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Justicia en El Infierno

Capítulo 2 

Palabras:615    |    Actualizado en: 09/07/2025

las imágenes siguieron fluyendo,

los jardines del palacio, el sol bril

elicada y ojos inocentes, está lloran

... ella me empujó," so

de distancia, con las manos vac

olar a Aurora, lanzándome un

celos? ¿Celos porque sé que

iego," mi voz suen

re mientes! Estás podrida por de

servan la escena, muchos asien

re fue malvad

urora, siempre tan

miente, y su per

que pasó mo

í, susurrándome al oído con una

esa, dicen que eres la clave para una alianza, pero si te casas

ropezó a propósito, cayendo al suelo y comen

trampa p

ón con los ojos muy abiertos, su rostro se c

stupidez, su p

fue ma

en el espejo es aú

la consecuencia de

al Príncipe Bárbaro, acepté ir a su ca

stra llegando a

aros se ríen de m

larme ante él, a servirle vino como si

silencio, con el nombre

l hermano que me prometió protección y p

ndo, el silen

abía condenado aho

ación que suf

llorar, no de odio

eso... ¿por nosotros

e cubre la cara con las

dillas, el alma

r... yo la acusé...

frente a ellos, la costum

osteriores!" grita alguien desde la mult

Bárbaro en su noche de bodas! ¡No

ébil, como una vela

o esto es u

do me mira, su expre

ncia, "pero el juicio debe continuar, la

rillar, y sé que lo

e, pero todavía

rte más cruel

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Justicia en El Infierno
Justicia en El Infierno
“Mi nombre es Sofía Romero, y esta es la historia de mi muerte. El día que San Miguel cayó, el cielo no lloró, se rompió en un aullido silencioso. Mi pueblo no buscó respuestas en los cielos, me buscaron a mí. Me culparon de todo: la plaga, la sequía, la invasión bárbara que nos destruyó. En la plaza pública, ante los ojos de todos, mi propio hermano, el Príncipe Carlos, y mi prometido, Diego Mendoza, me sentenciaron. No bastó con matarme. Para apaciguar a la multitud, me desollaron viva. Sentí el frío del acero separando la piel de mis músculos, escuché los gritos, una mezcla de horror y alivio. Con mis huesos, construyeron la Lámpara de las Almas; con mi piel, faroles. Ahora estoy aquí, en el inframundo, un lugar gris y sin fin. Mi alma, un retazo, es arrastrada ante el Juez. Las almas de mi pueblo susurran y me señalan. "¡Castigo eterno para la traidora!" "¡Que arda para siempre!" Los gritos más fuertes vienen de Carlos y Diego. "Hermana, si es que alguna vez puedo llamarte así, nos traicionaste a todos," me dice Carlos, su rostro lleno de odio. "Cada vida perdida pesa sobre tu conciencia, Sofía," añade Diego, "tu castigo apenas comienza." Pero el Juez del Inframundo golpea su mazo. "El Espejo del Pasado revelará la verdad," su voz retumba. Un espejo de plata líquida aparece. Muestra el palacio de San Miguel, hace muchos años. Una niña flaca, yo, volviendo a casa con mi hermano. "Sofía, mi pequeña hermana, te encontré," dice Carlos, abrazándome, "Nunca más dejaré que nada te pase, te protegeré siempre." ¿Protección? ¡Qué fácil es hablar de protección cuando eres el verdugo! En la siguiente imagen, una trampa de la supuesta "dulce" Aurora Vargas, a quien Diego defendió, me obliga a humillarme ante el Príncipe Bárbaro. ¿Valió la paz lograda con tanta humillación? La verdad es un veneno que todos temen. Pero yo no, yo la mostraré.”
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