba. Un espejo de plata líquida aparece. Muestra el palacio de San Miguel, hace muchos años. Una niña flaca, yo, volviendo a casa con mi hermano. "Sofía, mi pequeña hermana, te encontré," dice Carlos, abrazándome, "Nunca más dejaré que nada te pase, te protegeré siempre." ¿Protección? ¡Qué fácil es hablar de protección cuando eres el verdugo! En la siguiente imagen, una trampa de la supuesta "dulce" Aurora Vargas, a quien Diego defendió, me obliga a humillarme ante el Príncipe Bárbaro. ¿Valió la paz lograda con tanta humillación? La verdad es un veneno que todos temen. Pero yo no, yo la mostraré.”
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