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Traición y Ternura: El Regreso de Sofía

Capítulo 4 

Palabras:613    |    Actualizado en: 09/07/2025

ra una ola nauseabunda q

nviaba un nuevo pulso de ag

rotes hasta el suelo,

apato todavía en la mano, su pecho subien

erte después de todo"

pateó en

puede mante

a, para alejarme de ellas, para encontrar un pe

la no había

vo, tirando de mi cabeza hacia atrás con

e darte tu lección

y furia salió disparado de la

an

do de donde lo tenían y corrió di

le había escuchado, un sonido gutura

l tobillo de Isab

lla, más por la sorpr

enviándolo a vol

lido lastimero a uno

terror por mi pequeño amig

e, co

eándose y volvió a ponerse entre Isabella y yo, gruñendo, most

valiente, me llenó de una me

a en mi vida sencilla, mi

abella cambió de l

o con una re

animal"

eves a

tamente ha

No sabe lo que hace", supliqué, arrastrándome por

ruego,

eció complacer

a y cruel se dib

esta rata con pelo?", dij

o será mucho

hacia su

aleria, tr

al indefenso", dijo Valeria, mostran

sabella, y cualquier vacilación en

acercaron

oceder, pero es

or el pescuezo y l

sus ojitos negros llenos d

usurré, las lágrimas finalm

i mundo se

Te daré todo el dinero que puedas imaginar.

inero la hizo re

a bruja. No tienes nada. Y ahora, ni

de aguja, el mismo que había us

pequeño cuerpo te

sfrutar e

ta, que estaba a punto de presenciar el fi

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Traición y Ternura: El Regreso de Sofía
Traición y Ternura: El Regreso de Sofía
“La invitación llegó en un sobre nacarado, con letras doradas que anunciaban el evento del año. Isabella, la flor y la promesa de nuestra generación, se casaba con Ricardo, el magnate más joven. Con una falsa generosidad, invitó a todos, menos a mí. Mi nombre, Sofía, no estaba en la lista, como esperaba. Para ella, siempre fui una sombra, una vieja insignificante. "No estás invitada a mi boda", dijo Isabella, sus ojos fríos como el hielo, su voz, veneno disfrazado de miel. Me acusó de ser una cazafortunas, de no merecer ni el aire que respiraba. "Entiendo", le respondí con calma, intentando ahogar la rabia que me quemaba por dentro. Entonces, me empujó, me arrastró por el cabello y me metieron a la fuerza en una camioneta de lujo. Me llevaron a la perrera municipal, arrojándome a una jaula inmunda. Allí, encadenada y humillada, fui testigo de lo impensable. Regresó con sus amigas, y mientras se burlaban, Isabella golpeó mi rodilla con su tacón. El dolor era insoportable, pero no tanto como ver a mi leal Pancho, mi pequeño chihuahueño, interponerse entre nosotras, valiente hasta el final. "No... por favor, no..." , supliqué entre lágrimas, ofreciéndole todo mi dinero, mi fortuna entera, si tan solo lo dejaba ir. Pero ella se rió. Y luego, ante mis impotentes ojos, lo mató. El chillido final de Pancho resonó en mi alma, rompiéndola por completo. "Soy... la abuela de Ricardo" , logré susurrar entre los golpes, mientras ella se reía, pensando que estaba loca. Me arañó la cara con sus uñas, y luego, con los restos de un plato de cerámica, aceró un trozo a mi mejilla. La sangre brotó, y ella sonrió. "Ahora tienes una marca que te recordará tu lugar cada vez que te mires al espejo" . Pero en la oscuridad de esa jaula, mientras abrazaba el cuerpo sin vida de Pancho, algo se encendió en mí. La Matriarca había despertado. Y mi venganza sería legendaria.”
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