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Mi Dinero, Tu Desgracia

Capítulo 3 

Palabras:696    |    Actualizado en: 09/07/2025

máscara de furia. Su humillación pública era

oroso. "¡Tú hiciste algo! ¡Una pobretona como

sus dedos volando

entere de cómo me has humillado, a mí y a su

ome con puro odio. Y en ese momento, mientras ella esperaba que mi esp

punto de llevar a la quiebra. Yo, Sofía Pérez, era la heredera anónima de un imperio culinario global que mi abuela había construido desde cero, un impe

mbras, lo convertí en la cadena "Vargas Culinario", el conglomerado más poderoso del país. Puse a Ricardo al frente como el rostro público, el CEO. Le di pode

o que era solo una relación pública inofensiva para los negocios. Nunca imaginé que Ricardo la dejaría llegar tan lejos, que le p

ón, que había estado lleno de orgullo por Juanit

Te elevé de la nada a la cima del mundo. Y permitiste que esta mujer

pondida. Isabella cambió su t

ayudarme. Esta mujerzuela y su

una madre protectora, la ira de una esposa traicionada, l

amor me hizo ciega. Mi deseo de una 'vida n

para mostrarle al organizador que "solo era un error de la tarjeta". La pa

"El dinero está ahí. Millones. Ricardo

mí, su voz llena

oderoso trabaje para ella. Tú, con tus manos ásperas y tu ropa barata, nunca entenderás

nía. Estaba presumiendo de la jaula de oro que yo misma había cons

ijo. Iba a desmantelar el mundo de Isabella Rojas, pieza por pieza. E iba a re

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Mi Dinero, Tu Desgracia
Mi Dinero, Tu Desgracia
“El sol de la tarde besaba el campo de fútbol, mi corazón estallaba de orgullo mientras veía a mi hijo, Juanito, la estrella de los "Halcones Dorados", a punto de ganar el campeonato y asegurar una beca a "El Futuro". Pero la celebración se congeló con una voz helada. Isabella Rojas, la matriarca de "La Corona" y nuestra némesis culinaria, apareció como dueña de todo, anunciando que el trofeo y la beca serían para su hijo, Mateo, por la "donación más alta". La incredulidad se apoderó de la multitud. Juanito, con lágrimas en los ojos, corrió a mis brazos, mientras Mateo se burlaba y me llamaba "pobreta". Isabella, arrogante, agitó una tarjeta American Express Centurion, la "ilimitada" de Ricardo Vargas, mi propio esposo, gritando que con "su" dinero podía comprarnos a mí y a mi hijo. La humillación pública era un veneno que me quemaba, pero una sonrisa helada se formó en mi interior. Pobre ilusa, pensé. Estás intentando comprar a mi hijo con mi propio dinero. Y estoy a punto de cortarte la línea de crédito para siempre.”
1 Introducción2 Capítulo 13 Capítulo 24 Capítulo 35 Capítulo 46 Capítulo 57 Capítulo 68 Capítulo 79 Capítulo 810 Capítulo 911 Capítulo 10