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Mi Dinero, Tu Desgracia

Capítulo 2 

Palabras:621    |    Actualizado en: 09/07/2025

a miró con una mezcla de envidia y asombro. La "tarjeta negra" era un símbolo d

dose a todos. "Esto es poder. Esto es

osos se posaron de nu

ente como ustedes nace para servir, no para ganar. Debería estar agradecido de que mi Mateo le per

l aire se espesó. En México, donde la brecha entre ricos y

uanito, con el rostro rojo de ira. "¡G

lla s

madre. Aprende, niño, en el mundo real, l

liga se acercó, ret

la donación existe, aunque nunca se ha usad

ba. Varios padres a nuestro alrededor suspiraron, resignados. Era la

de orgullo, pavoneán

La beca es mía. Todo es mío. Vet

mbros de Juanito. Le susurré al oído, a

Mira atentamente. A mamá no

nito me miró, confun

tarjeta al organizado

Un millón

portátil. Todos contuvieron la respiración. El terminal emitió

E

clara resonó en el

CHAZADA. FONDOS

abella se congeló, su sonrisa arrogante se de

ebatándole el terminal al organizador

mblando, volvió a

E

CHAZADA. FONDOS

risas ahogadas. La humillación de Is

mblaban mientras miraba la tarjeta como si la hub

"Fondos insuficientes... ¿La gran Seño

una calma que contrastaba v

de la victoria. "Según las reglas que usted misma citó, si la donación no se completa, e

staba atrapada en su propia trampa, humillada frente a la misma gente

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Mi Dinero, Tu Desgracia
Mi Dinero, Tu Desgracia
“El sol de la tarde besaba el campo de fútbol, mi corazón estallaba de orgullo mientras veía a mi hijo, Juanito, la estrella de los "Halcones Dorados", a punto de ganar el campeonato y asegurar una beca a "El Futuro". Pero la celebración se congeló con una voz helada. Isabella Rojas, la matriarca de "La Corona" y nuestra némesis culinaria, apareció como dueña de todo, anunciando que el trofeo y la beca serían para su hijo, Mateo, por la "donación más alta". La incredulidad se apoderó de la multitud. Juanito, con lágrimas en los ojos, corrió a mis brazos, mientras Mateo se burlaba y me llamaba "pobreta". Isabella, arrogante, agitó una tarjeta American Express Centurion, la "ilimitada" de Ricardo Vargas, mi propio esposo, gritando que con "su" dinero podía comprarnos a mí y a mi hijo. La humillación pública era un veneno que me quemaba, pero una sonrisa helada se formó en mi interior. Pobre ilusa, pensé. Estás intentando comprar a mi hijo con mi propio dinero. Y estoy a punto de cortarte la línea de crédito para siempre.”
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